El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
Guerras internas y externas
de lo que sería el Siglo de Oro de Felipe II y Felipe IV.[30] Hay que distinguir, pues, entre las bancarrotas intencionales y las impuestas —al menos en parte — por las circunstancias. El historiador debe cuidarse mucho de no considerarlas como idénticas, pese a la monótona similaridad de los síntomas que las anuncian.
Guerras internas y externas
La guerra se presta en mayor grado a un intento de clasificación. Ya
hemos distinguido anteriormente dos tipos de guerra: [31] las internas (tanto en[II-328] la cristiandad como en el islam) y las externas (entre dos civilizaciones hostiles). Se puede afirmar que tanto la Yihad como la Cruzada se ven invariablemente favorecidas por el mal tiempo económico. Y al contrario, las guerras fratricidas entre cristianos o entre musulmanes van siempre precedidas por una economía en marea ascendente, y se ven automáticamente suspendidas en cuanto ésta inicia el reflujo. Así vemos que los grandes acuerdos diplomáticos de la cristiandad (1529: paz de las Damas; 1559: tratado de Cateau-Cambrésis; 1598: paz de Vervins) ocurren en los puntos máximos de nuestra gráfica o muy cerca de ellos; al contrario, las grandes batallas turco-cristianas (La Prevesa: 1538; Lepanto: 1571) ocurren cuando lógicamente se podía esperar, es decir, en periodos de recesión. No afirmo, de ningún modo, que esta correlación sea perfecta, y mucho menos inevitable. Los turcos toman Belgrado en 1521 y la batalla de Mohacs ocurre en el verano de 1526: ambos acontecimientos, de acuerdo con nuestro modelo, no deberían haber sucedido. Otra discrepancia: Carlos VIII ha cruzado los Alpes en septiembre de 1494, mientras que, según el análisis sugerido, las guerras de Italia no tendrían que haber comenzado hasta 1509 (¡el año —no puedo dejar de señalarlo— de Agnadello!). Pero, si este calendario no vale para la Francia de Carlos VIII y Luis XII, vale en cambio para la España de los Reyes Católicos: el periodo 1483-1509 es testigo de la conquista de Granada y de las expediciones contra el norte de África. Y estas últimas se multiplican entre 1509 y 1511, para cesar en el momento que se reavivan las llamadas
guerras de Italia.[32]
Sin querer dar demasiado énfasis a mi premisa, ni suprimir inconvenientes evidencias en contra, quiero hacer notar que las guerras de Italia, si bien iniciadas en 1494, tienen en su primer tiempo un pulso muy flojo. Lo mismo ocurre en las circunstancias de 1521-1525: abren Hungría a los turcos, desde luego, pero algunos historiadores han sostenido que Hungría no será suya hasta mucho más tarde, tras un lento proceso de conquista que no llega a término sino hacia 1541.
Podemos observar, en cambio, que a finales del siglo XVI, a partir de 1595 —y por tanto exactamente en el momento que nos lo podíamos esperar— cristalizan los proyectos antiturcos: se planea una cruzada contra ellos (aunque bien es verdad que no se llevó a cabo). Sin embargo, una guerra de corsos recíproca se enciende por todo el Mediterráneo con una intensidad tan[II-329] anormal que no puede explicarse únicamente con razones técnicas, económicas o de iniciativa personal; pasiones aparte, la expulsión de 300 000 moriscos del territorio de España ocurre entre 1609 y 1614, y es una guerra tremendamente atroz; finalmente, y en torno al 1621, año crítico, la guerra nacida en Bohemia en 1618 encontrará el adecuado combustible y destrozará el corazón de la Europa Central: el drama de la guerra de los Treinta Años comienza puntualmente.
Estas coincidencias nos enseñan algo: cuando reina el buen tiempo se pelea en el interior, y cuando el malo, con los infieles. La regla vale también para el islam: de Lepanto al reemprendimiento de la guerra contra Alemania, en 1593, Turquía, volviéndose hacia Asia, se lanza a una fanática guerra contra Persia. Lo dicho permite quizá un posible psicoanálisis acerca de los orígenes de las grandes guerras.
Añadamos que, en el marco de la cristiandad, todos los movimientos antisemitas obedecen a la coyuntura de la guerra contra el exterior. El judío se verá perseguido en todo el mundo cristiano durante los periodos de depresión económica.