El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
Las cartas: un caso especial
LA ELASTICIDAD DE LAS NOTICIAS
(Según Pietro Sardella)
I indica las localidades en relación con Venecia; II, el número de casos estudiados; III, el número de casos normales; IV, el tiempo máximo (en días); V, el promedio aritmético ponderado (en días); VI, el tiempo normal (en días); VII, el tiempo mínimo (en días); VIII, el tiempo normal, calculado sobre la base del tiempo mínimo = 100, o, en otros términos, la proporción entre el tiempo mínimo y el tiempo normal.
Las cartas: un caso especial [I-484]
Sería mucho mejor que estas aproximaciones poco satisfactorias poder contar con una serie de medidas homogéneas. Es lo que ofrecen las cartas (¡otra vez las cartas!) enviadas por gobiernos, embajadores, mercaderes y particulares. De 1497 a 1532, Marín Sanudo, que está siempre al día de los dichos y hechos de la señoría de Venecia, ha mantenido un fiel registro de la llegada de cartas y noticias, lo que nos provee de un total de 10 000 datos utilizables. Esta enorme masa de material ha sido sometida por Pietro Sardella
a las leyes del análisis estadístico[49] y los resultados obtenidos son los que resumimos en el cuadro de la p. 483 y el mapa de la figura 28 (p. 488). Con todo, debemos ser muy prudentes, si queremos interpretar con exactitud el testimonio que ofrecen estas noticias que llegan a Venecia, y nunca pedirles más de lo que nos pueden brindar.
Una cosa es cierta: es muy heterogéneo el espacio que comprenden; falta en absoluto la isotropía. Si tomamos la distancia París-Venecia como radio y describimos un círculo teniendo a Venecia como centro, habremos trazado un espacio isótropo, circular, en el que las noticias (como la luz, aunque más lentamente) se propagan uniformemente desde todos los puntos de la circunferencia hacia su centro. Pero, como es natural, nada ocurre así en el espacio que estamos considerando: las noticias aflojan el paso al toparse con los obstáculos naturales, como lo son los Alpes, el canal de la Mancha o el mar. Los movimientos rápidos dependen de la buena voluntad de los hombres, de sus cálculos y de sus necesidades. De 1497 a 1532 Venecia está constantemente pendiente de cualquier decisión del rey de Francia, lo mismo que de todo rumor o noticia proveniente de este país, y desde París corren hacia ella estas preciosas mercancías.
Nuestros mapas imponen una regularidad artificial a los viajes realizados por estas noticias en movimiento. En la realidad sus viajes son extremadamente imprevisibles y muy amplias las oscilaciones del tiempo en que los realizan (véase la columna VII: relación de tiempos mínimos a normales) y estas serían mayores si comparásemos el mínimo con el máximo. Una pequeña sorpresa: el coeficiente de irregularidad parece estar en razón inversa a la distancia recorrida. Y la cuestión se agrava —aunque era de esperar— cuando entra en juego el mar. Por eso no puede sorprender que Zara establezca una marca (de 1 a 6), considerando que reúne dos condiciones: la primera, estar muy cerca de Venecia; la segunda, estar separada de ella por el imprevisible Adriático.
En resumen: este cuadro nos proporciona una base de conjunto para comparaciones y comprobaciones. Su único defecto (o su virtud, según se mire) es que todos los tiempos así establecidos son relativamente rápidos. Nos testimonian la vigilancia y los medios de que podía disponer una ciudad tan rica como Venecia. Corresponden a un sistema de comunicaciones en constante alerta. Saber lo que está pasando en París, en Valladolid o en Constantinopla no es para Venecia cuestión de curiosidad, sino de prudencia.
Si pasamos a considerar otros complejos de noticias comprobaremos que la vivacidad es muy diferente. En las oficinas de Felipe II se amontonan las cartas llegadas de todas las ciudades de Europa. Era costumbre escribir al
dorso de la última página (la carpeta)[50] las fechas de envío y de llegada y, no menos preciosas pero más raras, las de la respuesta. Cientos de miles de datos se ofrecen así a la paciencia del investigador dedicado al análisis estadístico. Felipe II, salvo algunos viajes a Córdoba, Lisboa, Zaragoza o Valencia, apenas si se ha movido del corazón de Castilla después de su vuelta de los Países Bajos en 1559. Si se producen a veces dudas acerca de sus corresponsales o acerca del trayecto seguido por las cartas, estas dudas por lo general se pueden aclarar.
Era tentador utilizar estos datos encontrando en ellos medidas análogas a las de Pietro Sardella, tomando de nuevo Venecia como centro de coordenadas. Para el trayecto Madrid-Venecia (si admitimos que es equivalente al trayecto Valladolid-Venecia de los cálculos de Sanudo) vemos que, de los 40 casos considerados a finales del siglo XVI, en cuanto a la correspondencia de los representantes de España en Venecia, el tiempo más breve es de 22 días (contra 12 que nos da Sanudo), y el más largo, de 85 (he omitido un caso aberrante de 145 días). La media aritmética, no estadística, es de 40 días (frente a 29, media estadística de P. Sardella). Para la distancia Constantinopla-Venecia, 16 casos registrados durante estos mismos años dan una duración mínima de 29 días y una máxima de 73; la media se establece
alrededor de cuarenta y un días y medio[51]. Esta vez nos encontramos más cerca de las cifras de Sardella (establecidas, es cierto, a partir de un número mucho mayor de ejemplos), aunque siempre por encima de ellas. Conclusión: ¿será posible que las comunicaciones a lo largo del eje más ancho del Mediterráneo les resulten a la España y la Venecia de fin de siglo tan difíciles e inseguras como lo habían sido en los primeros tiempos? Necesitamos más pruebas antes de poder contestar con certeza esta pregunta.
En todo caso, tanto en nuestros cálculos como en los de P. Sardella, Venecia resulta estar a mitad de camino (muy a grosso modo) entre Madrid (o Valladolid) y Constantinopla: 40 o 41.5 en nuestras medias, 29 y 37 según las de Sanudo, es decir, un universo Mediterráneo cuya longitud máxima oscila entre los 80 y 66 días, cifra superior en todo caso a la dimensión de 52 días que habíamos obtenido arbitrariamente sumando el tiempo Alejandría-Liorna