El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Los primeros tiempos de los descubrimientos portugueses

Sin contar, además, con las ventajas de reavituallamiento casi cotidiano de víveres, agua y hasta madera, tanto más necesario cuanto que los barcos eran de poco tonelaje y que los víveres, incluso el agua potable, se corrompen rápidamente a bordo. Las naves deteníanse, pues, frecuentemente, para «hacer aguada», como dice Rabelais. Esta lentísima manera de navegar ha sido la característica de las regiones costeras, pues por cada nave de gran porte, capaz de quemar etapas, encontramos decenas de buques y pequeños veleros de vocación procesionaria. Del mismo modo que a lo largo de las rutas terrestres —las que trazó Roma en los países de Occidente—, cada una de las etapas diarias ha marcado el nacimiento de un centro de población, con impresionante regularidad, lo mismo ocurre en las costas, a lo largo de las rutas del mar: los puertos están a una jornada de navegación unos de otros. Fuera de la desembocadura de los ríos, con frecuencia inutilizables por las arenas, se utilizaban para fondear las abras de los golfos. Entre ellas, la costa

aparece muchas veces desierta[21]. A veces, en costas de regiones poco pobladas, como las del norte de África, Egipto o Túnez, encontramos con frecuencia un puerto, punto de reunión de barcos y de pescadores, con su indispensable muelle de atraque, sin que haya brotado en sus inmediaciones ciudad alguna, tierra adentro. Prueba, si fuese necesaria, de que las funciones de un puerto no siempre bastan para crear una ciudad.

Todo esto es mucho más que el aspecto pintoresco de una historia llena de colorido: es su realidad subyacente. Tendemos demasiado a interesarnos únicamente por las comunicaciones esenciales; pueden interrumpirse o reanudarse; en consecuencia, nada se pierde o se salva definitivamente. Las embarcaciones procesionarias cosen y recosen incansablemente diferentes espacios de mar que pasan inadvertidos a los grandes movimientos de la historia.

 

Los primeros tiempos de los descubrimientos portugueses

 

Por último, resulta bastante interesante la consideración de cómo los portugueses de comienzos del siglo XV se han enfrentado con el grave problema de la navegación de altura por el Atlántico, una absoluta novedad para ellos. En la expedición contra Ceuta, en 1415, había resultado patente su inexperiencia: solo con mucha dificultad habían logrado vencer las corrientes

del estrecho de Gibraltar[22]. El cronista De Barros dice claramente que sus compatriotas, en aquella época, conocían la declinación magnética y el astrolabio, pero que hasta 1415 «no estaban acostumbrados a aventurarse mar