El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
Los judíos y la situación económica general
su profesión.[348] Asistimos en 1559 a un rebrote de la hostilidad genovesa, o al menos, de la de un genovés importante, un tal Negron de Negri, “hombre
perverso que era como un aguijón en la carne” de los judíos;[349] trata de expulsarlos del Piamonte, pero sus esfuerzos resultan vanos. En junio de 1567, los genoveses los arrojan fuera de su Dominio, donde los habían tolerado después de la expulsión que los había desalojado de la ciudad de Génova. Joseph Ha Cohen abandona entonces Voltaggio y va a establecerse “a Castelleto, en el territorio de Montferrato, donde todos me acogieron con
alegría”.[350] Es desesperante carecer de informaciones más precisas. ¿Estoy en lo cierto o me equivoco al pensar que los más ricos entre los mercaderes[II-224] judíos tuvieron acceso a las ferias de Plasencia?
Una última puntualización, muy importante: la difusión de los marranos por todo el Mediterráneo prepara el camino a los holandeses y señala en el reloj de la historia mundial la hora inicial del siglo de Ámsterdam. En 1627, el conde-duque de Olivares introduce a los marranos portugueses en el tan vital negocio de los asientos, dando reconocimiento formal a una nueva era financiera, una era que, en realidad, había comenzado bastante antes de esta
fecha,[351] y que no pocos signos permitían discernir. Ya en 1605 se había considerado la conveniencia de conceder a 10 000 judíos licencia para establecerse en España, para que éstos ayudasen a organizar las finanzas del
Rey Católico mejor que lo habían hecho los [352] asentistas cristianos. Podríamos, sin ningún esfuerzo, prolongar la lista y señalar la presencia judía en el siglo XVII, tanto en Marsella, Liorna y Esmirna, las tres ciudades más vivas del Mediterráneo, como en Sevilla, Madrid y Lisboa, que todavía seguían siendo importantes, y, finalmente, en Ámsterdam e incluso Londres, ciudad en la que Antonio Fernández Carvajal, the great Jew, se instaló entre
1630 y 1635.[353] Pero creo que ya hemos demostrado sobradamente lo que pretendíamos.
Los judíos y la situación económica general
Si confeccionamos un cuadro cronológico con la lista de persecuciones, matanzas, expulsiones y conversiones forzadas que constituyen el martirologio de la historia judía, se descubre una correlación entre los movimientos de la situación económica inmediata y estas feroces medidas antijudías. La persecución está siempre determinada y acompañada por las intemperancias de la vida económica. Y no serán solamente los hombres, los príncipes o los perversos —cuya contribución no queremos negar—, quienes ponen fin a la felicidad y prosperidad de las juderías occidentales en Inglaterra (1290), Alemania (1348-1375), España (el pogrom de Sevilla y las conversiones forzadas de 1391) y Francia (expulsión definitiva, en 1394, de los judíos de París). La culpa principal recae sobre la recesión general que se produce en Occidente. No creo que quede lugar a discusión posible respecto a este punto. Del mismo modo, tomando como ejemplo la expulsión de los[II-225]
judíos de España (1492), Werner Sombart[354] considera que este acontecimiento, de repercusión a escala mundial, ocurre en un momento tardío de un largo periodo de depresión que había comenzado con el reinado de los Reyes Católicos y que durará, por lo menos, hasta 1509 o, muy posiblemente, hasta 1520.
Del mismo modo que la recesión secular de 1350-1450 ha lanzado a los
mercaderes judíos hacia Italia y su segura economía,[355] así la crisis de 1600-1650 los encuentra en el igualmente seguro sector económico del mar del Norte. En esa ocasión el mundo protestante los ha salvado y los ha mimado; los judíos, inmediatamente, pagan con la misma moneda y salvan y miman el mundo protestante. Al fin y al cabo, como señala Werner Sombart, Génova gozaba de un emplazamiento tan bueno como el de Hamburgo o Ámsterdam
respecto a las rutas marítimas que se dirigen a América, la India o China.[356]
Pero este paralelismo entre la coyuntura económica y las vicisitudes del pueblo judío es algo que resulta evidente no sólo en los grandes acontecimientos y en las largas fases temporales, sino que también existe en el caso de crisis menores al hilo de los años y casi al de los días. Es natural — y retomamos un minúsculo ejemplo citado antes— que en 1545 Ragusa haya acariciado la idea de librarse de sus judíos, pues, precisamente por aquellas fechas la República estaba pasando por momentos económicos muy difíciles. Motivos similares originan las medidas que tan perentoriamente toma Venecia contra sus judíos, tanto los de la ciudad como los de Terraferma: son los años que van de 1559 a 1575, durante los cuales se produce una profunda
recesión, agravada entre 1570 y 1573 por la guerra contra los turcos.[357] Se arresta a judíos levantinos, se confiscan mercancías judías, se regula[II-226] severamente la vida de la colonia judía en Venecia (18 de diciembre de 1571), se proyecta la expulsión de los judíos de Brescia e incluso de los de la propia Venecia, se captura a jóvenes judíos y se les envía a galeras, “hasta el término
de la [358] guerra”. Jacob supo entonces de tiempos difíciles. Medidas todas dictadas, es evidente, por la situación económica. Y también lo son las persecuciones violentas que sufren los judíos de Ferrara en 1581, otro capítulo que podemos añadir al ya abultado expediente de la aguda crisis
cíclica que se extiende de 1580 a 1584.[359]
Pero cuando, entre 1575 y 1595, la coyuntura a largo término se reafirma y el cielo económico se serena, mejora la vida económica del mar, en general, y la de las colonias judías, en particular, cualesquiera que sean los lugares
donde se hallan asentadas. En Roma, Sixto V (1585-1590) los protege…[360] Todo parece indicar que a partir de ese momento la participación del capitalismo judío en los comercios marítimos no cesa de aumentar. Y el
capital judío será en Ancona la fuerza dominante,[361] lo mismo que en
Ferrara,[362] y muy posiblemente también en la propia Venecia. Todos estos triunfos levantinos y portugueses; la relación con el Sous marroquí y sus
ingenios azucareros;[363] [364] la creación del puerto de Spalato; la propuesta
que hace en marzo de 1587[365] ese influyente personaje que es Daniel Rodriga, de constituir en Constantinopla un depósito de 20 000 ducados a disposición del baile, contra un anticipo equivalente sobre las aduanas de Venecia; o la sugerencia hecha alrededor del 1589 de que la ciudad debería
acoger a los judíos de Ferrara,[366] son formas de libertad de proyectar y llevar a cabo que claramente indican un cambio de clima. El régimen acordado, en 1598, a los judíos levantini y ponentini es francamente liberal: se les[II-227] conceden salvoconductos valederos por 10 años, y renovables ipso facto en el momento de su caducidad, salvo que el titular renuncie a ello; las condiciones son exactamente las mismas que se les habían concedido 10 años antes (en 1589). Y se añade una pequeña gentileza: “en viaje, podrán llevar el gorro y
las armas de costumbre, pero no en Venecia”.[367] En realidad, Venecia se convierte entonces —en detrimento de Ferrara— en el gran centro de reunión de los marranos en Italia, el punto donde entran en contacto con los judíos de Alemania y de Levante; nos lo demuestra un signo inequívoco: Venecia se convierte en una capital intelectual; la literatura marrana, tanto la española como la portuguesa, se imprimirá en prensas venecianas hasta que les llegue
su momento a los impresores de Ámsterdam y Hamburgo.[368]
Así, de Ámsterdam a Lisboa y de Venecia a Constantinopla, las colonias judías inician un periodo triunfal, o al menos conocen circunstancias más favorables. El asalto, en el Mediterráneo, a los barcos cargados con mercancías judías no fue una actividad poco provechosa ni se debe considerar como un síntoma insignificante, sino como índice de una cierta prosperidad que excita la envidia de múltiples enemigos. Este asedio a las mercancías
judías había comenzado bastantes años antes. Ya en 1552,[369] y de nuevo en
1565,[370] oímos quejas judías acerca de las naves de los “muy malvados monjes” de Malta, “esa trampa y red que se queda con todo el botín hecho a