El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

III. Las islas

III. L [176] [I-195] AS ISLAS

 

Las islas del Mediterráneo son mucho más numerosas, y sobre todo mucho más importantes, de lo que, por lo general, se supone. Algunas de las mayores —Cerdeña, Córcega, Sicilia, Chipre, Candía, Rodas— son, por su extensión, continentes en miniatura. Otras, menos extensas, forman con sus hermanas archipiélagos, familias de islas. Pequeñas o grandes, su importancia proviene de que son indispensables escalas a lo largo de los caminos del mar y de que forman entre sí, y a veces entre ellas y el continente, aguas relativamente tranquilas, siempre preferidas por la navegación. Al este, por ejemplo, se encuentra el archipiélago Egeo, disperso en el mar hasta el punto

de confundirse con él[177]; en la región media del Mediterráneo tenemos el grupo de islas comprendidas entre Sicilia y el África; al norte, las islas jónicas y dálmatas, que se extienden a lo largo del litoral balcánico como un convoy de buques en cuya popa ondease el pabellón de San Marcos. Aunque más bien que de una, debiéramos hablar de dos flotillas de islas: una en el Jónico, de la que forman parte Zante, Cefalónica, Santa Maura y Corfú; la otra en el Adriático, formada por las islas dálmatas entreveradas después de Meleda y Lagosta, hacia el sur, hasta llegar a las de Quarnaro, Veglia y Cherso, junto a Istria, por el norte. Entre los dos convoyes, el jónico y el dálmata, queda un espacio intermedio bastante extenso, que comprende la inhóspita costa de Albania y el pequeño territorio de Ragusa. Pero la cadena de estas islas, engarzadas como eslabones, lleva de Venecia a Creta, y de Creta arranca, como es sabido, una gran ruta comercial que, pasando por Chipre, va hasta las costas de Siria. En torno del gran eje de su poderío, estas islas constituyen una verdadera flota inmóvil de Venecia.

No son menos importantes los grupos de islas del mar del oeste: en las proximidades de Sicilia tenemos la isla de Stromboli, las islas de Sotavento, las Lipari y, más al norte, el archipiélago toscano, donde a mediados del siglo XVI edificó Cosme de Médicis la fortaleza de Porto Ferraio en la isla de Elba; a lo largo de las costas de Provenza, las islas de Hyères, las islas del Oro; más hacia el oeste, en medio de las grandes soledades marinas, está el archipiélago de las Baleares, que agrupa las islas de Mallorca, Menorca, Ibiza —la isla de la sal— y el difícilmente accesible peñón de Formentera. Este archipiélago ha tenido siempre una importancia decisiva; todo un sector de la historia del mar gira en torno suyo.