El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Las etapas del Barroco

 

Según Jacob Burckhardt, son los historiadores alemanes, H. Wolfflin, A. Tiegl, A. E. Brinckmann, W. Weisbach…, quienes imponen y hacen triunfar

el concepto del “Barroco”.[380] En la nave botada por ellos viajan luego muchos otros. El intento representa, en sus principios, un útil ensayo de clasificación, el reconocimiento de una capa de arte, si se quiere, a la manera de una capa geológica. A la cadena del romano, el Gótico y el Renacimiento

se añade un cuarto eslabón, el del Barroco,[381] inmediatamente antes del Clasicismo, de inspiración francesa. Palabra que tal vez no responda a un concepto muy claro y simple, puesto que se nos describe el Barroco como un edificio de tres y hasta de cuatro pisos.

Generalmente, se disciernen sus orígenes en la Pietà que Miguel Ángel esculpió para la basílica de San Pedro entre los años de 1497 y 1499, y también las Stanze de Rafael, los tumultuosos movimientos del Incendio de Borgo y del Heliodoro expulsado del templo, y hasta la Santa Cecilia de Bolonia, en la que, según Émile Mâle, se percibe ya algo del genio de los

nuevos tiempos.[382] Y aún se añade que podríamos encontrar también los orígenes “del lenguaje gestual del Barroco” (la horrenda expresión no es[II-235]

nuestra)[383] en el boceto de la Batalla de Anghiari o (ahora, fuera de Italia) en ciertos grabados de Alberto Durero… Todo lo cual forma, a la verdad, una extraña mescolanza. Se precisa que uno de los padres indiscutibles del Barroco es Correggio, el Correggio de la Ascensión de la Virgen, en Parma.

[384] Para ser un Barroco completo sólo le falta una cosa: expresar un mayor desdén hacia los goces terrenales y hacia la belleza del desnudo. Ese desnudo por el que Miguel Ángel siente tanta predilección; pero, en cambio, su gusto por lo grandioso y por lo patético, su terribilità son, se nos dice, lo mismo que la grazia de Rafael y el movimiento y los juegos de luces de Correggio, los primeros dones que las hadas benéficas ponen en la cuna del Barroco. El recién nacido, adornado con tales dotes, no tardará en crecer. Es casi adulto al morir Correggio, en 1534, y ya en toda su talla cuando Miguel Ángel, después de siete años de agotadora labor, da cima, en 1541, a su Juicio final, en el que

reviven “los terrores de la Edad Media”.[385]

Después del saqueo de Roma, en 1527, y de la toma de Florencia, en 1530, había caído bruscamente el telón sobre los esplendores del

Renacimiento. “El espantoso saqueo de Roma”[386] se les antojó a las personas de la época como un juicio de Dios. Recordó a la ciudad, de pronto, su misión cristiana. Mientras Clemente VII resistía a los asaltantes en el castillo de San Ángel, la ciudad fue, durante meses, presa de la soldadesca y del saqueo de los campesinos. Nada fue respetado. Los discípulos de Rafael se dispersaron: Penni se trasladó a Nápoles, Pierino de Vaga pasó a Génova, Julio Romano a Mantua, de donde ya no quiso salir. “Los discípulos de Rafael no tuvieron, pues, discípulos”, concluye Stendhal quizá demasiado

precipitadamente.[387] Demostrábase así, una vez más, la fragilidad de la vida artística, de la vida del espíritu. “Un segundo juicio de Dios”, fueron el sitio y la toma de Florencia, cuya violenta acción sobre la vida económica, según ha demostrado Parenti, vino a renovar en 1530 el desastre de 1527. “Algo murió

—entonces—, y muy de prisa.”[388] Surge una nueva generación, que sería,

según Juliano de Médicis, más espartana que ateniense;[389] nuevas modas se[II-236] imponen. Muere el Renacimiento, y tal vez la misma Italia. Triunfan la maniera, el amaneramiento, la imitación, el énfasis, la ampulosidad, que dan sus rasgos característicos a la obra de los alumnos supervivientes de Rafael, y

su academismo hará escuela.[390]

La pintura es el primer arte que recibe esta fuerte ráfaga de viento. Comienza la época de los “Amanerados”, a la que Ludovico Dolce dará, en 1557, su definición y su programa, en un alegato en toda forma en pro de la

maniera [391] . Toda Italia se impregna del nuevo estilo, a partir de 1530-1540, salvo Venecia, donde hay, desde luego, algunos manieristi, pero donde sigue pintando todavía, durante largo tiempo, el irreductible Tiziano.

El siglo XX rebautiza ese “Manierismo” con el nombre de pre-Barroco: es

el largo periodo ilustrado por Tintoretto y que muere con él, en 1590.[392] La última obra maestra de esta época es el inmenso Paraíso, pintado entre 1589 y 1590 en la sala del Gran Consejo de Venecia. Y casi en seguida entra en escena el Barroco I, cuyo introductor fue, según G. Schnürer, aquel Federico Baroccio, de Urbino, cuya célebre Madonna del Popolo aparece colgada en

los [393] Uffizi . Baroccio hizo escuela en Italia, hasta 1630, aproximadamente. ¿Era el fin de la tendencia? No, pues de este Barroco italiano se deriva en línea directa el vigoroso arte llamado a imponerse en Suiza, en la Alta Alemania, en Austria y en Bohemia, hasta los siglos XVIII y XIX, apoyado en una inspiración popular bastante espesa, que le infunde una savia que jamás había llegado a tener en el momento de su gran época italiana. Es aquí, por lo demás, en los territorios de la Europa Central, donde la palabra “Barroco” (cualquiera que fuera su origen) comienza a aplicarse en el siglo XVIII a un arte ya próximo a extinguirse. De aquí, según declaran los eruditos alemanes, la ecuación barroco = alemán. Ecuación falsa, si nos atenemos a las fuentes.