El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

La guerra hispano-francesa y la paz de Vervins: 1595-1598

sospechoso de faltar a la fe católica podría ser recibido en Marsella.[164]»

 

La guerra hispano-francesa y la paz de Vervins: 1595-1598

 

Creemos que bastarán ahora unas cuantas palabras para esbozar el cuadro general de la guerra hispano-francesa de 1595 a 1598, guerra abierta, en realidad, desde 1589 y aun desde antes, pues durante todo el medio siglo que acabamos de recorrer año por año, ¿hubo acaso muchos instantes de respiro en esta constante y vital rivalidad entre Francia y España?

En todo caso, la guerra fue oficialmente declarada por Enrique IV el 17 de enero de 1595. El texto de la declaración, impreso en París, en las prensas de Frédéric Morel, llegó incluso a conocimiento de las autoridades españolas. El rey de Francia resumía en ella, a grandes rasgos, sus agravios contra Felipe II, el cual decía, “había osado, so pretexto de piedad, atentar abiertamente contra la lealtad de los franceses hacia sus príncipes naturales y soberanos Señores, que siempre había sido la admiración de las otras naciones del mundo, tratando injusta y públicamente de conseguir esta noble corona para él o para

los suyos”.[165] Así se centraba el conflicto en el mismo terreno del derecho real. Pero, en el plano de las realidades, no hacía cambiar nada o casi nada el curso de los acontecimientos. El duque de Feria, adelantándose de largo trecho a las cosas, había previsto que la guerra franco-española, inevitable,[II-760] volvería a ser también esta vez una guerra periférica, como en tiempos de

Francisco I y de Enrique II, y que terminaría con una paz por lasitud.[166]

Y, en efecto, la guerra sólo afectó a los confines del reino, a la línea del Somme, la Borgoña, la Provenza, la región de Tolosa y de Burdeos y, por último, la Bretaña. Se ha hablado de cerco. Sí y no. Es un hecho que España, pese a su proximidad en unos sitios y a su flota en otros, no logró mantener firmemente sus posiciones en torno de Francia. Perdió Tolosa en 1596 y

Marsella en el mismo año; y el duque de Mercoeur, el último en resistir,[167] capitulaba en 1598. Por lo demás, hacía ya dos años que su resistencia era muy blanda y que este aliado de España permanecía medio inactivo… De todos modos, es importante que esta guerra periférica no tocase el corazón del reino. Francia se defendió gracias a su misma masa. Si el Rey Católico encontró ciudades que forzar y conciencias que comprar, e incluso protestantes dispuestos a venderse (como aquel tal Monverant de la región de

Foix),[168] fue también, y fue siempre, en las márgenes del reino enemigo.

Hubo, es cierto, la tentativa del ejército de Italia, al otro lado de los Alpes. Pero no pasó de ser un viaje de ida y vuelta hasta el Franco Condado. Ya hemos dicho que Fontaine-Française entrañó el repliegue de los españoles y la decisiva sumisión del duque de Mayenne, y fue la decidida hostilidad de los cantones suizos lo que impidió entonces la ocupación del Franco Condado. Las únicas acciones un poco serias de la guerra se libraron, una vez más, frente a los Países Bajos. Los españoles lograron allí varias victorias y tomaron varias plazas, Cambrai, Doullens, Calais y luego Amiens, tomada por sorpresa (el 11 de marzo de 1597). Pero el problema, para ellos, consistía en mantenerse en las plazas conquistadas, en hacer vivir en ellas sin dificultades y sin trastornos las guarniciones y a la población civil, como lo

explicaba, ya en 1595, un aviso dirigido al conde de Fuentes.[169]

Sin embargo, la victoria de Amiens había tenido gran resonancia: esta[II-761] plaza abría, más allá del amplio valle del Somme, el mismo camino de París. No había más remedio que darle una respuesta. Enrique IV decidió intentar un gran golpe para recuperar Amiens. Comenzó una febril búsqueda de los medios financieros necesarios para ello, acompañada por apremiantes llamamientos a los aliados, a Inglaterra, que en 1596 había declarado

oficialmente la guerra a España,[170] y a las Provincias Unidas. A ello se debe el que en el ejército francés que había de reconquistar aquella plaza lucharan 2 000 ingleses y 2 000 holandeses, por lo menos al decir de las informaciones

españolas.[171] Por lo demás, Amiens no fue arrancada a los españoles hasta el 25 de septiembre de 1597, después de seis meses de sitio y del fracaso de una tentativa española para levantar el cerco de la plaza, nueve días antes de que

ésta se rindiera.[172] Era una gran victoria y tuvo también gran resonancia en toda la cristiandad. Pero el vencedor, al entrar en la ciudad, no contaba ya con soldados, pues todo su ejército se desbandó inmediatamente. Por fortuna, la miseria y el agotamiento de Francia corrían parejos con la irremediable fatiga del Imperio español y con su penuria financiera, al día siguiente de la bancarrota de 1596.

Todo se hallaba paralizado por estas causas. En el centro mismo de la acción española, en aquella esencial estación que era Milán, los transportes de

tropas funcionaban mal desde la primavera de 1597.[173] Tratábase de traer soldados italianos de Nápoles, haciendo que el príncipe Doria los transportase hasta Génova, y luego en dirección a Flandes. Preveíanse también envíos de tropas acantonadas en el milanesado. Pero ¿se dispondría del dinero necesario para ello? Otra preocupación era la de socorrer, inmediatamente después, al duque de Saboya, dispuesto siempre a arriesgarlo todo, y a Carlos Emmanuel, temperamento de jugador. ¿Sería posible utilizar para ello las tropas españolas que partían de España hacia Génova a bordo de las galeras? Había, evidentemente, interés en retener por este lado las fuerzas francesas, para