El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
Determinismo y vida económica
Duración de los viajes realizados por los mismos barcos a la ida y a la
vuelta
La diferencia de duración entre los viajes de ida y los de vuelta es casi la misma que en los promedios anteriores (43 y 93).
Como se ve, la proporción entre los viajes de ida y vuelta es casi de uno a dos. ¿Se debe ello solamente a las estaciones? ¿No intervendrán también en esto las dificultades surgidas a causa de los vientos dominantes al emprender la ruta en dirección contraria? Esta última explicación es poco convincente. Si consideramos, en efecto, la cifra de 73 días relativa al año de 1587, veremos que esta cifra corresponde a un viaje de ida y no de vuelta, pero un viaje que no se ha efectuado precisamente en verano: el buque en cuestión partió de Venecia el 29 de septiembre de 1597 y no llegó a Trípoli hasta el 11 de
diciembre[183]. No queramos sacar demasiadas conclusiones de las magras estadísticas precedentes.
Sería temerario, evidentemente, pedir demasiado a los escasos datos estadísticos transcritos; sin embargo, nos ayudan a comprender que los viajes de invierno eran más lentos que los de estío. En este caso, las cifras responden a las hipótesis y a todas las observaciones que han podido recogerse en los documentos de la gente de la época. Para mayor seguridad, hemos establecido un último cuadro, en el cual solo figuran, por lo menos según todas las apariencias, los viajes de ida y vuelta hechos por los mismos buques.
Determinismo y vida económica
Es obvio que tales cálculos, que aparecieron en la primera edición de este libro, no nos sirven para resolver adecuadamente los problemas que estamos tratando. Después de aquella fecha he estudiado analíticamente el caso de los
portate [184] liorneses, sin conseguir añadir nada nuevo al debate. Dudo mucho que un estudio de los registros portuarios cuya existencia conocemos (en Barcelona hay archivos, pero es difícil tener acceso a ellos; en Ragusa-
Dubrovnik, solo a partir de 1563[185] están ordenados los datos y resultan fácilmente accesibles; en Génova hay una tal ingente cantidad de documentos
que desanima a cualquier investigador)[186], dudo mucho, digo, que un estudio sistemático pueda llevarnos lejos. La impresión que se va imponiendo, sea justa o errada —pero que yo sospecho justa—, de que el determinismo ocasionado por la sucesión de las estaciones, evidente cuando se trata de la vida rural, se ve continuamente contrarrestado por la voluntad del hombre, particularmente en las ciudades. El invierno en el mar es un obstáculo, pero las barcas lo superan en las distancias cortas, y los grandes veleros en los viajes largos, aunque siempre dispuestos a arrojar por la borda, en caso de peligro, las balas de lana o los toneles de trigo, y más de una vez cabalgan sobre una ola, al menos por unos instantes, a semblanza di veloci
delfini[187]. No hay duda de que el invierno en las montañas era un obstáculo, sobre todo en los Alpes, pero ya hemos visto antes cómo, pese a ello, se las franquea regularmente.
FIGURA 22. Movimiento de negocios del «Fondaco dei Tedeschi» en Venecia. Según los censos pagados a la señoría. Este documento, como otros que podrían señalarse, no muestra las fluctuaciones estacionales que podrían permitirnos sacar conclusiones sobre la casi paralización del comercio en la época invernal. Pequeño detalle: recordamos que el año comienza en Venecia el 1 de marzo.
Abundan pruebas irrebatibles de esta vida invernal replegada. La más inesperada es, probablemente, la que nos proporcionan los bancos napolitanos invirtiendo regularmente durante el invierno en rentas el dinero de sus clientes, mientras en verano lo emplean en la compra de gran cantidad de productos agrícolas del reino, lo que les permite provechosas