El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
El ejemplo de Lombardía
desagüe, sus fértiles tierras labrantías y sus campos desecados[246].
Las pequeñas planicies fueron las primeras que se rescataron: las del macizo costero catalán fueron ganadas para el hombre y sus preciosos cultivos ya desde la Alta Edad Media. La construcción de «acequias» se remonta, según la tradición, al reinado de Hacam II, pero nada nos prueba que no sea más antiguo. En cambio, es seguro que Lérida, reconquistada en 1148, ya en esa época estaba fertilizada por los canales del Clamor; que Tortosa tenía sus acequias de riego desde la época de los árabes; que Camarasa, en el momento en que se reunió al condado de Barcelona en 1060, poseía sus regadíos arroceros. Siguiendo el modelo de los musulmanes, los condes de Barcelona habían profundizado el sistema de irrigación del territorio de la ciudad y de la planicie del Llobregat. Al conde de Mir (945-966) se atribuyen el famoso rech condal de Barcelona —o rego mir— y la construcción de otro canal, del Llobregat a Cervelló. Desde entonces, esta preciosa herencia
medieval ha sido cuidada, conservada y enriquecida sin descanso[247].
Las etapas son las mismas en el caso de la planicie de Zaragoza, esta gran zona de tierras de riego, que es también obra del hombre. La parte esencial se logró al expulsar de la ciudad a los musulmanes (en 1118); pero, desde la conquista, continuó la empresa. Así el Gran Canal, que proyectado en 1529 se puso en servicio en 1587, aunque no fue terminado sino en 1772, en una época en que, bajo el impulso de los agrónomos, dentro del Siglo de las
Luces, todo el Bajo Aragón revisa y completa su red de canales de riegos[248].
El ejemplo de Lombardía
Pero el mejor ejemplo de estas conquistas progresivas —porque es el más
claro que tenemos ante nuestros ojos— es el de Lombardía[249]. Eliminemos sus zonas más altas: de un lado, los Alpes, estériles a partir de los 1500 metros, grandes masas pedregosas con pastos y bosques escalonados entre los 700 y los 1500 metros; del otro lado, los Apeninos, vertiendo sobre la planicie furiosos torrentes alternativos, que han cavado sobre los flancos de la montaña enormes lechos que llegan hasta los suelos profundos, y cuyas tumultuosas aguas arrastran enormes cantidades de grava y de materias calizas, pero que, llegado el verano, están completamente secos, hasta el punto de que el agua falta tanto para los arrozales como para beber. Por encima de los 1000 metros, los Apeninos están tan pelados como los Alpes a una altitud de más de 2000 metros; en el verano solo ofrecen manchas de raras yerbas, buenas para las cabras y las ovejas. La Baja Lombardía es una compleja formación de colinas, de mesetas, de planicies y de lechos fluviales, encajonados entre estas dos laderas. En las colinas crecen los olivos y los viñedos, y hasta los naranjos y limoneros, cerca de los grandes lagos alpinos. No hay altiplano propiamente dicho, sino en la parte norte; un altiplano no irrigado, cuya masa rectangular se apoya hacia el sur sobre la línea que va de Vicolungo a Vaprio, en las riberas del Adda. Lo cubren extensiones estériles de espinos, y está dedicado, sobre todo, al cultivo de la mora. Le sigue una planicie baja e irrigada formando un triángulo cuyo lado meridional puede trazarse de Magenta, sobre el Tessino, a Vaprio, en el valle del Adda; en él prosperan el trigo, la morera, los prados y los arrozales.
Pero lo que por el momento nos interesa de esta región lombarda es la gran planicie aluvial enclavada entre este altiplano irrigado y las colinas que anuncian la cercanía de los Apeninos, o, para decirlo con otras palabras, el fondo de la cuenca, zona clásica de arrozales, de prados y praderas artificiales de no menos importancia. No en vano se ha intentado demostrar por el precio de venta del heno lo que fue el movimiento general de los precios en Milán,
por el siglo [250] XVI .
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FIGURA 3. Los grandes canales de la llanura lombarda. Según Charles Singer, History of Technology, 1957, t. III. El área de puntos representa la zona de colinas y depósitos morrénicos al pie de los Alpes.
El hombre ha transformado enteramente esta planicie. Fue él quien aplanó las eminencias naturales, hizo desaparecer los pantanos, empleó con inteligencia el agua que los largos ríos traían desde los glaciares de los Alpes. Esta domesticación de las aguas comenzó lo menos en 1138, con los trabajos
de los benedictinos[251] y de los cistercienses, instalados en «Chiaravalle». Pero sería una larga historia relatar en detalle la construcción de esta planicie, cortada por diques y por canales. En 1179 comenzaron los trabajos del Naviglio Grande, que terminó en 1257 el podestá Beno Gozzodini. De este modo, las aguas del Tessino llegaron a Milán por un río artificial de más de 50 kilómetros de largo, destinado al riego y a la navegación. Antes de 1300 se construyó la derivación de Sessia, la Roggia Basca, y más tarde fue desecada para crear la Roggia Biraga, la de Bolgara y otras que servirían para la irrigación de las tierras de Novarese y la Lomellina. En 1456, Francisco Sforza mandó abrir el canal de la Martesana, de más de 30 kilómetros de largo, que lleva a Milán las aguas del Adda. Una ampliación llevada a cabo en 1573 lo hizo navegable. Como Ludovico el Moro ya lo había unido al Naviglio Grande, en 1573 los dos grandes lagos lombardos, el de Como y el
Mayor, se comunicaron en el propio corazón del Estado[252]. Milán se convirtió así en una importante estación de agua, lo que le permitió recibir a menor costo el trigo, el hierro y, sobre todo, la madera, y expedir en dirección de Po y de Ferrara las grandes piezas de artillería que se fundían en la ciudad; así pudo obviar Milán su defecto capital: ser una ciudad enclavada entre
tierras[253].
Estas indicaciones, que en realidad solo se refieren a la historia de las vías acuáticas, demuestran cuán lenta ha sido la conquista del suelo. Se ha hecho por etapas, y a cada una de ellas ha correspondido la localización de nuevas generaciones de hombres, de modo que las tres Lombardías, que están como encajadas unas dentro de otras, representan socialmente a grupos humanos muy distintos. La Alta Lombardía, montañosa, pastoril, que al norte se aproxima hasta la zona de los brughiere, es una región de pequeños propietarios pobres, pero libres, empeñados por hacer que sus tierras produzcan de todo, hasta el mal vino de sus viñedos. Más abajo, con el altiplano irrigado y la parte alta de la planicie, zona de fuentes (fontanili) y de rica vegetación, comienza la propiedad nobiliaria y eclesiástica. Este bajo nivel, que todavía no constituye, sin embargo, la zona más baja, es la zona de los castillos, las tierras de los aparceros, las cartujas rodeadas de frondosos árboles. En las tierras más bajas de todas se extienden los arrozales de los
capitalistas[254]. Su audacia y su espíritu emprendedor revolucionario resolvieron el problema del cultivo de las tierras inundadas. Gracias a ello se logró un positivo progreso económico. Pero ¿también social?