El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
II. La traición de la burguesía
una [136] nueva servidumbre, que observamos en Turquía. Estas grandes propiedades originan en todas partes un ambiente que degrada la situación campesina y sacan provecho de semejante circunstancia. Y, al mismo tiempo, económicamente hablando, son eficaces y producen en primer lugar trigo, luego arroz, un poco más tarde maíz, después algodón. Desde el principio se caracterizaron por recurrir a técnicas de irrigación muy perfectas y por la
difusión de las yuntas de búfalos.[137] La transformación de las llanuras de los Balcanes se parece mucho a la que se estaba llevando a cabo en Occidente, por ejemplo, en Venecia. Se trata, no hay duda, de bonificaciones vastas y masivas. Como en Occidente, los grandes propietarios han puesto en servicio zonas despobladas cuyas posibilidades nunca habían sido explotadas a fondo. El precio del progreso, aquí como en otras partes, se paga en opresión social. Sólo los pobres no han ganado nada, ni podrán esperar nada de este progreso.
II. LA TRAICIÓN DE LA BURGUESÍA
La burguesía del siglo XVI, dedicada al comercio y al servicio del rey, está siempre al borde de la desaparición. La ruina financiera no era la única causa. Si se enriquece mucho o se cansa de correr los riesgos inherentes a la vida comercial, la burguesía comienza a comprar cargos, rentas del Estado, títulos o feudos, y sucumbe a las tentaciones de la vida nobiliaria, a su prestigio y a su tranquila indolencia. El servicio del rey era el camino más corto hacia la nobleza; este camino, que no excluye los otros, será uno de los agentes que aclararán las filas de la burguesía. La nobleza reniega de sí misma con tanta mayor rapidez en idéntica medida que el dinero que distingue al rico del
pobre, en el siglo [138] XVI, resulta ser un atributo de nobleza. Además, en el paso del siglo XVI al XVII declina el comercio y las personas prudentes consideran que las tierras son la forma más segura de inversión. Y las tierras son aristocráticas por vocación.
«Entre los principales mercaderes florentinos diseminados a través de las
plazas de Europa [cuenta el historiador Galluzzi][139] fueron muchos los que a finales del siglo XVI repatriaron sus fondos en la Toscana para invertirlos en la agricultura. Señalemos a los Corsini y los Gerini, que regresaron de Londres; a los Torrigiani, que abandonaron la ciudad de Núremberg, y a los Ximenes, mercaderes portugueses, que se hicieron florentinos.» ¡Qué estampa tan expresiva ésta de los grandes mercaderes que se reintegran a su tierra toscana apenas un siglo después de Lorenzo el Magnífico! Pasemos unas páginas, y al llegar al año 1637, con motivo de un cambio de reinado, surge una Toscana