El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
Notas
Este capítulo es largo, así que está dividido en 15 partes.
Prólogo a la primera edición francesa
[1] En el curso de las últimas correcciones a mi libro, he tenido en cuenta las observaciones y sugerencias de Marcel Bataillon, Émile Coornaert, Roger
Dion y C. E. Labrousse. <<
Primera parte
[1] Fernand Braudel, «Histoire et sciences sociales, la longue durée», en
Annales E. S. C., octubre-diciembre de 1958, pp. 725-753. <<
Primera parte - Capítulo I
[1] No he creído necesario detenerme en esta controvertida cuestión. A. Philippson, Das Mittelmeergebiet, 1904 (4.ª ed., Leipzig, 1922), que me ha servido de guía general, evidentemente es un texto envejecido, y, a este respecto, las ediciones posteriores nada cambian en cuanto al fondo. Para explicaciones geológicas más nuevas habría que recurrir a libros clásicos, como el de Bubnoff, Geologie von Europa, 1927; a un libro de carácter general, a pesar de su título: Von Seidlitz, W., Discordanz und Orogenese am Mittelmeer, pp. XXIV-615, Berlín, 1931, o a H. Stille, Beiträge zur Geologie der westlichen Mediterrangebiete, hrsg. im Auftrag der Gesellschaft der Wissenschaften, Göttingen, 1927-1935; o bien a estudios de detalle, como los de Aschauer y J. S. Hollister, «Ostpyrenäen und Balearen» (Beitr. z. Geologie d. westl. Mediterrangebiete, núm. 11), 208 pp., Berlín, 1934; Wilhelm Simon, Die Sierra Morena der Provinz Sevilla, Fráncfort, 1942; o al profundo y nuevo estudio de Raoul Fallot y A. Marin sobre la cordillera del Rif, publicado en 1944 por el Instituto de Geología y Mineralogía de España (cf. Académie des Sciences, sesión del 14 de abril de 1944, comunicación de M. Jacob). Deliberadamente no hago las innumerables indicaciones que sería necesario hacer de los trabajos de P. Birot, de J. Bourcart, de G. Lecointre… El retorno a la hipótesis, en apariencia pasada de moda, de los puentes y los continentes sumergidos, me lo sugiere Le Danois, L’Atlantique, histoire et vie d’un océan, Albin Michel, París, 1938. El libro claro y dinámico de Raoul Blanchard, Géographie de l’Europe, París, 1936, hace hincapié en que, para él, las montañas del Mediterráneo son una familia aparte, para la cual propone el nombre de Dinárides. Sobre las Dinárides propiamente dichas, ver Jacques Bourcart, Nouvelles observations sur la estructure des Dinárides adriatiques, Madrid, 1929. Termier, A la gloire de la Terre, quinta edición, contiene un capítulo sobre la geología del Mediterráneo occidental. Repito que no he querido entrar en estos problemas geológicos, ni en los problemas geográficos de la cuenca del Mediterráneo, acerca de los cuales pueden encontrarse explicaciones en las obras generales, estado actual de las cuestiones y bibliografía puesta al día en el manual de P. Biret y J. Dresch, La
Méditerranée et le Moyen-Orient, 2 vols., París, 1953-1956. << [2] Pone muy en claro este carácter compacto de las montañas llamadas Dinárides R. Blanchard, Géogr. de l’Europe, pp. 7-8. Le Lannou, Pâtres et
Paysans de la Sardaigne, 1941, p. 9. <<
[3] La expresión es de Strzygowski. En Grecia, señala A. Philippson, op. cit., p. 42, al subir se puede con frecuencia sobrepasar la zona de los naranjales y de los olivares, atravesar todas las zonas vegetales europeas y casi alcanzar
las nieves eternas. <<
[4] León el Africano, Descript. de l’Afrique, tierce partie du Monde, Lyon,
1556, p. 34. <<
[5] Presidente Charles de Brosses, Lettres familières écrites en Italia, París,
1740, I, p. 100. <<
[6] Con mucha facilidad podría ampliarse la lista: el Mercantour, atrás de Niza; el Olimpo, «con su verdeante corona de nieve» (W. Helwig, Bracconiers de la mer en Grèce, Leipzig, 1942, p. 164); las nieves de Sicilia, advertidas por Eugène Fromentin en su Voyage en Égypte, París, 1935, p. 156; y «ese terrible desierto de nieve», cerca de Erzeroum, del que habla el conde de Sercey (Une ambassade extraordinaire en Perse en 1839-1840, París, 1928, p. 46), a propósito de las montañas de Armenia. Ver también en Gabriel Esquer, Iconographie de l’Algérie, París, 1930, aunque no sea más que la estupenda litografía de Raffet sobre la retirada de Constantino en 1836, que se creería más bien un aspecto de la campiña rusa. O los detalles que da Armstrong (Grey Wolf, Mustafa Kémal, 1933, p. 68 de la trad. Mustapha Kémal, 1933) sobre los 30 000 soldados turcos sorprendidos por el invierno en las montañas de la frontera turco-rusa durante la guerra de 1914-1918, quienes mueren apretados unos contra otros por calentarse, y cuyos cadáveres encontraron largo tiempo después las patrullas rusas. Sobre la persistencia de la nieve africana hace notar P. Diego de Haedo, Topografía e historia general de Argel, Valladolid, 1612, p. 8, ver: «en las montañas más altas del Cuco o del Labes (donde hay nieve todo el año)». Fueron las abundantes nevadas las que salvaron Granada, en diciembre de 1568. Diego de Mendoza, Guerra de
Granada, Biblioteca de Autores Españoles, t. XXI, p. 75. <<
[7] Sobre don Carlos, el mejor libro sigue siendo el de Louis Prosper Gachard, Don Carlos y Felipe II, París, 1867, 2.ª ed., 2 vols. Vuelve a tratar el problema, un poco pesadamente, Ludwig Pfandl, Johanna die Wahnsinnige. Fr. i. Br. 1930, pp. 132 y ss. Debe rechazarse la tesis de Viktor Bibl, Der Tod
des Don Carlos, Viena, 1918. <<
[8] Voyage faict par moy Pierre Lescalopier, manuscrito H. 385, Escuela de Medicina de Montpellier, ff. 44 y 44 v, publicado en una edición abreviada por Édouard Cléray, con el título: «Le voyage de Pierre Lescalopier Parisien de Venise à Constantinople l’an 1574», en Revue d’Histoire diplomatique,
1921, pp. 21-55. <<
[9] Salomon Schweigger, Ein Newe Reißbeschreibung aus Teutschland nach
Constantinopel und Jerusalem, Núremberg, 1639, p. 126. <<
[10] Belon du Mans, Les observations de… singularités, París, 1553, p. 189.
<<
[11] Lettres du Baron de Busbec, París, 1748, I, p. 164; II, p. 189. <<
[12] S. Schweigger, op. cit., p. 125. <<
[13] J. Sanderson, The Travels of John Sanderson in the Levant (1584-1602),
1931, p. 50, n. 3. <<
[14] B. M. Add. 28 488, f. 12, hacia 1627. <<
[15] 1 A. N. A. E. B 890, 22 de junio de 1754. <<
[16] Sobre los helados y sorbetes, Franklin, Dict. hist. des Arts, pp. 363-364;
Enciclopedia italiana, Treccani. art. «Gelato». <<
[17] Jean Delumeau, La vie économique à Rome, 1959, I, p. 398. Proposición de un impuesto sobre la nieve, A. d. S. Nápoles, Sommaria Consultationum,
7, ff. 418-420, 19 de julio de 1581. <<
[18] Ortega y Gasset, Papeles sobre Velázquez y Goya, Madrid, 1950, p. 120.
<<
[19] Petrus Casola, Viaggio a Gerusalemme, 1494 (edit. Milán, 1855), p. 55.
<<
[20] Museo Correr, Cicogna 796, Itinèraire de Gradenigo, 1553. <<
[21] Cf. este bello pasaje de una carta de 1552, de Villegaignon al rey de Francia: «Toda la costa del mar, de Gaeta a Nápoles y de Nápoles a Sicilia, está circundada por altas montañas, al pie de las cuales hay una playa azotada por todos los vientos del mar, como sería la costa de Picardía azotada por el vendaval, excepto que en una costa hay ríos donde uno puede refugiarse, y en la otra no…», comunicación del abate Marchand con el título de «Documents pour l’histoire du règne de Henri II», en Bulletin hist. et phil. du Comité des
travaux hist. et scient., 1901, pp. 565-568. <<
[22] V. Bérard, Les Navigations d’Ulysse. II. Penelope et les Barons des îles, 1928, pp. 318-319. Es imposible no ver a estos montañeses, lo mismo ahora que antaño: anteayer, emigrantes montenegrinos se fueron a la América; ayer, soldados de la guerra por la independencia turca, estos compañeros de Mustafá Kémal, de los que Armstrong (Mustapha Kémal, op. cit., p. 270 de la trad. francesa) ha dado una descripción tan pintoresca: irregulares del «ejército verde» de Edén, «salvajes, de cara feroz», los guardias de Mustafá, de la tribu montañesa de los lazzes (costa sur del Mar Negro), «grandes salvajes esbeltos…, ágiles como gatos», que por privilegio conservaron sus trajes y sus danzas nacionales; la danza del «Zebek». Señalaremos, además, el ejemplo de los kurdos: sobre sus tiendas negras, sus galletas, con más paja que trigo, su queso de cabra, sobre su vida en general, algunas notas de viaje
del conde de Sercey, pp. 216, 288, 297. <<
[23] Prefacio a Jules Blache, L’homme et la Montagne, op. cit., p. 7. <<
[24] Pierre Vilar, La Catalogue dans l’Espagne moderne, I, 1962, p. 209; la
frase de Arthur Young está citada en ibid., p. 242. <<
[25] El Rif y el Atlas, «donde el plato típico son las reconfortantes gachas de
harina, habas y aceite». Blache, L’homme et la montagne, pp. 79-80. <<
[26] Josué, II, 15-6. Después del fracaso de su conspiración en Florencia, Buondelmonti busca refugio en los Apeninos toscanos (Augustin Renaudet, Machiavel, 1941, p. 108). Escapando de los corsarios y de los navíos turcos, los cretenses se refugiaron en las montañas de su isla (B. N., París, Ital. 427,
1572, f. 199 v). <<
[27] Este es el punto de vista de Paul Vidal de la Blache, Principes de géogr. humaine, París, 1922, p. 42. Entre los ejemplos dados, los Alpes de Transilvania, donde se reconstituye el pueblo rumano; los Balcanes, donde análogamente, aunque en pequeña escala, se reconstituye el pueblo búlgaro;
el Cáucaso, etcétera. <<
[28] André Blanc, La Croatie occidentale, 1957, p. 97. <<
[29] Benjamin de Tudela, Voyage du célèbre Benjamin autour du monde
commencé l’an MCLXXIII, trad. Pierre Bergeron, La Haya, 1735, p. 10. <<
[30] Victor Bérard, La Turquie et l’hellénisme contemporain, 1893, p. 247. <<
[31] F. C. H. L. de Pouqueville, Voyage en Grèce, 1820, t. III, pp. 8 y 13; V. Bérard, op. cit., pp. 79, 83 y 247. Sobre los valacos y los aromunes existe abundante literatura. Algunos detalles en Blache, op. cit., p. 22; Cvijić, La
Péninsule balkanique, París, 1918, pp. 115, 178, 178 n. 1, 202, 203. <<
[32] Luca Michieli, 25 de octubre de 1572, Relazioni, A. d. S., Venecia,
Collegio Secreta, filza 18. <<
[33] Don Quijote, episodio de Cardenio, «la razón que os ha traído (interroga
el caballero) a vivir y a morir en estas soledades como bruto animal». <<
[34] Discurso sobre las sierras de Espadán y de Bernia (1564 o 1565). Sim. Eo. 329. Creo que hay que relacionarlo con el documento B. N. París, Esp. 177; Instrucción a vos Juan Baptista Antonelli, para que vayais a
reronosçer el sitio de la Sierra de Vernia (sin fecha). <<
[35] Cf. las observaciones de Descamps, Le Portugal, la vie Sociale actuelle, 1935, a propósito de la sierra da Estrela, pp. 123-124, con su vida pastoril
menos desarrollada que la del norte. <<
[36] Sobre este tema, ver las dos páginas luminosas de Vidal de la Blache, Principes de Géographie humaine, 1922, pp. 188-189. Las ideas de Cvijić a este respecto están expuestas de manera bastante gris en su libro en francés, La péninsule balkanique, 1918. A propósito de las aldeas de montaña, Vidal de la Blache apunta: «Es de estos pueblos de los que Constantino Porfirogeneta escribió: “no pueden sufrir que dos cabañas estén una junto a la
otra”», op. cit., p. 188. <<
[37] «Grundlinien der Geographie und Geologie von Mazedonien und Alt-Serbien», en Petermanns Mitteilungen aus J. Perthes Geographischer Anstalt,
Ergänzungsheft, núm. 162, 1908. <<
[38] Un hermoso cuadro de la «aldea-ciudad» de Grecia: Ancel, Les peuples et nations des Balkans, 1926, pp. 110-111. A título de prueba viva, ver en Martin Hurliman, Griehenland mit Rhodos und Zypern, Zúrich, 1938, p. 28, la magnífica fotografía de la población griega de Arajova, a 942 metros de
altitud en las faldas del Parnaso. Población conocida por sus tejidos. <<
[39] Arqué, Géogr. es Pyrénées françaises, 1943, p. 48, señala que el espacio cultivado de los Pirineos franceses, según el cálculo del inspector general Thierry, «puede compararse a un departamento medio». Observación bastante
esclarecedora. <<
[40] Sobre Córcega, ver la carta de reprimenda de F. Borromeo al obispo de Ajaccio (14 nov., 1581, public. por Vittorio Adami, «I Manoscritti della Biblioteca Ambrosiana di Milano, relativi alla storia di Corsica», en Archivio storico di Corsica, 1932, 3, p. 81). A través de estas reprimendas se evoca la vida agitada del obispo, desplazándose con su pequeña caravana de bestias de carga a través de la montaña. Hay que comparar esto con las dificultades del viaje de San Carlos Borromeo, en 1580, en los Alpes, o con las del obispo de Dax, en invierno, a través de las montañas nevadas de Esclavonia (su carta al rey, enero de 1573, Ernest Charrière, Négociations de la France dans le Levant 1840-1860, III, pp. 348-352). Transitar por las vecinas montañas de Ragusa en invierno es una hazaña «que trae, de ordinario, consecuencias muy fastidiosas para la salud», y aun mortales (12 nov. 1593, documento publicado por Vladimir Lamansky, Secrets d’État de Venise, 1844, p. 104). Antes de 1923, aún se necesitaban tres días para hacer llegar las mercaderías de Viana de Castelo a la desembocadura del Lima (Descamps, op. cit., p. 18).
<<
[41] René Maunier, Sociologie et Droit romain, 1930, p. 728, ve en la familia kabila agnática una familia patriarcal, una gens romana, muy alterada, desde luego. Sobre el arcaísmo económico de la montaña, con frecuencia señalado, cf. Ch. Moraze, Introduction à l’histoire économique, 1943, pp. 45-46. Sobre lo que Cvijić llama el «patriarcalismo perfeccionado» de las regiones dináricas, v. La Péninsule balkanique, op. cit., p. 36. Prefiero su expresión de islas montañosas (ibid., p. 29). Montenegro, esa fortaleza, y otras regiones altas, dice, han evolucionado «desde el punto de vista social como islas». Sobre la zadruga, otro ejemplo de arcaísmo social, se contienen algunas líneas de esclarecimiento y de orientación bibliográfica en R. Busch Zantner,
Albanien, Leipzig, 1939, p. 59. <<
[42] Barockplastik in den Alpenländern: 336 pp., Viena, 1944. Sobre las condiciones sociales de los Alpes, ver el gran estudio, discutible y discutido, de A. Günther, Die Alpenländische Gesellschaft, Jena, 1930. Sobre este tema, interesantes observaciones de Sülch, «Raum und Gesellschaft in den Alpen»
en Geogr. Zeitschr., 1931, pp. 143-168. <<
[43] Cf. los bellos estudios de J. Puig i Cadafalc, L’arquitectura románica a Catalunya (en colaboración), Barcelona, 1909-1918; Le premier art roman,
París, 1928. <<
[44] Arqué, op. cit., p. 69. <<
[45] En la Bética, Roma tuvo éxito en la región baja, a lo largo de los ríos, mucho más que en los altiplanos (G. Niemeier, Siedlungsgeogr. Untersuchungen in Niederandalusien, Hamburgo, 1935, p. 37). En el noroeste montañoso de España, debido, además, a la lejanía, Roma penetró tarde y mal (R. Konetzke, Geschichte des spanischen und portugiesischen Volkes,
Leipzig, 1941, p. 31). <<
[46] Dauzat, Le village et le paysan de France, p. 52. <<
[47] Conde de Sercey, op. cit., p. 104: «Sin embargo, se ve (puesto que danzan) que las mujeres kurdas, aunque musulmanas, no están secuestradas».
<<
[48] V V. infra los capítulos sobre los moriscos. Segunda Parte, cap. , y Tercera
Parte, cap. III. <<
[49] En el corazón de las montañas de Lubéron, Lourmarin, Cabrières, Mérindol y otra veintena de aldeas —donde pulula la vida salvaje, jabalíes, patos y lobos— son refugio de protestantes (Vaudoyer, Beautés de la Provence, París, 1926, p. 238). No olvidemos a los valdenses de los Estados saboyanos y a los de los Apeninos, en el reino de Nápoles. El movimiento cátaro, escribe Marc Bloch, había disminuido hasta «convertirse en una oscura secta de pastores montañeses», en Annales d’histoire sociale, 1940,
p. 79. <<
[50] El marudismo. Cf. Houzar, «La Tragédie circassienne», en Revue des
Deux Mondes, 15 de junio de 1943, pp. 434-435. <<
[51] Francisco Bermudez de Pedraça (Granada, 1637), f. 95 v. Cita y traducción de Reinhart-Pieter A. Dozy, a quien corresponde el mérito de haber encontrado ese bello texto (H. des Musulmans d’Espagne, 1861, II, p. 45, n. 1). En cambio el abate de Vayrac (État présent de l’Espagne, Ámsterdam, 1719, I, p. 165) sostiene que los habitantes de las Alpujarras, aunque cristianos, son moriscos que han conservado «su antiguo estilo de vida, sus costumbres y su lengua particular, que es una monstruosa mezcla de
árabe y español». <<
[52] Cuando era niña, la santa se dirigió a la montaña con su hermano, en la esperanza de encontrar allí el martirio. Schnürer, Katholische Kirche und Kultur in der Barockzeit, 1937, p. 179. Louis Bèrtrand, Sainte Thérèse, 1927,
pp. 46-47. <<
[53] E. Baumann, L’anneau d’or des grands Mystiques, 1924, pp. 203-204. <<
[54] Hay abundante documentación sobre las deficiencias de la vida religiosa en Córcega: carta del cardenal Tournon a Pablo IV, 17 de mayo de 1556, pidiendo la reforma de los abusos. M. François, «Le rôle du Cardinal François de Tournon dans la politique française en Italie, de janvier à juillet 1556», en Mélanges… de l’École Française de Rome, t. 50, 1933, p. 328; Ilario Rinieri, «I vescovi della Corsica», en Archivio storico di Corsica, 1930-1931, pp. 344 y ss; Père Daniele Bartoli, Degli uomini et de’ fatti della Compagniadi Gesù, Turín, 1847, III, pp. 57-58; abate S. B. Casanova, Histoire de l’Église corse,
1931, III, pp. 103 y ss. <<
[55] Montagne, Les Berbères et le Makhzen dans le Sud du Maroc, 1930,
p. 83. <<
[56] Pero ¿dónde encontrar la vasta riqueza folklórica de esas montañas? Ver, a título de ejemplo, el bello cuento de los tériels, que relata Leo Frobenius, Histoire de la civilisation africaine, 1936, pp. 263 y ss., a propósito del país kabila, que nos revela su lejana existencia consagrada a las grandes cacerías y no a la agricultura. En el mismo orden de ideas, ¿dónde encontrar una colección de canciones montañesas? Sobre la vida religiosa de los Alpes y la localización de los herejes, Botero, Le relationi universali, Venecia, 1559, III,
I, p. 76. Sobre la visita del cardenal Borromeo a Mesolina, ibid., p. 17. <<
[57] IV, Segunda Parte, Novelle, ed. de Londres, 1709, II, pp. 25-43. Se sitúa la anécdota en el Val di Sabbia, que forma parte de los Prealpes de Brescia.
<<
[58] Estas indicaciones me las sugirió la obra de Emmanuel Le Roy Ladurie, Les paysans de languedoc, actualmente en imprenta, p. 407 (ed. 1966, n. del
trad.). <<
[59] A. S. V. Senato, Dispacci Spagna, Madrid, 6 de junio de 1611, Priuli al
dux. <<
[60] Los contemporáneos la estudian. Loys Le Roy (De l’execellence du gouvernement royal, París, 1575, p. 37) escribe: «El país lleno de montañas, rocas y bosques, cómodo para los pastos, en el cual hay muchos pobres, como lo es la mayor parte de Suiza, es más propicio a la democracia […] Las tierras llanas […] donde hay muchos ricos y nobles, se prestan a la aristocracia». Jean Bodin, Les six livres de la République, 1583, p. 694, refiere que León el Africano se llenó de estupor ante la robustez de los montañeses del monte Megeza, en tanto que los habitantes de la llanura son pequeños. «La fuerza y el vigor hacen que el montañés ame la libertad popular, como hemos dicho de los suizos y los grisones». La Edad Media corsa, dice de Bradi, La Corse inconnue, 1927, p. 35, es un periodo grandioso de libertad. «El corso no tolera jamás que se le arrebate el producto de su trabajo. La leche de su cabra, igual que la cosecha de su campo, eran muy suyos». Y Tayne, en su Voyage aux Pyrénées: «La libertad ha brotado aquí desde la más remota antigüedad, hosca
y salvaje», 1858, p. 138. <<
[61] Arrigo Solmi, «La Corsica», en Ar. st. di Corsica, 1925, p. 32. <<
[62] Ver, para una orientación general, el libro clarividente, pero demasiado jurídico, de Jacques Lambert, La vengeance privée et les fondements du droit international, París, Sirey, 1936. En el mismo orden de ideas, la observación de Michelet sobre el delfinado, donde jamás «el feudalismo pesó como en el resto de Francia». Y también la siguiente observación de Taine, op. cit., p. 138: «Estos son los fueros de Béarn, de los que solo se hizo mención en la antigüedad, pues en Béarn no había señor». Sobre las venganzas de sangre en Montenegro y en la Alta Albania, ver Ami Boué, La Turquie d’Europe, París,
1840, II, pp. 395 y 523. <<
[63] Marc Bloch, La Société féodale, 1939, I, p. 377. También en Marc Bloch, las observaciones atinadas sobre «Cerdeña», en Mélanges d’histoire soc., III,
p. 194. <<
[64] Maurice Le Lannou, «Le bandit d’Orgosolo», Le Monde, 16-17 de junio de 1963. La película fue dirigida por Vittorio de Seta, y el estudio antropológico lo realizó Franco Caguetta. Traducción francesa: Les Bandits d’Orgosolo, 1963; las novelas mencionadas son de Grazia Deledda, La via del
male, Roma, 1869; Il Dio dei viventi, Roma, 1922. <<
[65] Idem. <<
[66] Fernand Benoit, La Provence et le Comtat Venaissim, 1949, p. 27. <<
[67] En el Alto Milanesado, ver Pugliese, «Condizioni economiche e finanziarie della Lombardia nelle prima metà del s. XVIII», en Misc. di Storia
italiana, tercera serie, t. XXI, 1924. <<
[68] Mémoires sur les Turcs et les Tartares, Ámsterdam, 1784, II, p. 147: «el asilo de la libertad o [añade él] la reparación de la tiranía». Esto, a propósito
de las instalaciones genovesas en Crimea. <<
[69] XXI Ibid. , I, p. . <<
[70] Cf. Franz Spunda, en Werner Benndorf, Das Mittelmeerbuch, 1940,
pp. 209-210. <<
[71] A. Philippson, «Umbrien und Etrurien», en G. Z., 1933, p. 452. <<
[72] Algunos ejemplos: Napoleón no pudo dominar la montaña alrededor de Génova, refugio de insumisos, a pesar de las batidas que allí organizó (Jean Borel, Génes sous Napoleón Ier., 2.ª ed., 1929, p. 103). Hacia 1828, la policía turca no consiguió dominar los brotes de bandolerismo entre los pueblos del Ararat (conde de Sercey, op. cit., p. 95). Y aún hoy en día no logra mejor éxito en sus intentos de proteger las riquezas forestales de la montaña contra la voracidad de los rebaños (Hermann Wenzel, «Agrargeographische Wandlungen in der Türkei», en G. Z., 1937, p. 407). Lo mismo sucede en Marruecos: «En realidad, en el sur de Marruecos la autoridad del sultán se
reduce a la llanura», escribe Montagne, op. cit., p. 134. <<
[73] Ibid., p. 131. <<
[74] M. Le Lannou, Pâtres et paysans de la Sardaigne, 1941, p. 14, n. 1. <<
[75] J. Blache, op. cit., p. 12. Sobre esta oposición, ver Pierre Gourou, L’homme et la terre en Extrême-Orient, 1940, y la reseña crítica de ese libro por Lucien Febvre, en Annales d’htst. soc. XIII, 1941, p. 73. Vidal de la
Blache, op. cit., p. 172. <<
[76] Montagne, op. cit., p. 17. <<
[77] Pienso muy especialmente en los viajes de Sixto V, en su juventud y en su edad madura; según las indicaciones de Ludwig von Pastor, Geschichte der Papste, Friburgo en Brisgovia, 1901-1931, X, 1913, pp. 23 y 59 (de la edición
alemana); podría hacerse un croquis. <<
[78] W. Woodburn Hyde, «Roman Alpine routes», en Memoirs of the American Philosophical Society, Filadelfia, X, II, 1935. De un modo análogo, los Pirineos no han sido nunca la barrera que uno se imagina (Sorre, G. U., t.
VII, primera parte, p. 70, Konetzke, op. cit., p. 9). <<
[79] Pfalz, «Neue wirstchaftsgeographische Fragen Italiens», En Geogr.
Zeitschr., 1931, p. 133. <<
[80] Philippson, Das Mittelmeergebiet, op. cit., p. 167. <<
[81] Victor Bérard, La Turquie et l’hellénisme contemporain, op. cit., p. 103, escribe al salir de Albania: «Después de tres días de comer a todas horas
queso de cabra…» (p. 103). <<
[82] Arqué, op. cit., p. 68. <<
[83] Op. cit., ff. 44 y 44 v. <<
[84] En las faldas del Vesubio había bosques. Sobre este problema del bosque en general, ver las observaciones siempre útiles de Theobald Fischer, en B. zur physischen Geogr. der Mittelmeerländer besonders Siciliens, 1877, pp. 155 y ss. Sobre los bosques de Nápoles, en Calabria y en la Basilicata, en 1558, cf. Eugenio Albèri, Relazioni degli ambasciatori veneti durante il s. XVI, Florencia, 1839-1863, II, III, p. 271. Se conservan todavía los numerosos restos de grandes bosques antiguos, diríamos bosques-reliquias. Para Córcega, ver su enumeración en Philippe Leca, prólogo de A. Albitreccia, Guide bleu de la Corse, París, 1935, p. 15, ver también de este último autor La Corse, son
évolution au XIXe e siècle et au début du XX siècle, 1942, pp. 95 y ss. <<
[85] Conde Joseph de Bradi, Mémoire sur la Corse, 1819, pp. 187, 195 y ss.
<<
[86] Vidal de la Blache, op. cit., pp. 88, 139, 178. Ver las excelentes observaciones de Faucher, Principes de géogr. agraire, p. 23. «El pueblo come pan de serrín», cerca de Luca, Montaigne, Journal de voyage en Italie
(ed. E. Pilon, París, 1932), p. 237. <<
[87] Montaigne, op. cit., p. 243. <<
[88] Relación de lo que yo, Fco. Gasparo Corso, he hecho en prosecución del
negocio de Argel, orig. Sim. Eo. 333 (1569). <<
[89] Montaigne, op. cit., pp. 234-235. <<
[90] Franceschi Carreras y Candi, Geographia general de Catalunya, Barcelona, 1913, 4.º, p. 505. Carrera Pujal, Historia politica y económica de Cataluña, 1946, t. I, p. 40. También Belon du Mans, op. cit., p. 140 v., hace notar que en las montañas de Jerusalén hubo cultivos en bancales, que él ya
vio abandonados. <<
[91] Pienso, entre otros ejemplos, en la vida de la Alta Provenza: «La finca de Alta Provenza», escribe Marie Mauron, «Le Mas provençal», en Maisons et villages de France, 1943, prólogo de R. Cristoflour, p. 222, «que soporta los largos inviernos, el temor de los aludes, la vida reclusa durante largos meses, sin más horizontes que la nieve tras los cristales, replegada sobre sus reservas,
como las hormigas sobre su establo, trabajando como prisionera…». <<
[92] Max Sorre, Les Pyrénées méditerranéennes, París, 1913, p. 410. <<
[93] Este exceso de población, que obliga al descenso hacia las llanuras, se señala también en la encuesta geográfica de Wilhelmy, Hochbulgarien, 1936, p. 183. Pero hay otros motivos: vida que satisface o no al hombre. Albitreccia, en Philippe Leca, La Corse…, op. cit., p. 129, que hace notar también a propósito de Córcega: «La ausencia, al igual que la presencia de caminos,
provoca la emigración». <<
[94] J. Blanche, op. cit., p. 88, según Philippe Areos, L’Auvergue, 1932, p. 86.
<<
[95] Es decir, a la misa. <<
[96] Promedades dans Rome, ed. Le Divan, 1931, I, pp. 182-183. <<
[97] Ibid., p. 126. Cuadro análogo, pero a propósito del Cáucaso, en Souvenirs, del conde de Rochechouart, 1889, pp. 76-77, con ocasión de la toma de Anapa por el duque de Richelieu: los guerreros circasianos, algunos con
vestiduras de hierro, armados de flechas, evocan el siglo XIII o el siglo XIV. <<
[98] Victor Berard, La Turquie et l’hellénisme contemporain, op. cit., passim.
<<
[99] Voyage en Espagne, 1845, pp. 65, 106. Sobre los gallegos cultivadores y emigrantes, ver Los españoles pintados por sí mismos, Madrid, 1843. En este relato se encontrarán: El Indiano, por Antonio Ferrer del Río; El segador. El pastor trashumante y El maragato, por E. Gil y Carrasco; El aguador, por
Abenamar… <<
[100] En Toledo, en la posada del Sevillano, hay dos mocetonas que son gallegas (La llustre fregona, ed. Garnier, II, 71). Gallegos y asturianos hacen en España los trabajos rudos, principalmente en las minas: Chastenet, Godoy, 1943, p. 40. Sobre los cosecheros gallegos en Castilla en el siglo XVIII, ver Eugenio Larruga, Memorias políticas y económicas sobre los frutos,
comercio, fábricas y minas de España, Madrid, 1745, I, p. 43. <<
[101] Diego Suárez, manuscrito del ex Gobierno General de Argelia, según la
copia que me comunicó gentilmente Jean Cazenave, f. 6. <<
[102] Ver vol. I, pp. 594-595. <<
[103] Jesús García Fernández, Aspectos del paisaje agrario de Castilla la
Vieja, Valladolid, 1963, p. 12. <<
[104] Bandello, Novelle, ed. de Londres, 1791-1793, VII, pp. 200-201. Los espoletinos servían como soldados, sobre todo en el extranjero (Von Pastor,
op. cit., XVI, p. 267). Sobre su astucia, ver ibid., I, 418. <<
[105] Ibid., II, pp. 385-386. La pobreza obligó a los bergamascos a emigrar. A pesar de su sobriedad, cuando comen en mesa ajena devoran como lobos. No hay un solo lugar en el mundo donde no se encuentre al menos un bergamasco. Los súbditos venecianos instalados en Nápoles eran casi siempre
bergamascos. Albèri, op. cit., Appendice, p. 351 (1597). <<
[106] e XV Jacques Heers, Gênes an siècle. Activité économique et problèmes sociaux, 1961, p. 19. Bandello, op. cit., IV, p. 241. También, después de la restauración de Francisco Sforza, llegaron a Milán numerosos campesinos
procedentes de Brescia. <<
[107] Op. cit., IX, pp. 337-338. <<
[108] L. Pfandl, Philippe II, trad. franc., 1942, pp. 353-354. También eran bergamascos el célebre Colleoni y el jesuita Jean Pierre Maffee, autor de
L’Hist. des Indes, Lyon, 1603. <<
[109] Op. cit., IV, p. 335. Se trata de un bresciano establecido en Verona. <<
[110] Resultado de una investigación personal. En verdad, este contraste entre las regiones altas y las regiones bajas se encontraría también más hacia el norte. Gaston Roupnel lo señala en Le vieux Garain, 1939, en la costa borgoñesa, por Gevrey y Nuits-Saint-Georges. Hacia 1870, los montañeses
todavía usaban la blusa en las ferias de la región baja. <<
[111] P. George, La région du Bas-Rhône, 1935, p. 300: en los primeros años del siglo XVII grupos de saboyanos iban a levantar las cosechas en la región de
Arlés. <<
[112] Grotanelli, La Maremma toscana. Studi storici ed economici, II, p. 19.
<<
[113] George, op. cit., p. 651. <<
[114] Fernand Benoit, op. cit., p. 23. <<
[115] Emmanuel Le Roy Ladurie, op. cit., pp. 97 y ss. <<
[116] Imposible enumerar todos los ejemplos conocidos. Para el predominio del reclutamiento en las regiones montañosas y pobres de España, ver Ramón Carande, Carlos V y sus banqueros, Madrid, 1949, p. 14 (las tierras altas de Valencia y los montes de León). Th. Lefebvre, Les Pyrénées atlantiques, 1933, p. 286 (3000 guipuzcoanos y navarros lucharon en la batalla de Pavía). Sobre los Pirineos aragoneses, Fernand Braudel, La Méditerranée…, pp. 47-
48. <<
[117] Piero Pieri, La crisi militari italiana nel Rinascimento, Nápoles, 1934,
p. 523. <<
[118] H. de Maisse al rey, Venecia, 6 de junio de 1583. A. E. 31, ff. 29 v. y 30.
<<
[119] A título de orientación bibliográfica, ver R. Busch Zantner, Albanien, 1939. Sobre las migraciones albanesas, provocadas en la Edad Media por la escasez, hacia las llanuras de Metohidja y de Podrina, cf. Cvijić, op. cit., p. 150. Sobre sus maravillosos éxitos en el Imperio turco en el siglo XIX, ibid., p. 17. En la Biblioteca Comunal de Palermo hay una memoria inédita de Mongitore Antonino, Memoria de Greci renuti dall’Albania in Sicilia. Qq E 32, f. 81. El albanés, gran bebedor de vino; M. Bandello, op. cit., IV, pp. 350-351. Sobre los albaneses que abrazaban el cristianismo: un documento entre mil, Joan de Pallas, cónsul en Ragusa, al gran comendador
de León, Nápoles, 3 de abril de 1536, A. N., K. 1632. <<
[120] Victor Bérard, La Turquie…, op. cit., p. 164. <<
[121] En Chipre, donde son soldados de padres a hijos. Fr. Stefano Lusignano di Cipro, Corograffia et breve historia universale dell’isola de Cipro,
Bolonia, 1573 (B. N. París. 4.º G 459). <<
[122] Constituían una parte considerable del ejército veneciano. Cf. una serie
de documentos edit. por Lamansky, op. cit., entre otros, p. 549 n. <<
[123] Bandello, op. cit., III, 329-330. <<
[124] Museo Correr, D. delle Rose 21, f. 80 sobre los grandes pueblos albaneses de Apulia, 1598. Con frecuencia muy temidos a comienzos del siglo. Se les prohíbe (3 de junio de 1506) salir armados de las ciudades y pueblos fortificados. Ludwig von Thalloczy, «Die Albanische Diaspora», en
Illyrisch-albanische Forschungen, 1916, p. 339. <<
[125] O. de Torne, «Philippe et Henri de Guise», en Revue Historique, 1931,
II, p. 324. <<
[126] En 1540, G. Lefévre Pontalis, Correspondance politique d’Odet de Selve,
1888, pp. 64, 65, 351, 354. <<
[127] A. H. N. Lo. 3189, 1565, Inquisición de Valladolid, curioso asunto de
Guillermo de Modon. <<
[128] Haedo, Topografía…, p. 121 v., señala a Alger Arnaut Mami y a un
«renegado, también albanés y arnaúte como él», p. 122 v. <<
[129] Victor Bérard, La Turquie…, op. cit., p. 26. <<
[130] Itinéraire de Paris à Jérusalem (ed. de 1831), I, pp. 111 y 175. <<
[131] La Corse inconnue, p. 44, con indicaciones sobre una serie de corsos
ilustres fuera de la isla. <<
[132] Por ejemplo, Hassan Corso, ver J. Cazenave, «Un corse roi d’Alger
1518-1556», en Afrique Latine, 1923, pp. 397-404. <<
[133] Sobre los Mellerio, v. Giuseppe Mellerio, Les Mellerio, leur origine, leur histoire, París, Ollendorf, 1895. Sobre la emigración de los Alpes milaneses, Carlo Antonio Vianello, «Alcuni documenti sul consolato dei Lombardi a
Palermo», en Archivio Storico Lombardo, 1938, p. 186. <<
[134] Vianello, op. cit., p. 186. <<
[135] Idem. <<
[136] Ibid., p. 187. <<
[137] Idem. <<
[138] G. F. Osio, console dei Lombardi alla camera dei mercanti di Milano,
Nápoles, 27 de septiembre de 1543, publicado por Vianello, ibid., p. 187. <<
[139] A. d. S. Nápoles, Sommaria Partium 240, ff. 111-113, 15 de enero de
1544, con los nombres de los muratori. <<
[140] A. d. S. Venecia, Notatorio di Collegio 13, f. 121, 12 de octubre de 1486.
<<
[141] De un artículo de prensa, «Eriwan, die Haupstadt der Armenier», en
Frankfurter Zeitung, 9 de agosto de 1940. <<
[142] Jean-Baptiste Tavernier, Les six voyages qu’il a faits en Turquie, en
Perse et aux Indes, París, 1681, I, pp. 380 y ss. <<
[143] XVII Entonces , es decir, en el siglo . En el siglo XVI, en Constantinopla y en el este mediterráneo, la hora de los armenios todavía no había sonado, Lorga, Points de vue sur l’histoire du commerce de l’Orient à l’époque moderne, 1925, p. 23. Por el contrario, en el siglo XVII, los armenios comerciaban hasta en el Mediterráneo occidental. Un navío armenio, El Armenio Comerciante, lleva trigo a Liorna (Mémoires du Chevalier d’Arvieux , 1735, I, p. 13). Sobre la actuación de los armenios en la querella de los Santos Lugares en 1621, cf. Tongas, L’ambassadeur L. Deshayes de Cormenin (1600-1632), 1937, p. 132. Sobre la actual dispersión de los armenios, las pocas palabras de Werner Sombart, Vom Menschen, 1940,
pp. 178-179. <<
[144] Se conservan en la actualidad manuales comerciales, escritos en armenio,
escritos ex professo para la gran ciudad del norte. <<
[145] Tavernier añade: «Son tanto más hábiles para los negocios cuanto que viven con gran economía y sobriedad, ya por virtud, ya por avaricia. Cuando salen de sus casas para emprender largos viajes, hacen provisión de galletas, de carne ahumada, cebollas, manteca, harina, vino y frutas secas. Se resisten a comprar carne fresca todo lo que pueden, salvo cuando encuentran en las
montañas algunos corderos o cabritillos baratos». Op. cit., I, p. 380. <<
[146] Sobre la riqueza y el lujo de los armenios de Zolfa, ver idem. <<
[147] Ibid., II, p. 3. <<
[148] ¿La montaña? «Una zona de emisión de hombres» (Deffontaines, Jean-Brunhes-Delamarre, Bertoquy: Les problèmes de géographie humaine, 1939, p. 141. Sobre el contraste entre la llanura y la montaña, característico de la cuenca mediterránea, ver Parain, La Méditerranée, les hommes et leurs
travaux, París, 1936, p. 191; Sion, La France médit… pp. 44-45. <<
[149] Jules Blache, op. cit., p. 15. La misma nota en P. George, op. cit., p. 352.
<<
[150] P. George, op. cit., p. 237; Bourrilly-Busquet, H. de la Provence, 1944, p. 7: «Se ha localizado a los habitantes más antiguos de Provenza en los alrededores de Ventoux, las montañas de Vaucluse, al sur de Lubéron, en los valles a la derecha del Durance, en la confluencia del Verdon; parecen estar en relación con la abundancia de yacimientos de sílice y de rocas duras pulidas por la corriente de las aguas». De acuerdo con Louis Alibert, «Le Génie d’Oc», en Les Cahiers du Sud, 1943, p. 18: «La estructura esencialmente montañosa de los países mediterráneos ha favorecido la
fijación y la permanencia de las razas prehistóricas y protohistóricas». <<
[151] P. George, op. cit., pp. 310-322. <<
[152] Lautensach, «Die länderkundliche Gliederung Portugals», en Geogr.
Zeitschrift., 1932, p. 194. <<
[153] A. Philippson, «Umbrien und Etrurien», en Geogr. Zeitschrift, 1933,
pp. 455, 457, 461 y 462. <<
[154] Ibid., p. 457. <<
[155] Alfred von Reumont, Geschichte Toskana’s, Gotha, 1876, pp. 366-367.
<<
[156] Ibid., pp. 368 y ss. <<
[157] Philippson, Das Mittelmeergebiet, p. 20. <<
[158] É.-Félix Gautier ha insistido con mucha frecuencia sobre el papel de esta espina dorsal del África del Norte, entre otras obras, en Le Passé de l’Afrique
du Nord, 1952, p. 115. <<
[159] Georges Marçais, en Histoire d’Algérie, por Gsell, Marçais, Yver, 1927,
p. 121. <<
[160] «Umbrien…» art. cit., p. 450. <<
[161] Jules Sion, G. U., VII, 2, 1934, p. 326. <<
[162] Vidal de la Blache, op. cit., p. 85. <<
[163] N. Krebs, «Zur politischen Geographie des Adriatischen Meeres», en
Geogr. Zeitsch., 1894, p. 375. <<
[164] Pienso, al escribir esto, en el trulli, y más aún en el sistema de riegos de la altiplanicie, en el «acquedotto pugliese». Fritz Klute, Handbuch der geogr. Wissenschaft, Berlín, 1914, p. 316, da un buen croquis. Pero ¿y su historia?
<<
[165] Según A. d. S. Nápoles, Dipendenze della Sommaria, fascio 417, fasc. I,
1572. <<
[166] A. d. S. Nápoles, Sommaria, Consultationum, II, 237-41. <<
[167] Georg Friederici, Der Charakter der Entdeckung und Eroberung Amerikas durch die Europäer, I, Gotha, 1925 y principalmente pp. 174, 179.
<<
[168] «El licenciado Vidriera», Novelas ejemplares. <<
[169] Ortega y Gasset, España invertebrada, Madrid, 1934; encontramos esta misma reflexión en autores como Unamuno, Antonio Machado o Menéndez
Pidal. <<
[170] Schulte, Geschichte der grossen Ravensburger Gesellschaft, 1923,
principalmente I, pp. 285 y ss. y p. 295. <<
[171] Alberi, Relazioni, I, V. (Francesco Morosini), p. 293. <<
[172] Vidal de la Blache, États et Nations de l’Europe, 1889, p. 358. <<
[173] Sorre, Les fondements biologiques de la géographie humaine, París, 1934, p. 386: «El clima de las bajas montañas y el de los primeros altiplanos es más favorable al esfuerzo, al menos en el Mediterráneo, que el de las regiones bajas». Un buen esbozo en André Siegfried, Vue générale de la Méditerranée, París, 1943, a propósito de las «laderas» (p. 108). Laderas o rebordes [«revermonts»], diremos, generalizando la palabra de la zona del Jura, entendiendo por ella toda estribación, inclusive la curiosa línea del Piamonte, esa línea festoneada tan importante principalmente en Andalucía.
Ver las observaciones de G. Niemeier, op. cit., p. 109. <<
[174] Op. cit., pp. 92-93. <<
[175] Sobre toda esta cuestión, ver el libro de Cvijić, La péninsule balkanique, trad. franc., 1918. Para la parte decorativa y pintoresca, R. Gerlach, Dalmatinisches Tagebuch, Darmstadt, 1940. Para la descripción geográfica, Milojevic, Littoral et îles dinariques dans le Royaume de Yougoslavie (Mém.
de la Soc. de G., vol. 2), Belgrado, 1933. <<
[176] Tomamos de la síntesis de Cvijić lo que antecede a propósito de los movimientos «metanastásicos». Sus alumnos han continuado los estudios sobre el gran problema de las emigraciones de la montaña eslava. Así, J. Mal, Uskoke seobe i slovenske pokrajine (las migraciones de los uscoques y de las regiones eslovenias), Lubliana, 1924, muestra la utilización de esta migración para la organización de los confines militares turcos, venecianos y austriacos. R. Busch Zantner, op. cit., p. 86, llama la atención sobre la presión albanesa, que determina los movimientos migratorios serbios hacia el norte; presión
albanesa, no turca. <<
[177] De J. N. Tomic, Naselje u Mletackoj Dalmaciji, Nich, 1915, t. I, 1409-1645, un corto estudio sobre los lazos de dependencia personal y económica de los campesinos en los dominios venecianos de Dalmacia. Este régimen tiende a expandirse en las islas y el interior de Istria. El peligro turco causa pérdidas que la inmigración serbia de Bosnia y de Herzegovina no consigue reparar. Entraña la organización de milicias obligatorias contra los ataques provenientes de los turcos, de los corsarios o de los bandidos. Sobre la Dalmacia veneciana en el siglo XVI, V. Lamansky, op. cit., principalmente, p. 552, los enjambres de soldados dálmatas que se posaban hasta en Inglaterra, y la utilización de otros contingentes en el ejército y en la flota venecianos, así como en barcos extranjeros, donde les atraían condiciones de
vida más favorables que las de la flota veneciana. <<
[178] Documentos leídos en el Archivio di Stato de Venecia, pero de los cuales
no he tomado nota. <<
[179] H. Isnard, «Caractère récent du peuplement indigène du Sahel d’Alger»,
en II Congrès des Soc. sav. d’Afrique du N., 1936. <<
[180] Sobre el tema cf. G. Millon, «Les Parlers de la région d’Alger», en
Congrès des Sociétés sav. d’Afrique du Nord, 1937. <<
[181] M. Dalloni, «Le problème de L’alimentation en eau potable de la ville
d’Alger», en B. de la Soc. de Géog. d’Alger, 1928, p. 8. <<
[182] Bernardo Gomes de Brito, Historia tragico-marítima, Lisboa, t. VIII,
1905. p. 74. <<
[183] e XVI René Baehrel, Une croissance: la Basse-Provence rurale, fin du
siècle-1789, París, 1961, p. 125. <<
[184] Biblioteca Marciana de Venecia, 5838, C II, 8, f. 8. <<
[185] Emmanuel Le Roy Ladurie, op. cit., pp. 223 y ss. <<
[186] Plaisir de France, 1932, pp. 119-120: «El espíritu del Mediodía se formó en las costas», no en «la montaña, que ya era demasiado pobre y de donde la gente desertaba periódicamente». Sobre esta gente de la región de las colinas y las huellas que dejan a su paso, ver lo que escribe Isabelle Eberhardt, Notes de route, 1921, hablando del Sahel tunecino (p. 221), o Marcel Brion de Toscana y de «su paisaje adaptado a las dimensiones del hombre», Laurent le
Magnifique, 1937, p. 282. <<
[187] Anónimo (Claude de Varennes), Voyage de France, dressé pour l’instruction et la commodité tant des Français que des étrangers, Ruán,
1647, p. 136. <<
[188] Op. cit., pp. 56-57. <<
[189] B. N. Estampes (Od 13, pet. in-fol): Les moeurs et fachons de faire des
Turcz… contrefaictes par Pieter Coeck d’Alost l’an 1533. <<
[190] Philippe de Canaye, sieur de Fresne, Le voyage du Levant, 1573, ed.
H. Hauser, 1897, p. 40. <<
[191] Cf. V. Bérard, La Turquie…, p. 93: contraste entre Albania, sus montañas, sus ríos «violentos y removedores de suelos», sus gargantas guardadas por los dervendjis, y Macedonia, con sus aguas tranquilas y sus espumeantes cascadas. Ver, en Paul Bourget, Sensations d’Italie, 1891, pp. 88-90, el paso de Toscana a Umbría. En Toscana, brusquedad, pero con pureza, en tanto que sobre las encinas y los viñedos de Umbría se extienden
las brumas y se cierne el drama de la fiebre. <<
[192] Sobre esta precocidad de las pequeñas llanuras, estoy de acuerdo con H. Lehmann, «Die geographischen Grundlagen der kretisch-mykenischen Kultur», en Geogr. Zeitschr., 1932, p. 337. De igual manera, son los pequeños oasis los que, en el Cercano Oriente, han sido creados primero por los
hombres, como se ha supuesto con verosimilitud. <<
[193] Pierre Vilar, op. cit., I, p. 223. <<
[194] Op. cit., pp. 243 y ss. G. Marçais, «Tlemcen, ville d’art et d’hist.», en
II Cong, soc. sav. d’Afrique du N., t. I, 1936. <<
[195] G. Niemeyer, op. cit., p. 28. Esta observación es de gran alcance. Por la aglomeración en pueblos y en ciudades —y en función y a partir de ella—,
hay una organización del espacio rural. <<
[196] Sobre este punto, ver los trabajos de Julien Franc, La Mitidja, Argel, 1931, y de É.-F. Gautier, «Le phénomène colonial au village de Boufarik», en
Un siècle de colonisation, Argel, 1930, pp. 13-87. <<
[197] J. Ancel, La plaine de Salonique, 1930. <<
[198] Sobre el delta del Ebro, ver E. H. Dobby, «The Ebro Delta», en Geogr. Journal, Londres, mayo 1936. Sobre las lagunas pontinas, Schillmann, «Die
Urbarmachung der Pontinischen Sümpfe», en G. Wissenschaft, 1934. <<
[199] XII P. George, op. cit. , pp. 296-299, 310-322, 348. Del siglo al siglo XVI,
la Camarga se hizo paulatinamente más insalubre, p. 606. <<
[200] J. Lozach, Le Delta du Nil, 1935, p. 50. <<
[201] Op. cit., I, pp. 142-143. Otros ejemplos, la multiplicación de los arroyos cerca de Adrianópolis (ibid., II, 10). En Ignacio de Asso, Hist. de la economía política de Aragón, 1798 (reedición, 1947), cf. detalles sobre el «tremedal» de Benavarre (p. 84), en la llanura de Huesca (72-73), de Zaragoza (94-95), de
Teruel (186). <<
[202] B. N. París, Ital., 1220, f. 35. <<
[203] Philippe Leca, La Corse…, op. cit., pp. 213 y 270; J. de Bradi, op. cit.,
p. 25. <<
[204] En la estación lluviosa, las llanuras son lagos o campos de lodo (J. J. Tharaud, La bataille à Scutari, 1927, p. 53, a propósito de las llanuras albanesas); las extensiones cenagosas y las marismas que crea el Bojona
desbordado (ibid., p. 148). <<
[205] Por ejemplo, en 1940, en el sur de España; en enero de 1941, en Portugal; en febrero de 1941, en Siria; en octubre de 1940, en la cuenca del Ebro (informaciones de prensa). Inundaciones en Córdoba, 31 de diciembre de 1554 y 1.º de enero de 1555, Francisco K. de Uhágon, Relaciones
históricas de los siglos XVI y XVII, 1896, pp. 39 y ss. <<
[206] G. Éd. Brémond, op. cit., p. 17. Del mismo autor, Yémen et Saoudia,
1937, p. 11, n. 6. <<
[207] Los libros que se pueden consultar sobre la malaria forman legión. Puede buscarse orientación en Jules Sion, «Étude sur la malaria et son évolution en Méditerranée», en Scientia, 1938; en la obra de M. Sorre, Les fondements biologiques de la géogr. hum., 1942, y en el excelente artículo de M. Le Lannou, «Le rôle géographique de la malaria», en Annales de Géographie, XLV, 1936, pp. 112-135. Lo interesante sería poder medir y cartografiar el brote de la malaria durante la última Guerra Mundial en el Mediterráneo, a causa de la falta de quinina. Para la historia, los trabajos más importantes son los de Angelo Celli, «Storia della malaria nell’agro romano», en M. R. Ac. dei Lincei, 1925, 7.ª serie, vol. II fasc. III; The history of Malaria in the Roman Campagna from ancient times, Londres, 1933, y Anna Cellifraentzel, «Die Bedeutung der Malaria für die Geschichte Roms und der Campagna in Altertum Mittelalter», en Festschrift B. Nocht, 1927, 2 pl., 1 mapa, pp. 49-56; «Die Malaria im XVII. Jahrhundert in Rom und in der Campagna, im Lichtezeitgenössischer Anschauungen», en Arch, f. Gesch. der Medizin, XX, 1928, pp. 101-119; «la febbre palustre nella poesia», en Malariologia, 1930. Sobre la malaria en Crimea, conde de Rochechouart, Mémoires, op. cit., p. 154.
Algunos detalles del siglo XVI. La reputación de insalubridad de Chipre a causa de la malaria es tal, que en los contratos que se firman entre los peregrinos de Tierra Santa y los capitanes de las embarcaciones, estos se comprometen a no hacer escala por más de tres días en Chipre. Reinhold Röhricht, Deutsche Pilgerreisen nach dem Heiligen Lande, 1900, p. 14. Según G. Botero, op. cit., marismas pestíferas cerca de Salses, p. 5; ciudades malsanas, Brindisi, Aquila, Roma, Rávena, Alejandría de Egipto, I. 1, p. 47; Albenga, sobre la costa genovesa, posee una llanura muy rica, «ma l’aria n’è pestilente», p. 37. Los vecinos de Pola abandonan la ciudad durante el verano a causa de las fiebres y solo regresan en invierno. Philippe Canaye, Le voyage du Levant, op. cit., p. 206. Paludismo (?) de la reina de España en Segovia, en agosto de 1566, Célestin Douais, Dépêches de M. de Fourquevaux, ambassadeur de Carlos IX en Espagne. 1565-1572, París, 1896-1904, III, p. 10; acceso de paludismo de Felipe II en Badajoz, M. Philippson, Ein
Ministerium unter Philipp II, Berlín, 1895, p. 188. <<
[208] M. Sorre, op. cit., p. 388. En septiembre de 1566, las fiebres cundían por toda España (Fourquevaux dirigiéndose a la reina, Segovia, 11 de septiembre
de 1566, Douais, op. cit., III, 18). <<
[209] Op. cit., p. 263. <<
[210] Jules Lecrercq, Voyage en Algérie, 1881, sacudido por los escalofríos del paludismo en la región baja de Argelia, escribió, p. 178: «Si los europeos no
pueden vivir en los valles, ¿por qué no crean poblaciones en la montaña?». <<
[211] Entre el número de problemas que surgieron, todavía hasta hace poco, para la instalación de la capital turca en Ankara, figura la lucha contra la
malaria de la llanura vecina: Noëlle Roger, En Asie Mineure, 1930, p. 46. <<
[212] Citado por M. Sorre, Fondements biologiques, p. 344. <<
[213] W. H. S. Jones, Malaria, a neglected factor in the history of Greece and
Rome, Londres, 1907. <<
[214] P. Hiltebrandt, Der Kampf ums Mittelmeer, Leipzig, 1940, p. 279. León X, gran cazador, habría de sucumbir a un acceso de paludismo (Gonzague Truc, Léon X, 1941, pp. 71 y 79). ¿No murió Dante de malaria, como Cavalcanti veinte años antes? (L. Gillet, Dante, 1941, p. 340). Hacemos
esta suposición con todas las reservas del caso. <<
[215] P. Hiltebrandt, op. cit., p. 279. <<
[216] Bernardo Segni, Storie Fiorentine… dall’anno 1527 al 1555, 1723, p. 4.
<<
[217] J. B. Tavernier, Voyages, 1, p. 110, habla de las marismas de
Alejandreta, en 1691. <<
[218] K. Eschmid, en Werner Benndorf, Das Mittelmeerbuch, Leipzig, 1940, p. 22. A propósito de la expansión de la malaria, ¿qué hay detrás de estas líneas de Stendhal (Promenades…, II, 164): «Creo que M. Metaxa, médico
célebre, ha hecho un mapa de los lugares atacados por la fiebre»? <<
[219] A. d. S. Venecia, Brera, 54, f. 144 v. <<
[220] Francesco Guicciardini, La historia d’Italia, Venecia, 1568, p. 2 «(Italia tranquila) cultivata non meno né luoghi più montuosi et più sterili, che nelle pianure, et regione sue più fertili». Cf. las sorprendentes observaciones de Montaigne, op. cit., p. 237: en torno de Luca, después de unos cincuenta años (1581), los viñedos han sustituido en las montañas «los bosques y a los castañares», p. 248, «… el método que tienen de cultivar las montañas hasta la cima». No estoy de acuerdo con el hermoso pasaje de Michelet, La Renaissance, París, pp. 131-132. Ph. Hiltebrandt, op. cit., p. 268, ve el problema en el mismo sentido que yo. Los italianos participan en los grandes descubrimientos —¿acaso Venezuela no significa pequeña Venecia?—. Pero en aquella época la población italiana no carecía de espacio; su burguesía no sabía ver más allá del horizonte mediterráneo; por último, faltan en la península esas querellas religiosas que empujaron a los ingleses y a los
holandeses más allá de los mares. <<
[221] Herbert Lehmann, «Die Geographischen Grundlagen der
kretischmykenischen Kultur», en: Geogr. Zeitschr., 1932, p. 335. <<
[222] Auguste Jardé, Les Céréales dans l’Antiquité grecque, 1925, p. 71, referencias a Estrabón. A. Philippson, «Der Kopais-See in Griechenland und seine Umgebung», en Zeitschr. der Gesellschaft für Erdkunde zu Berlin, XXIX, 1894, pp. 1-90; P. Guillon, Les Trépieds du Ptoion, 1943, pp. 175-
195. <<
[223] M. R. de la Blanchère, «La malaria de Rome et le drainage antique», en Mélanges d’Arch. et d’hist., pub. por l’École Française de Rome, II, 1882,
pp. 94-95 <<
[224] ¿Es el primero de esos «holandeses», de esos nórdicos, el ingeniero —dijkmeester— a quien a petición del papa envió el nuncio a Ferrara en 1598, y que para bombear el agua parece que recurrió a los molinos de viento? Correspondance de Frangipani, publicado por Armand Louant, 1932, t. II, Bruselas, 13 y 17 de junio, 25 de julio y 13 de agosto de 1598, pp. 345,
348, 362-363, 372. <<
[225] Montaigne, Voyage en Italie, p. 138. <<
[226] A. von Reumont, Geschichte Toskana’s, I, pp. 358 y ss. Sobre este mismo tema, v. O. Corsini, Ragionamento istorico sopra la Val di Chiana, Florencia, 1742; V. Fossombroni, Memorie idraulico-storiche sopra la Val di Chiana, Florencia, 1789; Michelet, Journal inédit, pp. 169-170. En el siglo XVI hubo trabajos ineficaces para habilitar las tierras del lago de
Castiglione. A. von Reumont, op. cit., I, p. 369. <<
[227] I, pp. 366-367. <<
[228] A. Zanelli, Delle condizioni interne di Brescia, dal 1642 al 1644 e del moto della borghesia contro la nobiltà nel 1644, Brescia, 1898, pp. 242-243.
<<
[229] A. von Reumont, op. cit., I, pp. 363-364. Debe citarse, y también en Toscana, hacia 1550, los proyectos de saneamiento de la marisma de Ansedonia (G. Venerosi Pesciolini, «Una memoria del secolo XVI sulle palude di Ansedonia», en La Maremma, VI, 1931). H. Watjen hace notar que la gran preocupación en Toscana, bajo el reinado del gran duque Fernando, era el desecamiento de la marisma: Die Niederländer im Mittelmeergebiet, 1909, p. 35. Sobre un proyecto de habilitación de la marisma de Siena, propuesto al rey de Francia en 1556, cf. Lucien Romier, Les origines politiques des
guerres de religion, 1913-1914, II, pp. 397-398. <<
[230] Hansjörg Dongus, «Die Reisbaugemeinschaft des Po-Deltas, eine neue Form kollektiver Landnutzung», en Zeitschrift für Agrargeschichte und Agrarsoziologie, octubre de 1963, pp. 201-202; C. Errera, «La bonifica
estense nel Basso Ferrarese», en Rivista Geogr. Ital., 1934, pp. 49-53. <<
[231] Sobre las bonificaciones de tierras en el Estado Pontificio en tiempo de
Pío V, ver Pastor, op. cit., XVII, p. 84. <<
[232] B. N. París, Esp. 127, ff. 20 v. y 21. Se trata de un proyecto estudiado por la «Camera» en 1594, al cual finalmente se renunció. Sin embargo, el conde de Olivares se interesó mucho en él. Las autoridades estaban dispuestas a
apoyar la empresa. <<
[233] Sobre una eventual bonificación de tierras en Aquila, ver Giacomo Soranzo al dux, Viena, 7 de agosto de 1561, G. Turba, Venet. Depeschen, 13,
p. 191. <<
[234] Así interpreto yo el libro, oscuro a causa de la abundancia de datos, de Richard Busch-Zantner, Agrarverfassung, Gesellschaft und Siedlung in Südosteuropa, Leipzig, 1938, el cual creo que debe aclarar. Para él, al contrario que para Cvijić, el tschiftlik no es un poblado antiguo que se remonte a la Edad Media (pp. 104-105). Es una aldea reciente nacida dentro del cuadro mismo de la cronología de este libro, con una multiplicación segura en el siglo XVII. Es, pues, un poblado de colonización moderna, resultado de la bonificación de tierras. Está situado en el fondo de las planicies, cerca del agua de los lagos y de los valles, expuesto a frecuentes inundaciones (p. 124). Ömer Lütfi Barkan está de acuerdo con mi