El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
El reino del papel
Enormes cantidades de dinero cambiaban de mano en estas ferias. Según
Davanzati[295], a partir de 1588 se producía un movimiento de más de 37 000 000 de escudos de marco, y unos años más tarde, si hemos de creer a
Domenico Peri[296], la cifra se elevaba hasta los 48 000 000. Las cotizaciones del cambio se pueden reconstruir gracias a la correspondencia comercial que ha sobrevivido. Pero mientras no se consigan encontrar las cuentas y correspondencia de al menos uno solo de los banqueros genoveses, únicamente podremos tener una visión desde fuera de lo que ocurría en las ferias. Toda la fortuna de los genoveses se apoya en un mecanismo tan sutil como sutilmente utilizado. Su imperio es el del papel, como comentaba humorísticamente un agente de los Fugger en España, cuando les acusaba en 1577 «de tener más papel que dinero contante»: mehr Papier als
Baargeld[297].
El reino del papel
La época del papel moneda negociable no comenzó en Plasencia en 1579, con la primera de sus ferias. Todo aquel siglo había preparado su advenimiento. Pero, a partir de 1566, o mejor aún de 1579, asume una importancia tan grande que todos aquellos que en mayor o menos grado intervengan en el juego del mundo de los negocios lo advertirán. Desde el momento que comenzaron a diferenciarse las tareas específicas comenzó a distinguirse la ocupación de banquero de las otras actividades comerciales: banquero, o mejor aún, financiero, puesto que desde el primer momento las operaciones bancarias se ejercían con el dinero de los príncipes. Nosotros los historiadores debemos tratar de comprender lo nueva y extraña que les parecía a los contemporáneos semejante profesión, si queremos entender el asombro que les producía. Las personas sabias y honestas habían dado siempre por supuesto que el dinero sigue a las mercancías; para ellos, un cambio real es el que resulta de ese comercio leal. Pero que el dinero pueda permitirse una existencia propia, separado de las mercancías, o que —como ocurría en Plasencia— todo termine en un juego de papeles escritos, era algo que les resultaba muy difícil de aceptar. El propio Felipe II confesaba no entender
nada en lo referente a los cambios[298]; ello puede haber contribuido en no pequeña medida a la hostilidad que demostró a los genoveses.
En Venecia, todavía inmersa a medias en su propio pasado, el papel será durante mucho tiempo un discreto visitante. Un documento veneciano de
1575[299] calcula el total de los enormes préstamos de guerra concedidos en el periodo de la lucha contra los turcos en más de 5 500 000 de ducados. De esta cantidad, solo 216 821 ducados, es decir, menos de 4 % se habían suscrito en lettere di cambio. Pero este dato no es en sí conclusivo: los préstamos se hacían en plaza y era lógico pagarlos en lingotes de oro (57 772) o de plata (1 872 342) o en monedas (3 198 420). Pero nunca faltará un veneciano dispuesto a protestar siempre que haya una ocasión propicia contra la multiplicación del papel y las operaciones, honestas o no, que permite. Se convierten a veces en jueces muy severos, como en el caso de ese embajador
veneciano que escribe desde Madrid a la señoría, en 1573[300], que los asentistas genoveses desprecian el auténtico y honesto comercio de las mercancías, y solo se ocupan de la negoziatione dei cambi, declarando que ocuparse de mercancías sería cosa da bezarioto et da gente più bassa, buena para quienes no tienen zapatos que ponerse y personas de la más baja condición. Son comprensibles estos sentimientos a la altura del año 1573. Pero 30 años más tarde, en una Venecia que pasaba en aquellos momentos por un breve siglo de las luces —y que se desvanece con excesiva rapidez—, aparecen muchos espíritus interesados en cuestiones económicas: Leonardo Donà, por ejemplo, del que conocemos excelentes discursos —un poco floridos a veces, pero muy claros— sobre el comercio, la política y el dinero. Por eso resulta difícil comprender que siga habiendo gente atónita ante la proliferación del papel, ante la novedad de estos pagos que ahora se hacen a través del cambio en lugar di farsi con denari (en lugar de hacerse con numerario). En cuanto al re-cambio con su secuela de saltos y fugas de control, que se acaba de introducir en Venecia por iniciativa de los banqueros extranjeros, florentinos y genoveses, les parece un pernicioso et perpetuo ziro tramercante e mercante, godendo quali banchieri particolari la facultà de
infiniti négocianti[301]. En resumen: los mercaderes y ricos de Venecia solo a la fuerza han sido empujados dentro del mundo, para ellos aberrante, de las fieri di Bizensone.
Pero, pese a ellos, ese mundo era un mundo razonable que poseía la llave del futuro, y las operaciones que en ese mundo se realizaban eran operaciones inteligentes, a despecho de las críticas de quienes no comprendían el juego. Este acontecimiento del papel, su difusión, si no su primera aparición, marcan el comienzo de una nueva estructuración de la vida económica de una nueva dimensión suplementaria con la que habrá que contar a partir de ese momento. Los genoveses han sido los precursores a este respecto y muy pronto han disfrutado de todas las ventajas que traen consigo esas novísimas técnicas. Su error ha radicado en confiar en exceso en la superioridad obtenida en este campo y —lanzándose a proezas financieras— en abandonar el comercio atlántico —en el que estaban tan ventajosamente situados— en