El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Los portugueses en Guinea: continúa llegando oro al Mediterráneo

en oro[48]. En todo caso, a la altura de 1515, y según nos cuenta León el Africano, los tejidos venecianos se vendían en Tombuctú a precios exorbitantes y la aristocracia local estaba seriamente endeudada con los

mercaderes levantinos y magrebitas[49]. Así era la coyuntura económica general, pero la coyuntura económica local también representaba su parte: en última instancia la reserva de oro dependía de la elasticidad de la producción en las tres zonas donde se buscaban pepitas de oro por el procedimiento del

lavado, zonas nada misteriosas que siguen siendo notorias en la actualidad[50]: el Alto Senegal, el Alto Níger y la costa guineana.

 

Los portugueses en Guinea: continúa llegando oro al [I-622]

Mediterráneo

 

El avance de los portugueses a lo largo de la costa atlántica africana fue un acontecimiento de la mayor importancia. Al llegar a cabo Blanco se produjo el primer contacto entre los descubridores y los Mouros Brancos de Berbería, y un poco de oro en polvo emprende la ruta del océano. Hacia 1440 llegan al golfo de Guinea, y el resgate de esclavos, del oro y del marfil tiene lugar en las desembocaduras de los ríos, en las ferias locales, a cambio de tejidos de colores vistosos, casi siempre de mala calidad, a cambio de anillos, brazaletes y escudillas de cobre, a cambio de tejidos de lana ordinaria, amén de trigo y caballos. En 1444 el primer convoy de esclavos negros pisaba en Lagos la tierra portuguesa. En 1447 se creaba el cruzado, la primera moneda de oro nacional de los portugueses. En 1460, fecha de la muerte de Enrique el Navegante, se podía considerar virtualmente cumplida la colonización de la costa de Guinea. La conquista se corona en enero de 1482 con la inesperada edificación, en el espacio de unas pocas semanas, del castillo de San Jorge da Mina, construido con materiales traídos de Portugal, en particular piedras ya talladas.

La inmediata prosperidad de los cambios (oro, esclavos, marfil y sustitutos de la pimienta, entre ellos la malaguetta) es evidente. En lo concerniente al oro, las explotaciones se llevaban a cabo tanto en nombre del rey como en el de particulares. Es probable que durante el periodo 1500-1520

se hayan exportado unos 700 kilogramos de oro al año[51]. Se produce un evidente declive a partir de 1520, y hacia 1550 se inicia una larga crisis que va a durar por lo menos hasta 1580, o, para ser más exactos, hasta 1600. A partir de 1605 se inicia la explotación holandesa. De modo que podemos distinguir tres periodos en el comercio del oro africano: uno de conspicua actividad que va de 1440 a 1520-1550, al que le sigue una larga recesión entre 1550-1600, y, finalmente, un nuevo ímpetu que comienza con el nuevo

siglo[52].

Ese largo periodo de recesión que va de 1520 a 1600 resulta muy difícil de explicar. Hay tres causas plausibles: en primer lugar, la competencia inglesa, francesa y española durante estos años de declive (contamos con pruebas evidentes y numerosas); en segundo lugar, el aumento de los gastos de explotación que repercute en las armadas y guarniciones portuguesas, lo que convierte al oro en demasiado caro (argumento perfectamente plausible); y por último, la competencia del oro americano: el oro ha sido la primera exportación del Nuevo Mundo a Europa: 43 toneladas de oro desembarcadas oficialmente en Sevilla entre 1551 y 1560, es decir, más de cuatro toneladas al año frente a un máximo de 700 kilogramos suministrado por el África de las costas atlánticas.

Pero lo más importante que debemos tener en cuenta es que la ruta atlántica del oro no ha interrumpido los viajes saharianos del oro a través del Sahara y el norte de África hasta el Mediterráneo. Prueba evidente nos la proporcionan las monedas acuñadas en Sicilia y las reexportaciones de oro

tanto en moneda como en lingotes desde la propia isla. En 1489[53], lo mismo que en 1455, los envíos masivos de trigo siciliano a África (75 000 quintales) traen como contrapartida la llegada de casi media tonelada de oro. La actividad de los venecianos nos proporciona más pruebas: las galere di Barberia continuaban frecuentando los puertos del Magreb y cargando allí oro. En diciembre de 1484 son capturadas dos de estas galeras por la flota de los Reyes Católicos, et una cum ingenti auri quantitate, se lamentan en

Venecia[54] [55] . En 1505 y 1506, Michiel da Leze, mercader veneciano, da sus instrucciones a su agente a bordo de las galeras de Berbería. En cada uno de los dos viajes le confía monedas de plata y tejidos (la primera vez, 2000 ducados en piezas de plata, di moneda di Zeccha, y paños escarlata; la segunda 3000 ducados in macenigi di Zecchia, camelotes de Alepo y cariseas). Todo ello debía ser cambiado por tanti hori boni, orj che sieno boni. Se trata de oro en polvo que el agente hará fundir en la Casa de la Moneda de Valencia una vez que las galeras toquen en España, y que usará en lo posible para comprar lana.

Vemos que 10 años más tarde el tráfico continúa manteniéndose. El 15 de julio de 1519 se da la orden de que tres galeras ligeras salgan de Corfú para llevar de Túnez a Zara li ori de li mercadanti de le galie nostre de Barberia et

altro haver sottile [56] , oro y mercancías preciosas. Indicación similar en junio de 1521: los mercaderes piden que se lleve a Venecia li ori che se trovarono

haver de Tunis[57]. Los archivos conservan otras muchas relaciones de

semejantes viajes[58]. ¿Supervivencias de un tráfico agonizante? Pero ya hacía casi tres cuartos de siglo que los portugueses habían abierto una brecha en el Atlántico en beneficio de su comercio. La cronología es poco más o menos la misma en el caso de Francia: Le traficq de la Barbarie est fort perdu, se dice en la Casa de la Moneda de Montpellier, pero en 1518 se añade: «las pailloles (el oro en polvo) no vienen a parar a esta Casa sino a otras partes». «Ya no se trae oro de la región de Berbería a causa de las guerras», nos dice otra

persona, pero esta afirmación tiene fecha del 10 de octubre de 1526[59]. En 1525 tendrá lugar el último viaje de las galere di Barbaria. Debió ser en las proximidades de estas fechas (precisando, hacia 1524), si es correcta nuestra

interpretación de una decisión posterior del Consejo de los Diez[60], cuando Venecia vio declinar las arribadas de oro o de monedas de oro con destino a

ser fundidas. Sin embargo, de 1524 a 1531[61] se acuñarán 29 617 marcos, es decir 4231 al año: el triple del volumen del oro de la explotación del Sudán. Es evidente que Venecia no dependía únicamente de los mercados de oro del África del Norte.

Sin embargo, y en ausencia de documentos claros, uno se puede preguntar qué es lo que se oculta exactamente tras los avatares del ducado. Este cesa de ser una pieza de oro real en 1517, y se convierte en una moneda de cuenta sometida desde ese momento a la invariable tasa de seis lire y cuatro soldi.

Foto: B. N. París

14. Velero del Atlántico. Posiblemente el pequeño navío La Cordelière o, quizás, La Mareschalle que se incendió el 10 de agosto de 1512 en la estrecha entrada (le Goulet) del puerto de Brest. B. N. Fr. 1672, f. 9 v.

Foto: Β. N. París.

15. Toma de Cádiz por los ingleses, 1596 B. N. París, 13 702.

16. Veleros grandes y veleros pequeños. Al largo de Malaca un enorme navío portugués se ve atacado por pequeños veleros ingleses y holandeses (14 de octubre de 1602). J. Th. de Bry, Indiae orientalis pars septima, Fráncfort, 1606, pl. XII. B. N., Res. G 412.

17. Galeras y navíos redondos en el océano Atlántico. La expedición de 1585 contra las Azores. Fresco mural en la Sala de Batallas de El Escorial. En tierra, tropas desembarcadas.

Foto del Museo

18. Navío redondo. Modelo que reproduce con gran fidelidad el navío que condujo a Carlos V a Argel (1541). Museo Nacional de Baviera, Múnich.

Pero evitemos llegar a la conclusión —creyendo que la moneda de cuenta se puede parangonar con nuestros billetes de banco (aunque la comparación resulta aceptablemente valiosa por lo que ayuda a la comprensión) imaginándonos que la situación de 1517 es comparable con una de las múltiples inflaciones de nuestra época—, evitemos llegar a la conclusión, repito, de que la moneda veneciana se ha separado del standard oro. El ducado, moneda viva, se limitó a alinearse en la misma categoría —y a encabezarla— que las monedas ficticias como el soldo y la lira. El cequí, moneda real, vale seis lire y 10 soldi en 1517 (es decir seis soldi más que el

ducado); 10 años más tarde, en 1526, vale siete [62] lire y 10 soldi. ¿Se trata simplemente de una prima para atraer el oro?

 

FIGURA 38. El curso del cequí veneciano.