El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
III. ¿Es posible construir un modelo de la economía mediterránea?
III. ¿ES POSIBLE CONSTRUIR UN MODELO DE LA
ECONOMÍA MEDITERRÁNEA?
¿Contamos con el material suficiente que nos consienta medir el Mediterráneo considerado como una totalidad y construir un modelo general donde todo quede incluido (y calculado —si ello es posible—) en bloque? La unidad resultante podría entonces compararse con otras economías-mundo que bordean o tocan el espacio mediterráneo.
Un intento a esta escala nos puede proveer en el mejor de los casos de indicaciones de órdenes de magnitud, de líneas generales. A decir verdad, esta es la única forma de presentar el material. Un modelo de esta especie —si se logra construir— no pretende representar un año determinado o un periodo particular, sino la totalidad del siglo, por encima de sus crisis y prosperidades. Lo que nos ofrecería —en el caso de ser posible— sería la media, la línea de flotación de las sucesivas experiencias. Es evidente que semejante objetivo no es posible, pero vale la pena de intentar la empresa, pese a las dificultades que implica y la cantidad de obstáculos que previamente se habrá de salvar.
¿Podemos decir que el Mediterráneo es una zona coherente en sí? La respuesta debe ser afirmativa, a pesar de los límites indefinibles y particularmente variables de los volúmenes continentales que lo cierran y de los confines marítimos que lo bordean: Mar Negro, Mar Rojo, golfo Pérsico, estrecho de Gibraltar y océano Atlántico. Cuestiones todas que ya hemos
abordado anteriormente sin poder llegar a conclusiones fijas[69].
Yo creía, cuando la primera edición de este libro, que era posible evocar estas diferentes dimensiones del Mediterráneo del siglo XVI multiplicando los ejemplos y seleccionando una serie de detalles importantes y
significativos[70]: una ciudad de 700 000 habitantes, Estambul; una flota triguera que unos años con otros ha transportado un millón de quintales de trigo u otros cereales; esas 3000 toneladas —más o menos— de lana
almacenadas en 1580 en los muelles de Liorna[71]; los quizá 100 000 hombres entre turcos y cristianos que el 7 de octubre de 1571 combaten en la batalla de Lepanto; esas 600 naves que forman la expedición de Carlos V contra Túnez en 1535 (sumando, quizá, 45 000 toneladas); el tráfico máximo de Liorna (150 000 toneladas de entrada registra su puerto en 1592-1593, cifra probablemente exagerada); o esas cantidades anuales tan diferentes que arrojan los totales de Nápoles: 1 300 000 ducados del negocio de los cambios,
contra 60 [72] 000 o 70 000 en seguros. Pero esto significaría dejar enormes espacios en blanco entre minúsculas manchas de color; nos podría ofrecer, como mucho, una leve noción de la distancia que separa nuestro mundo del mundo periclitado del siglo XVI.