El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

La piratería y el botín

 

No hay piratería sin botín, sea grande o pequeño, sin navíos ricos o pobres que apresar, sin litorales que saquear. A veces, los beneficios son bien

exiguos: en 1536 se explica en el senado veneciano[157] que si de Corfú no se llevara sal a Albania para traer de allí agallas de roble, la isla no sufriría la incesante piratería albanesa. Entre saqueadores y saqueados, entre el corsario y la riqueza, se establece forzosamente un nexo que varía, ya que las víctimas procuran defenderse. La artillería pronto escala los flancos de las galeras, y se instala a bordo de ellas, aunque sin poder moverse apenas. Se instala, incluso,[II-294] en las naves mercantes. La operación se termina, con creces, para mediados

de siglo.[158] En 1577, aun los más pequeños barcos que entran hasta Sevilla llevan a bordo sus piezas artilleras de hierro o de bronce, y el número de ellas

guarda una proporción bastante exacta con su tonelaje.[159] También las costas se defendían y cada vez con más eficacia. Nada tiene, pues, de extraño, que, según los años, el corsario se alimente de navíos o saquee el litoral. Todo es cuestión de provisiones de boca y de oportunidad.

Entre 1560 y 1565, la piratería berberisca asoló todo el mar occidental. Durante esos años, sería casi lícito hablar del cierre del mar de Poniente. El cúmulo de quejas de la cristiandad lo indica claramente: los piratas berberiscos atacaban entonces las costas de Francia, el Languedoc y la

Provenza.[160] El mismo éxito de la piratería reduce los botines, lo que hace que, para vivir, tenga que atacar hasta a sus amigos. Tanto peor para los súbditos del rey de Francia… Argel continúa extendiéndose a comienzos del siglo XVII. ¿A qué se debe? A que el corso argelino se aventura entonces en

Oriente (aunque quizá en menor medida de lo que se supone);[161] se precipita hacia el Adriático; da caza a las barcas marsellesas y luego cruza el estrecho de Gibraltar y, reclutando elementos nórdicos, extiende sus empresas a través del océano; toca las costas inglesas, a partir de 1631; persigue a las pesadas carracas portuguesas, y llega hasta Islandia, Terranova y el Báltico… ¿Será que el botín normal del Mediterráneo escasea y se hace difícil? En sus movimientos y en sus transformaciones la piratería acusa, pues, a su modo, es decir, de una manera rápida y directa, los grandes movimientos de la vida mediterránea. El cazador debe seguir siempre a la pieza. Su valor como indicador resulta, por desgracia, disminuido por la carencia de evidencia estadística sólida. Descripciones, quejas, rumores y noticias falsas constituyen una base inadecuada para cualquier intento de cálculo serio.