El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
Del trigo a las especias: los holandeses conquistan el Mediterráneo
Los historiadores pretenden que en 1591 trece veleros fueron secuestrados a su paso por España, a pesar del salvoconducto expedido por el Rey
Católico[187] [188] . Cuarenta llegaron a Liorna. Habida cuenta de la cuantía de las demandas toscanas, nada tiene de extraño, como decimos, que los países
nórdicos[189] respondieran a la llamada del Mediterráneo. Holandeses, hanseáticos e ingleses se mezclaron entre la flota triguera, como se desprende claramente de la lista de los portate liorneses de 1593.
Del trigo a las especias: los holandeses conquistan el
Mediterráneo
A pesar de que los hanseáticos y holandeses llegaron al Mediterráneo al mismo tiempo, solo los últimos lograron conquistar el mar. El hermoso libro
de Ludwig Beutin[190] lo explica por la competencia establecida entre los dos pueblos nórdicos. A principios del siglo XVII, los hanseáticos fueron
eliminados, y sus navíos ya no pasaron de la escala de Málaga[191].
Hay que establecer las causas de esta derrota. Sin duda, los hanseáticos, que durante las guerras entre los ibéricos y los nórdicos conservaron la ventajosa posición de neutrales, empezaron a perder sus ventajas después de los acuerdos de 1604 y de 1609. En el siglo XVIII, a favor de las guerras europeas, nuevamente los hanseáticos extendieron su comercio por el mar interior; pero a finales del siglo XVI mediaban otras circunstancias: tal vez el hecho de que los hanseáticos estaban vinculados a España y a las empresas oceánicas que esta les proponía, y, por consiguiente, no carecían de las especias y de la pimienta que hubiesen podido atraerles hasta Levante; o el hecho de que, detrás de las ciudades marítimas, no se hallaba una industria poderosa y de que, por consiguiente, la Alemania del sur mantenía relaciones con Génova y con Venecia; o tal vez la falta de numerario. Por una paradoja a la cual, sin embargo, debemos encontrar explicación, fueron los holandeses
quienes, en 1615, y sin duda desde antes[192], llevaron a Siria algunas mercancías alemanas, ámbar, mercurio, cinabrio, alambre de cobre, hierro, etc. No creo que esto deba atribuirse a una organización especialmente buena de la Hansa: la multiplicidad de propietarios de sus naves y la de sus aseguradores, bien puntualizada por Beutin, eran iguales a las que se observaban en todo el Mediterráneo. Tampoco era problema de barcos, porque los hanseáticos los tenían de todos los tonelajes. Quizá se debiera a la decadencia de los Estados-ciudades, en comparación con un Estado territorial mejor agrupado.
De cualquier modo, es lo cierto que los holandeses fueron los únicos que triunfaron. Solo ellos lograron llegar, en 1597, a la extremidad oriental del mar. Ese año, Balthasar Moucheron, enemigo de España, envió un navío a
Trípoli de Siria, bajo pabellón francés[193]. Al año siguiente, todos los navíos holandeses obtuvieron del rey Enrique IV autorización para traficar bajo esta
bandera en los puertos turcos[194] (las primeras capitulaciones no las tuvieron
sino hasta 1612). En 1599, el cónsul veneciano señaló que, en ese año[195], «todavía llegó» un navío «flamenco» con más de 100 000 escudos en dinero contante, que causó no poco daño al comercio veneciano. El veneciano tenía interés en averiguar si los mercaderes de los Países Bajos se quedarían en Siria, y el «cónsul» holandés le declaró que de ninguna manera, siempre y cuando que continuaran en el océano Índico los progresos de sus compatriotas. Los venecianos los habrían despedido con el mayor gusto; pero los holandeses se quedaron, a pesar del viaje triunfal de Houtman (1595), de la ocupación de Java (1597), del reconocimiento de las Comores y la toma de
la isla de Mauricio (1598)[196] y del regreso de la flota (1598). Se necesitaban muchos años para conquistar eficazmente el océano Índico y para que, al acomodarse las corrientes comerciales que esto traía consigo, de la Compañía de las Lejanas Tierras (Van Verne) se desprendiera, en 1602, la victoriosa Compañía de las Indias Orientales.
Por otra parte, ¿habrían sido capaces de interrumpir el precioso tráfico de las drogas, aunque hubiesen sido atraídos a Levante por el comercio de la seda (que pronto intentarían, sin éxito, desviar hacia el golfo Pérsico) y del algodón hilado?…
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FIGURA 54. Incremento de los navíos del norte en Liorna: 1573-1593. Según F. Braudel y R. Romano, Navires et marchandises à l’entrée du port de Livourne. Estos cuatro mapas muestran el rápido crecimiento de los tráficos con punto de destino en Liorna (cada mapa muestra la suma de los tráficos de tres años).
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La importancia de Levante, que nunca ha sido muy grande, va a disminuir más (pese al gran valor de algunos cargamentos).
El tráfico mayoritario que viene del oeste es, sobre todo al principio, el de España y Portugal, y a él se suman unos pocos barcos procedentes de la zona del canal de la Mancha y del mar del Norte. Este estado de cosas cambia radicalmente con la llegada masiva, en 1590-1593, de navíos del norte, cargados de trigo.
Así, pues, los holandeses se instalaron en el mar interior como abejorros, y un tanto pesados, tan pesados, que cuando topaban con un vidrio lo hacían saltar en añicos. Su entrada es estrepitosa, brutal. ¿Podía esperarse otra cosa de quienes habían dado al mundo los piratas más crueles, al decir de los
portugueses, quienes, después del saqueo « [197] da nossa cidade » de Faro, tenían sus razones para saberlo? Pero este modo de comportarse, ¿no se debería también al hecho de que, tanto en el Mediterráneo como en el océano, tenían que abrirse paso a codazos, conquistando el terreno que ya pertenecía a otros? Así habían procedido en los siglos XIII y XIV los catalanes, que también llegaron tarde y tuvieron que abrirse paso pirateando y saqueando. ¿Y qué otra cosa habían hecho los ingleses? Sus cañones no les servían solo para forzar la entrada de Gibraltar y para defenderse contra las galeras españolas; disparaban tranquilamente contra todo lo que se oponía a su codicia: navíos turcos, franceses, italianos, poco importaba; y pronto se ganaron una bien merecida fama como piratas. También los holandeses merecieron que se les
inscribiera en las listas de los filibusteros[198]. Muy pronto se asociaron al corso berberisco, y yo añadiría (insistiré más tarde sobre esto) que lo transformaron, atrayéndolo, igual que al comercio oceánico, hacia el gran
puerto de Liorna[199] [200] . En todo caso, en 1610 desembarcan en el puerto toscano dos naves procedentes del océano Índico. No se precisa si eran mediterráneas u holandesas; pero el escribano pergeña toda una página para describir sus riquezas. Además, se cimentan relaciones bastante curiosas entre la señoría de Venecia y Ámsterdam, a veces por medio del rey de Francia, de una naturaleza tan complicada que no es fácil desentrañar. En Venecia se hacían entonces seguros marítimos para todas las regiones del mundo,
incluyendo las Indias[201]. Podríamos decir que en esto intervenía el trabajo de los holandeses; pero no disponemos de pruebas.
Falta mucho, por lo demás, para que la historia de Holanda en el siglo XVI, y con respecto al pequeño sector del Mediterráneo, sea enteramente inteligible. La hora de su triunfo en el cuadrante del mundo comienza a sonar en las postrimerías del siglo. ¿Por qué la victoria de los navíos de Isabel sobre las pesadas flotas de Felipe II no fue seguida por un triunfo que parecía lógico? Inglaterra había ganado, y Holanda envió inmediatamente sus hombres, su tráfico, sus navíos hasta la lejana Oceanía y China, y en el mundo entero. Y así siguieron las cosas hasta mediados del siglo XVII. Solo hay una explicación plausible: por ser vecina de los Países Bajos católicos, por su tenacidad en forzar las puertas de España, y por la habilidad con que supo sortear las guerras, los saqueos y la violencia, Holanda permaneció en mayor grado que Inglaterra asociada a la península ibérica y a sus tesoros de América, sin los cuales no habría podido animar su propio comercio. Pues sin dinero, sin los doblones tan pacientemente extraídos de España, el comercio holandés por los siete mares del mundo habría sido imposible. A comienzos del siglo XVII se estimaba en Inglaterra que era más ventajoso el comercio de la Levant Company, fácilmente equilibrado por las abundantes exportaciones hacia Turquía, que el de la East India Company, que no se concebía sin una