El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
El Verlagssystem y la expansión de las industrias urbanas
poseía en Agordo[138], o sea, 15 soldi diarios o 20 ducados al año (no se trabaja los festivos, pero se cobra al día); esto nos da un total de unos 30 millones de ducados en salarios. La cifra es, probablemente, baja, pues los salarios que paga la ciudad son bastante más altos (precisamente a causa de estos salarios excesivamente elevados se hundió más de una industria urbana). En Venecia, a finales de siglo, el artesano del Arte della Lana cobra 144
ducados al año y aún pide más[139]. De modo que nuestra cifra debería, o al menos podría, elevarse hasta los 40 o 50 millones. Salto final, prácticamente en el vacío: si consideramos el valor de la producción industrial como el triple o cuádruple de la suma total pagada en salarios, llegaremos a una cifra global
máxima de 200 millones[140]. Aun cuando hubiésemos de aumentar esta cifra, seguirá quedando todavía muy lejos de los 860 o 1200 millones atribuidos teóricamente a la agricultura. ¿Nos puede sorprender que, en las discusiones del Mercado Común, hayan podido decir los expertos que la comercialización de la carne constituye hoy la mayor industria del mundo?
En cuanto a la industria del siglo XVI, la masa de sus productos era más frecuentemente absorbida en la economía del mercado que los cereales, el aceite y el vino, aunque también aquí se daba un elevado grado de
autosuficiencia. Pero esta tendía a disminuir. Thomas Platter[141] nota a propósito de Uzés, en 1597: «Cada familia hila su lana en casa y la lleva luego a tejer y teñir, para emplearla en diferentes usos. Utilizan tornos de hilar como nosotros (en Basilea; Thomas Platter estaba estudiando medicina en Montpellier), y no se ve nunca una rueca, pues solo los pobres hilan cáñamo. Esas telas las compran también los mercaderes y se venden más baratas que las hiladas a mano». Apostaríamos que la expansión de la industria textil y de la venta de tejidos encuentra sus causas tanto en el aumento demográfico como en la concentración de talleres y en un probable declinar de la autarquía.
El Verlagssystem y la expansión de las industrias urbanas
A partir de 1520-1540 ha comenzado en el Mediterráneo un decisivo periodo de expansión de las industrias urbanas; es una segunda racha del capitalismo que afecta al mismo tiempo el Mediterráneo y Europa. La «primera Revolución Industrial», de la que John U. Nef hace a Inglaterra
protagonista única a partir de 1540[142], o la expansión del «gran capitalismo
industrial», que J. Hartung[143] señala hace ya mucho en la Alemania
posterior a 1550[144], son grosso modo, dada su insuficiente diferenciación, acontecimientos representativos de aquella Europa y de aquella totalidad mediterránea. Estudios futuros demostrarán probablemente que vinieron a compensar el reflujo terriblemente brutal que más tarde o más temprano había de cercenar la expansión del siglo XVI. Cuando el capitalismo mercantil hubo declinado, tomó el relevo un capitalismo industrial que solo iba a actualizar todas sus potencias en la posterior etapa metálica del siglo. En todas partes, la industria compensaba la recesión.
Y casi en todas partes (allí donde la observación es posible) esta industria
es de tipo capitalista, conforme al modelo habitual del [145] Verlagssystem de
los historiadores alemanes, expresión que yo traduciría por sistema de anticipos: el mercader, el emprendedor o Verleger proporciona al artesano la mercancía que ha de trabajar y le paga un salario. Este sistema no data del siglo XVI, pero durante este periodo llega a lugares donde no era conocido (como parece ser el caso de Castilla) o por donde todavía era poco practicado (como en Venecia). Dondequiera que hace acto de presencia lesiona las corporaciones artesanales, arti italianos o gremios españoles, y beneficia a los mercaderes que financian el lento proceso de la producción y se quedan con los beneficios de las ventas y exportaciones. El papel de estos mercaderes qui faciunt laborare es todavía más decisivo en el proceso —relativamente reciente— de la seda que en el más antiguo de la fabricación de los tejidos de lana. La concentración de los telares resultaba muy visible en los talleres grandes, por ejemplo, en Génova, aunque nadie hizo, aparentemente, ningún
intento de poner fin a dicha concentración[146]; también era evidente en Venecia, pero allí suscitó protestas inmediatas y la intervención del Estado. La Ley del 12 de diciembre de 1497 había prohibido a todo tejedor de la seda
tener más de seis [147] tellari a su servicio. La cuestión se replantea en 1559, cuando se comprueba que «la avidez de ciertas personas, que tienen
funcionando 20 o 25 telares, está causando evidentes perjuicios a otros»[148].
De modo que el mercader adelantaba las materias primas y el dinero de los salarios, y se reservaba la comercialización de los productos. El más nimio detalle resulta significativo y nos consiente reconstruir, por medio de él, la totalidad del sistema. Por ejemplo: encontramos en Venecia, durante el
invierno del 1530, a Rodrigo Nino[149], embajador de Carlos V, a quien su señor ha encomendado la tarea de comprar sedas: damascos verdes, azules, rojos y carmesíes. Nino dice que enviará algunas muestras y que discutirá los precios, pero que, en cualquier caso, hay que adelantar 1000 ducados al hacer el pedido, pagándose el resto de la cantidad establecida una vez que el trabajo esté terminado. El tejedor, en efecto, debe comprar la seda al mercader que la hace venir en madejas de Turquía, y trabajarla a sus expensas. En este caso, el comprador hace las veces de mercader, y a él le corresponde entonces adelantar en forma de dinero la materia prima. En Cattaro, en agosto de 1599,