El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
El Archipiélago, veneciano y genovés
Desde entonces, el Mar Negro pasa a ser la reserva de pescado y de granos de la enorme capital turca. Sin embargo, los ragusinos se las arreglaron para seguir deslizándose hasta aquí por lo menos hasta por los años de 1590, yendo hasta Varna a cargar por barcos enteros las lanas y los cueros, montonini, vachini y buffalini. Al mismo tráfico se dedican, además, en el
mar de Mármara, hasta Rodosto[40]. ¿Lo hacían así, tal vez, para evitar los derechos de aduana? En todo caso, hacia fines del siglo XVI, en condiciones y por razones que ignoramos, los ragusinos abandonaron casi al mismo tiempo las dos escalas. Desde entonces, el mundo del Mar Negro se cierra más herméticamente que nunca al Occidente; por lo menos, del lado del mar, pues al parecer las rutas terrestres triunfaron entonces —ya volveremos sobre ello — sobre las vías marítimas.
¿Fue verdaderamente Constantinopla la que corrió el cerrojo que puso fin al papel de «plataforma giratoria del tráfico internacional» desempeñado por
el Mar Negro a finales de la Edad Media?[41] ¿No tendrá este cierre otros orígenes más lejanos? El Mar Negro es, en efecto, desemboque de los caminos que conducen a Trebizonda y a Sinope, de lo que se ha convenido en llamar la ruta de la seda. Ahora bien, esta ruta cesó, a lo que parece, en los finales del siglo XV. Acaso el tráfico que la enriquecía tomase el camino de Persia, como tantos indicios lo sugieren. En todo caso, parece que la víctima de este cambio de ruta fue el Turquestán. Por otra parte, a mediados del siglo XVI se organiza, a lo largo del Volga, el descenso ruso. El janato de Kazán, una especie de reino de Granada enriquecido por el paso de las caravanas, cayó finalmente en manos de los rusos, que siempre lo habían codiciado; pero por entonces se hallaba ya bastante arruinado por causas difíciles de desentrañar, producidas quizá a raíz del abandono de la ruta de Turquestán. Iván el Terrible se adueñó de Astrakán en 1556. Esta vez el cerrojo se corrió vigorosamente, a pesar de la tentativa turca de 1569-1570,
este gran hecho histórico ignorado[42].
El Archipiélago, veneciano y genovés
El Archipiélago, «el mar más hospitalario del globo», es una sucesión de islas pobres y de costas a veces aún más miserables. Tampoco este mar se comprende más que vinculado a una gran ciudad. En un tiempo fue la plaza de armas de Atenas. Más tarde pasó a ser la salvaguardia, la base misma de la talasocracia bizantina, que gracias a él pudo conservar el mar Egeo, y después rechazar al islam, por un momento instalado en Creta, en el siglo IX. Este mar salvaguarda también, con ello mismo, las comunicaciones con el Occidente a través de los mares de Grecia, de Sicilia y las rutas del Adriático, aguardando el relevo de Venecia. Pasan los siglos. El Archipiélago se torna veneciano y genovés. Las dos ciudades rivales se reparten las islas más importantes, donde se instalan los patricios, guardianes del imperio, señores de campesinos, plantadores, pero también mercaderes en realidad aristocracias coloniales permanentemente extranjeras en medio de poblaciones ortodoxas. Estas pueden «latinizarse» en sus costumbres, pero nunca se asimilan de verdad. Se repite aquí el drama de todas las colonizaciones, el que acaba colocando a todos los colonizadores, sean los que fueren, del mismo lado de la barrera. Cuando Venecia desalojó Génova de Chipre en 1479, los plantadores de una y otra ciudad se entendieron entre sí sin demasiada dificultad: un caso tan evidente como inevitable de disciplina de clase…
Los latinos defendieron sus posiciones en el Archipiélago más fácilmente, y sobre todo más eficazmente que en el Mar Negro. Entre ellos y los turcos, el obstáculo del mar fue, durante mucho tiempo, una protección y se hicieron fuertes en sus islas, luchando con presteza y denuedo, y con medios técnicos muy superiores durante largo tiempo a los de los atacantes turcos. No obstante, Negroponto (Eubea) cayó en manos de estos en 1479; Rodas, en 1522; Quíos fue ocupada en 1566, sin lucha; Chipre se perdió después de un fácil desembarco y dos sitios, el de Nicosia y el de Famagusta, en 1570-1572; Candía, en 1669, tras una guerra de veinticinco años.
Pero la lucha por el Archipiélago está muy lejos de reducirse a una historia de batallas. Vista día a día se presenta como una guerra social. Los indígenas «griegos» traicionaron a sus amos latinos en más de una ocasión. Tal ocurrió en Chipre y después en Candía. El Archipiélago ayudó a la victoria turca, y, aun antes de esta victoria, los marineros griegos fueron tentados a enrolarse en las fuerzas navales del gran turco, cuyas tripulaciones provienen, por lo general, del Archipiélago. Eran, tal vez, los candiotas los que en mayor número acudían a alistarse en la flota del gran turco, al principio de cada verano, para la campaña que se abría. Cuando llegaba la hora, los reclutadores los encontraban en las tabernas de Pera, cerca del
Arsenal[43]. Esto ocurría más de un siglo antes de que Candía cayera en manos de los turcos.
Constantinopla ofrecía además a los griegos, con el enganche militar, las ganancias de los viajes por el Mar Negro y Egipto. El abastecimiento de Constantinopla brindaba hermosas oportunidades a los caiques y
caramusalis[44] que transportaban el trigo, a los gerbos que cargaban caballos y maderas y, en general, a todos o casi todos los veleros griegos del Archipiélago.