El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
1. Antes de 1550: llegan las primeras naves
Ya hemos presentado antes estos problemas y propuesto una
explicación[42]: la llegada de naves extranjeras al Mediterráneo responde a la creación de nuevas oportunidades como resultado de un renacimiento económico, tanto o en mayor grado que lo que haya podido influir la competencia (que, como es obvio, hubo de existir). Resumiendo: la llegada de estos barcos testimonia un cierto nivel de prosperidad. Cuando se encuentra en un periodo de expansión económica, el Mediterráneo tiene tareas más importantes que la de transportar mercancías, en particular si son pesadas. Si este es el caso con que nos encontramos, la presencia de estas naves extranjeras será, entonces, un magnífico patrón de medidas que la historia narrativa ofrece a quien se dedica a las estadísticas. Y se suspenden las procesiones de navíos oceánicos durante un periodo de 20 años. ¿Significa esto que la prosperidad del Mediterráneo se interrumpe a mediados de siglo?
1. ANTES DE 1550: LLEGAN LAS PRIMERAS NAVES [I-802]
No es fácil descubrir las rutas tomadas por los veleros atlánticos cuando la primera invasión del Mediterráneo, en parte porque se trata, con frecuencia, de barcos de mala muerte que no dejan en lugar alguno señal de su paso, y en parte, también, porque se trata de flotas mixtas donde van juntos ibéricos y nórdicos, lo que hace difícil distinguir unos de otros y establecer la fecha exacta de cada viaje.
Naves vascas, naves vizcaínas e incluso naves gallegas
Es muy posible que ya desde finales del siglo XIII los marinos del Atlántico ibérico hayan entrado en aguas mediterráneas. Cuando crece su presencia, pasado el año 1450, ya son familiares en el mar interior, por sus servicios prestados a Barcelona y Génova y por sus frecuentes visitas al sur y al norte de la cuenca occidental. Son unos simples transportistas: ni más ni
menos[43]. Los pocos mercaderes vascos conocidos en Génova se contentan con la realización de modestas transacciones (por su mayor parte, en lana); su principal función consiste en responder por los patrones de los barcos, gente cuya reputación nunca ha sido buena, y en prestarles las sumas necesarias para armar sus naves.
Así las cosas, un buen día estos enormes veleros sobrepasan sus horizontes habituales y, al servicio de una u otra ciudad, entran en las aguas del Mediterráneo Oriental. Hacia 1495 cumplen viajes directos desde Génova, Málaga y, con más frecuencia, desde Cádiz, a Quíos, llevando a la isla el
azúcar atlántico[44]. Y así continuarán durante muchos años. Tampoco debemos olvidar sus viajes a Inglaterra y —en particular— a Flandes. En
1532[45], un veneciano insiste en que Vizcaya (entendida la palabra en su sentido más amplio) es el florón de la corona de la potencia marítima de Carlos V, «pues de Vizcaya puede sacar tantos barcos como necesite». De
hecho, estos barcos monopolizarán, hasta 1569, la ruta de Flandes[46], y desde antes de esa fecha serán los animadores, con sus galeones, de la larga Carrera
de Indias[47]. Durante muchos años, estos vagabundos estarán mezclados en todos los tráficos del Mediterráneo, y se les ve también, de 1480 a 1515,
«llevando vino marsellés a Londres y cueros de Irlanda a Marsella»[48].
Habiendo sido los primeros que cruzan el estrecho de Gibraltar, se entretienen largo tiempo en el Mediterráneo, concentrándose preferentemente
en torno de Génova, Marsella y Barcelona[49] y a lo largo de la extensa costa española. Siguen apareciendo en documentos del siglo XVI, cuando se les podría creer poco frecuentes o ya ausentes: un vizcaíno ancla su nave en Marsella en febrero de 1507 y se apresta a transportar vino a Flandes e
Inglaterra[50]; otro, en 1510, que va, al servicio de Hans Paumgartner, de Bari
a Amberes[51] [52] en 1511, lleva cariseas a Ragusa; en 1521, durante la grave carestía de trigo que padece España, los documentos napolitanos nos hablan de mercaderes y marinos de Vizcaya entre aquellos que abastecen la
Península con trigo de Apulia[53] [54] ; los volvemos a encontrar en 1526; en
enero de 1527, haciendo la ruta de Mesina con un cargamento de sardinas y
atún procedente de Portugal[55]; en 1530, dos naves vizcaínas cargadas de sal
son echadas a pique por Barbarroja[56]; en 1532, maltratado por los corsarios
berberiscos, uno de sus veleros llega a Alicante[57]. En ruta de España a Italia, en 1531, 1535 y 1537, momento en que uno podría pensar que habían terminado de representar su papel en el Mediterráneo, un registro portuario
contiene mención de nada menos que 12 naves vizcaínas[58]; y no serían estas
las últimas[59]. Es muy posible que solo a mediados del siglo XVI, y con el final de la primera invasión de las naves atlánticas, dejen definitivamente de hacer acto de presencia en las activas rutas del Mediterráneo.