El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
II. De las guerras civiles francesas a la guerra abierta contra España: 1589-1598
Y, sin embargo, en este momento de debilidad general, los turcos consiguen enderezar la situación por el norte. Les basta, para ello, lograr el
cambio decisivo de frente de la Transilvania,[98] prometiendo, en 1605, a su dueño de la hora, Bocskai, la corona de Hungría. Es decir, la de toda la Hungría turca, salvo las plazas fronterizas que daban cara al emperador. El[II-742] pobre príncipe de las montañas se sintió demasiado tentado por el regalo que se le brindaba de las ricas tierras de la llanura. Esta promesa no era más que una añagaza, pero bastó para provocar la poderosa diversión que tanto necesitaban los turcos. Valiéndose, además, de la ayuda de los tártaros, a quienes lanzaron por el oeste sobre los confines de Croacia y Estiria, pudieron avanzar victoriosamente por el pasillo danubiano. La plaza de Gran fue reconquistada el 29 de septiembre de 1605, y poco después la de Wissegrado. Más tarde caían Vesprim y Palota, para citar tan sólo las victorias más sonadas del gran visir Lala Mustafá.
De pronto, las conversaciones de paz, tantas veces reanudadas, pudieron desarrollarse con mayor holgura, ya que los turcos, presionados por la imperiosa guerra de Persia, se apresuraron a capitalizar sus éxitos del año 1605. La paz se firmó, por último, el 11 de noviembre de 1606. Fue restablecido el statu quo y se restituyeron las plazas conquistadas y los prisioneros hechos. El transilvano, que había vuelto a abrazar, mediante un convenio particular, la causa del emperador, renunciaba a la corona de Hungría. El sultán recibía del emperador un regalo de 200 000 ducados, pero renunciando a cambio de él al pago de un tributo. La paz de 1606 fue, indudablemente, la primera paz turco-imperial concertada sobre un pie de igualdad por las dos partes.
II. DE LAS GUERRAS CIVILES FRANCESAS A LA
GUERRA ABIERTA CONTRA ESPAÑA: 1589-1598
Otra guerra se desarrollaba mientras tanto por el oeste, también al margen del Mediterráneo, pero llegando a él de vez en cuando: la guerra francesa, enlazada a toda la crisis del mundo occidental y atlántico. También aquí nos encontramos con el mismo problema: no se trata de exponer todos y cada uno de los aspectos que se manifiestan en este vasto campo de estudios, sino simplemente de destacar los nexos que existen entre estos acontecimientos y la historia, ahora calmada y tranquila, del Mediterráneo. Tarea circunscrita, pero no por ello menos pesada. Las guerras de religión, en Francia, forman parte de un drama europeo, religioso y político, para no referirnos a los factores sociales y económicos de segundo plano. ¿Cómo delimitar impunemente, dentro de este apretado complejo de problemas, las zonas[II-743] restringidas y precisas que nos interesan?