El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Los esclavos

Pero tampoco en España, igual que en otras partes, daban resultados los remedios. Tan poco eficaces son, que hay que aplicarlos una y otra vez. En

1599, 1603 y 1605,[305] se emiten nuevas pragmáticas contra los bandolers de les villes del reino que van divagant per le present regne amb armes prohibides perturbant la quietud de aquell. El problema de los

“malhechores”[306] está a la orden del día, pocos días antes de la gran expulsión de los moriscos en 1609-1614, que tantas magníficas ocasiones de

actuar les va a ofrecer.[307] La corrupción de los pequeños funcionarios será otro factor y los veremos con frecuencia en connivencia con los malandrines.

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Los esclavos

 

Hay, por último, una característica que singulariza estas sociedades del Mediterráneo: pese a su pretensión de modernidad, seguirán siendo, tanto en Occidente como en Oriente, esclavistas. Es el signo de una curiosa fidelidad al pasado y quizá también de un relativo grado de riqueza, pues los esclavos resultan caros, comportan responsabilidades y hacen la competencia a los[II-138] pobres y a los miserables, incluso en la propia Estambul. Será la escasez de mano de obra y el rendimiento de las minas y plantaciones de caña de azúcar lo que permitirá ese amplio y traumático paso hacia atrás que es la esclavitud, a la antigua, en el Nuevo Mundo. En cualquier caso, la esclavitud, prácticamente desaparecida de la Europa del Norte y de Francia, sobrevive en

el Occidente mediterráneo,[309] en Italia, en España, bajo la forma de una esclavitud doméstica bastante arraigada. Las ordenanzas del Consulado de Burgos fijan, en 1572, las condiciones para hacer el seguro de los esclavos negros que se han de transportar al Nuevo Mundo, y también las de aquellos

destinados a Portugal y [310] a estos Reynos, es decir, a España. Guzmán, un héroe de la picaresca al servicio de una dama cuyo marido está en las Indias, se enamora locamente, para su vergüenza y deshonra, de una esclava blanca perteneciente a dicha señora, “una esclava blanca que yo mucho tiempo creí

ser libre”.[311] Hacia 1555, en Valladolid, entonces capital de Castilla, los esclavos sirven las mesas de las grandes casas, y están “bien comidos con lo que sobra en las cocinas” y es frecuente que obtengan la libertad por decisión

testamentaria de los amos.[312] En 1539, en el Rosellón, se descubre a un turco robando, quien no tiene amo alguno: se le prende y se le vende como

esclavo a un notario.[313] En Italia hay una serie de actas que indican la supervivencia de la esclavitud doméstica, principalmente en el Mezzogiorno,