El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

II. Recursos y debilidades de los estados

Y volviendo a los otros argumentos, notemos que la revolución de los

precios —y el propio Schumpeter lo indica—[81] es anterior a las llegadas masivas de metales preciosos del Nuevo Mundo. También la expansión de los Estados territoriales (Luis XI, Enrique VII de Lancaster, Juan de Aragón, Mehmed II) es anterior al descubrimiento de América. Y, por último, si las minas del Nuevo Mundo entran en el juego, se debe a que Europa cuenta con los medios requeridos para su aprovechamiento, pues la operación de explotarlas no era ni mucho menos gratuita. Se afirma que Castilla ganó América a la lotería. Es un decir, porque inmediatamente después de que fue suya tuvo que hacerla rendir, operación que nos introduce en el acto en el mundo del deber y del haber y sus leyes de equilibrio. Además, aun suponiendo que el Nuevo Mundo no hubiera brindado minas de fácil acceso, la necesidad de expansión a la que se veía forzada Europa la habría llevado a

buscar en otras partes. En su reciente tesis, Louis Dermigny[82] se pregunta si Occidente, al elegir el Nuevo Mundo, donde se podía encontrar todo aquello que necesitaba el Viejo, no habrá desperdiciado una opción posible, la del Extremo Oriente, que ofrecía tantas cosas al alcance de la mano, y quizá otras opciones: el oro africano, la plata de la Europa Central, naipes todos ellos que había descartado demasiado aprisa… El motor, es decir, Occidente, era el elemento decisivo.

A decir verdad, la tesis de Schumpeter se limita a una mera repetición de viejas lecciones y antiguas lecturas, procedentes todas ellas de una época en que el azar estaba en boga entre los historiadores. Es una tesis que ignora o subestima la importancia del papel del Estado, el cual, lo mismo que el capitalismo, es producto de un complicado proceso evolutivo. En realidad, la circunstancia histórica, en el sentido amplio de la expresión, lleva en su seno los fundamentos de todo poder político y les insufla vida o les da muerte. Y cuando comienza una nueva baza en el juego, los ganadores no son jamás los antiguos vencedores.

 

II. RECURSOS Y DEBILIDADES DE LOS ESTADOS

 

En el auge de los Estados y los imperios, con las coyunturas del siglo, son los efectos, mejor todavía que las causas, los que saltan a la vista. El Estado moderno ocupa su sitio, aunque a costa de dificultades inmensas. Se ve obligado —y es el más claro y el más ostensible de los nuevos fenómenos— a multiplicar los instrumentos y los agentes de su grandeza. Problema grave, pero no el único, ni mucho menos.