El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

III. El océano Atlántico

 

Puede parecer paradójico terminar un capítulo sobre las fronteras del Mediterráneo hablando del Atlántico, como si este no fuese más que una dependencia del mar interior. Pero sucede que en el siglo XVI todavía no existe el océano con plena autonomía. Los hombres están apenas comenzando a hacerse una idea de él y construyéndole una identidad, todo ello remitiéndose a los antecedentes que pueden encontrar en Europa, del mismo modo que Robinson se construye la casa con lo que ha podido salvar de su navío.

 

Varios Atlánticos

 

El Atlántico del siglo XVI es la asociación y la coexistencia más o menos perfecta de diferentes espacios parcialmente autónomos. Existe el océano

transversal de los ingleses[256] y los franceses; el Gulf Stream, con sus rutas sembradas de tempestades, es su eje habitual, y Terranova, la primera línea costera. El Atlántico de los españoles es una elipse de la que Sevilla, las Canarias, las Antillas y las Azores marcan el trazado, siendo a la vez puertos

de arribada y sus fuerzas motrices[257] [258] . El Atlántico de los portugueses es

ese inmenso triángulo del océano central y austral: el primer lado va de Lisboa a Brasil; el segundo, del Brasil al cabo de Buena Esperanza; el tercero es esa línea que siguen los veleros en su viaje de vuelta de las Indias, de Santa Elena a lo largo de la costa africana.

A estos diferentes Atlánticos, asociados a historias nacionales, no les ha sido difícil encontrar sus respectivos historiadores. Pero existe otro Atlántico que no ha sido tenido en consideración, quizá porque unifica todos esos sectores particulares y solo puede alcanzar su pleno significado a la escala de una historia global del océano Atlántico que todavía no ha sido escrita. Sin embargo, es el más antiguo de todos ellos: es el Atlántico de las navegaciones medievales y también de las antiguas: de las Columnas de Hércules a las Casitérides; es ese mar angosto, de tempestades frecuentes y salvajes, situado entre las costas de Portugal, España, Francia, Irlanda e Inglaterra, virtualmente una mera ruta norte-sur, rival de las rutas terrestres de los istmos europeos. De él han surgido todos los océanos Atlánticos de los siglos XV y XVI: él es el semillero de la exploración atlántica.

Mar traidor, a decir verdad; un mar por el que resulta difícil navegar: el golfo de Gascuña, con sus fuertes oleajes y sus furiosas aguas, gozaba de una mala reputación tan justificada como la que tiene en el Mediterráneo el golfo de Lyon. No hay barco que pueda estar seguro, al dejar España al sur, de acertar con la entrada —a pesar de su amplitud— de la Mancha, al nordeste. En 1518, Fernando, el hermano menor de Carlos V, se ve, junto con la flota en que venía de Laredo, y contra su voluntad, empujado a lo largo de las