El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
Hostilidad hacia los nuevos nobles
Lisboa,[180] observa acerca de los señores portugueses: “La gente de aquí tiene tal abundancia de criados superfluos, que el escudero quiere parecer un duque y el duque rodearse del boato de un rey; y ello hace que den de bruces a todas horas”. Y el obispo de Limoges hace la misma observación a
propósito de España en 1561,[181] con motivo de la concesión de la nobleza a 500 hombres “ricos y aguerridos”, a condición de que se armaran y sirvieran tres meses cada año, en las fronteras españolas. El obispo se asombra de “que abunde tanto la vanidad entre las personas de ese país, que pasa hambre con tal de darse aires de nobleza y de poder vestirse y aparentar como si fuesen nobles”.
Pero el espectáculo con el que nos encontramos en la Francia del año
1615 es idéntico. «Es imposible, al presente [escribe Montchrestien[182] a[II-109] propósito de su país] distinguir por las apariencias. El tendero se viste como el gentilhombre. Por lo demás, ¿quién no se da cuenta de que esta igualdad en el modo de vestir introduce la corrupción en nuestras antiguas costumbres?… La insolencia crecerá en las ciudades y la tiranía en el campo. Los hombres se afeminarán con la excesiva molicie y las mujeres, en su afán de emperifollarse, perderán, con su castidad, el gusto por atender a su casa.» Discurso digno de un predicador, pero también testimonio de una época descontenta, al menos en Francia, del orden social existente.
Hostilidad hacia los nuevos nobles
Como ya han dejado ver varias citas anteriores, nadie celebra la fortuna de los nuevos ricos. Todo podía servir de pretexto para buscarles las cosquillas y no se dejaba pasar, siempre que se presentaba, la oportunidad de humillarlos. En 1559 se dio la orden, en los Estados de Languedoc, de que los barones no podían hacerse representar más que por “gentileshommes de raza y de toga
corta”.[183] Siempre que se presenta la ocasión los enemigos se vengan, descargan su bilis: así ocurre en Francia durante todo el tiempo del Ancien Régime e incluso más tarde, y así ocurre por todas partes en el siglo XVII, pues la barrera de clase no cesa de franquearse y la censura social no desmayaba en su vigilancia. Un incidente ocurrido en Nápoles ilustra muy bien la
circunstancia:[184] Bartolomeo d’Aquino, un financiero de la ciudad, riquísimo pero de modesto origen, desea casarse, en 1640 (contando con la aprobación del virrey), con Anna Acquaviva, hermana del duque de Conversano. Un grupo de jinetes armados, pertenecientes a la nobleza, raptan a la novia, decididos a impedir por la fuerza que a mano di vile uomo la gentil giovina pervenisse. La conducen a un convento en Benevento, donde estará más que segura por ser la ciudad posesión papal. A lo largo de las crónicas encontramos superabundancia de hechos semejantes, pero aun así, el curso de la evolución no se detiene. Con la sola excepción de la nobleza veneciana, que se parapeta detrás de siete muros, todas las aristocracias de Europa serán invadidas por intrusos y recibirán sangre nueva. En Roma, en el corazón de la[II-110] Iglesia (indudablemente la más liberal de todas las sociedades de Occidente), la nobleza romana evoluciona más rápidamente que las otras a causa de la regular promoción a la nobleza, e incluso a la alta nobleza, de los parientes de
cada nuevo papa, el cual no era necesariamente de ilustre extracción.[185] Todas las noblezas iban evolucionando conforme pasaba el tiempo, y librándose de buena cantidad de peso muerto aceptan a estos nuevos ricos que aportan sus sólidas piedras a la construcción del edificio social. Y una gran ventaja: la nobleza no tendrá ya que luchar contra el Tercer Estado, y se encontrará a los representantes de éste dispuestos a compartir con ella su riqueza con tal de ser admitidos en su seno.
Este movimiento continuo puede, como es natural, acelerar su paso. El papado, en Roma, contribuye al rejuvenecimiento de la nobleza. En Inglaterra, después de la revuelta de los barones del norte, vencida en 1569, las antiguas familias dirigentes fueron en cierta medida remplazadas por una nobleza más reciente destinada a gobernar Inglaterra hasta nuestros días, los
Russell, los Cavendish, los Cecil…[186] En Francia, dos series de guerras, terminada la primera por la paz de Cateau-Cambrésis (1-3 de abril de 1559), y la segunda, por la paz de Vervins (2 de mayo de 1598), aceleran el hundimiento de la vieja nobleza y abren a los nuevos ricos el camino hacia el
poder social.[187] Veamos cómo un consejero de Felipe II describe la situación de la nobleza francesa. Dice: «la mayor parte de estos señores, estando privados de sus rentas y tasas (que han cedido a otros), no tienen dinero para mantener su estado y se hallan profundamente endeudados: casi toda la nobleza se encuentra en semejante situación, y en grado tal, que, por una parte, no se les puede emplear sin darles grandes recompensas y retribuciones, lo cual es imposible, y por otra, es de temer que si ellos no logran algún alivio en lo tocante a los males y ruina de la guerra se verán forzados a alguna forma