El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Capítulo V. La unidad humana: rutas y ciudades, ciudades y rutas

CAPÍTULO V [I-365]

LA UNIDAD HUMANA: RUTAS Y CIUDADES,

CIUDADES Y RUTAS[1]

 

PASAR del Mediterráneo propiamente dicho, tal como lo define su clima, al Mediterráneo Máximo, sobre el que ejerce su influencia, es pasar de una unidad física a la unidad humana hacia la que se orienta nuestro libro. Unidad humana que no es un simple resultado de la Naturaleza, o más específicamente, de las aguas mediterráneas. El agua es, sin duda, todo lo que se ha dicho que es: unión, transporte, intercambio y acercamiento; pero a condición de que el hombre consienta en ello, y más aún, a condición de que esté dispuesto a pagar lo que cuesta. El mar también es, y lo ha sido durante largo tiempo, una separación, un obstáculo, barrera que ha sido menester franquear. Y esta victoria no es de las que se obtienen de una vez y para siempre; ha representado y sigue representando un esfuerzo continuo, una hazaña sin cesar renovada. El arte de navegar, ¿nació tal vez en época muy remota, en las cuencas de tranquilas aguas entre las islas egeas y la costa del Asia, o en el cercano Mar Rojo? Nunca lo sabremos con certeza; en todo caso, al principio de los tiempos hubo una época larguísima, interminable, en que el mar aún no había sido dominado por el hombre. Poco a poco, las embarcaciones fueron venciéndolo, tendiendo sus líneas, construyendo por grados el conjunto coherente del Mediterráneo del hombre y de la historia. Para ello, hubo de ser construido, entiéndase bien, y construido por la mano del hombre. Todavía en nuestros días, cuando el mar interior ya no es, medido por la escala de las velocidades, más que un simple río sobre el cual se tienden puentes aéreos, no existe un Mediterráneo del hombre sino en la medida en que lo continúa creando su ingenio, su trabajo y su esfuerzo. No es el agua la que une las regiones del Mediterráneo, son los pueblos del mar. Verdad evidente y banal, que, sin embargo, es necesario repetir, ante un tema como este, donde tantas fórmulas e imágenes de una poesía fácil y desorientadora suelen desparramarse tan generosamente.