El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
Algunas certezas
Todas las poblaciones que vamos a considerar pertenecen a lo que ha sido definido como d’ ancien régime, es decir, anterior a los nuevos equilibrios del siglo XVIII. Todas ellas se caracterizan por agudas fluctuaciones, por tasas de mortalidad terriblemente superiores a las de natalidad, y la vida esforzándose mientras tanto, y pacientemente, en equilibrar lo desequilibrado. La larga
curva dibujada por los bautismos de Florencia[32] evidencia con toda claridad las fluctuaciones de la coyuntura biológica natural, sometida probablemente a fluctuaciones de orden puramente económico. Ancien régime: las tasas de natalidad y mortalidad corresponden, grosso modo, en todos los casos que nos son conocidos, a los de las naciones subdesarrolladas de un pasado reciente e incluso de hoy, y que se establecen más o menos en 40 por cada 1000.
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FIGURA 37. Bautismos en Florencia, 1551-1600. La curva asciende hasta 1570; a continuación se produce una cierta estabilidad hasta el año 1600, con una media anual de 3000.
En Tudela del Duero, un gran pueblo vitícola cercano a Valladolid[33], la tasa de natalidad oscila, entre 1531 y 1579 (para los periodos 1531-1542, 1543-1559, 1561-1570, 1572-1578 y 1578-1591), de 42.7 por cada 1000 a 49.4, 44.5, 54.2 y 44.7. El coeficiente récord, 54.2 (para el periodo 1572-1578), es ficticio, pero las cifras están muy por encima de la natalidad natural, que es de 40 por 1000, cantidad que, por otra parte, no alcanza
Palencia[34], ciudad de Castilla, en el periodo comprendido entre 1561 y 1595, en cuyos años la tasa de natalidad oscila entre 34.81 y 37.48 por cada 1000, pero no hay que olvidar que Palencia es una ciudad. Cifras semejantes a las de Palencia las podemos encontrar en Bolonia (1581, 37.6; 1587, 37.8; 1595, 35.8; 1600, 34.7; 1608, 34.6 por cada 1000), y ligeramente inferiores en Venecia (1581, 34.1; 1586, 31.8). Pero evitemos caer en la tentación de decir que el coeficiente de nacimientos crecía en razón inversa al de la riqueza, pues las robustas cifras casi campesinas que ofrece Florencia lo contradicen
(1551, 41.1; 1559, 35.6; 1561, 46.7; 1562, 41.9)[35].
Pero volvamos a los pueblos que rodean Valladolid. El porcentaje de matrimonios en Villabáñez (1570-1589) era de 8 por cada 1000, con intervalos de 33 meses entre nacimientos; y la relación entre nacimientos y matrimonios, de 4.2 o un poco más baja. En Simancas (1565-1590) el porcentaje de mortalidad era de 38.3 por cada 1000. Sabemos la razón: aquí, como en todas partes, la mortalidad infantil hacía estragos. Durante el periodo 1555-1590 hay 2234 bautismos y 916 entierros de criaturas, es decir, de niños de corta edad, lo que representa 41 por cada 100 del total de decesos. La edad que se tiene en el momento de casarse, indicador de primer orden, resulta ser en el pueblo de Villabáñez —modelo pequeño pero válido— algo menor de los 20 años para las mujeres, y entre los 30 y los 35 para los hombres. Debo añadir que la edad en que aquí se contrae matrimonio es más temprana que la que se conoce o supone en otras partes, aunque es imposible
generalizar partiendo de un estudio que se limita aquí a unos 50 casos[36].
Era un mundo de existencias frágiles, con pocas esperanzas de vida para el individuo que acababa de nacer. Lo sabíamos antes de conocer estas cifras. Sabíamos también que la longevidad femenina era superior a la masculina, esto gracias a los registros de los pueblos castellanos entre 1575 y 1577,
donde tantos nombres de viudas aparecen[37]. En Venecia, en julio de
1552[38], había 48 332 hombres y 55 422 mujeres (los niños de ambos sexos se suman juntos y dan la cifra de 49 923). Los demógrafos preferirán sin duda
las más detalladas cifras de Zara, con sus cuatro apartados[39] (Zara ciudad; Zara, islas vecinas; Zara tierra firme; y Zara, inmigrantes morlacos, que han venido da labrar in aquel contado): 5648, 5419, 2374, y 2000, o sea, un total de 15 441 anime. Solo las tres primeras cifras aparecen subdivididas en vecchi, homini da fatti, donne, putti e putte. Escasean los ancianos: 181, 190 y 94, es decir 365 viejos para una población de 13 441 personas. Los niños varones: 1048, 559, 1170; niñas: 893, 553 y 1215. En total 2777 niños y 2261 niñas: como era de esperar, ligera ventaja de aquellos. Homini da fatti (de 18 a 50 años): 1156, 1023 y 505; en total 2648 frente a 4854 mujeres (2370, 1821 y 663); la mayoría femenina resulta evidente. La misma situación
encontramos en Creta, que nos servirá de ejemplo final[40]: su curva demográfica general es, más o menos, la que ofrecemos a continuación: 1525, 100 000 habitantes (según cálculo de Sanudo, que se queda un poco corto); 1538, 198 844; 1606, 212 000; 1608, 220 000; 1636, 176 684. Pero no tomamos sino una parte de la isla, el territorio propio de la ciudad de Candía. En 1636 cuenta con 98 114 habitantes, de ellos 23 169 hombres (entre los 18 y 50 años), 21 362 muchachos y viejos y 48 873 mujeres. Es evidente que hay que sumar las dos primeras cifras para obtener el número de las personas de sexo masculino. El resultado es 44 531 hombres para 48 873 mujeres. Es más o menos la misma proporción que encontramos en la más antígua descrittione de la población de Bolonia, en 1581: 19 083 hombres y 22 531 mujeres. Y la
población femenina sigue siendo mayoría 15 años después, en el 1596[41].
Estas cifras indican la alta proporción de población activa. Hombres, mujeres y niños, todos, o casi todos, trabajan. Esta era la única ventaja de estas poblaciones jóvenes, en las que apenas hay lugar para los viejos y los inútiles, sobre todo para los viejos. Cada uno se gana su pan cotidiano.
Pero las pocas indicaciones y cifras en que se apoyan no nos consienten en modo alguno resolver el problema de la proporción existente entre población femenina y población masculina. Podemos aceptar como regla que las mujeres eran en mayoría, pero se presentan excepciones. En Venecia, por ejemplo, comprobamos que la regla se cumple en 1548, pero las cifras del
libro ya clásico de Danièle Beltrami[42] vienen inmediatamente a contradecirnos: en 1563, en 1581 y en 1586 hay más hombres que mujeres (51.6, 51.3 y 51 % del total). Sin embargo, en 1643, y posiblemente un poco antes, se vuelven las tornas (49.3). Venecia, ciudad en que el inmigrante joven representa un gran papel, nos ofrece así un testimonio que no sabemos si es específicamente suyo o válido para todas las ciudades donde continuaba creciendo la tasa de nacimientos y que por ello tenían una población predominantemente masculina. Es tentador suponer que esto ocurre a causa de las oscilaciones que se producen alternativamente en un sentido y en otro.