El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Cambios a corto plazo en las llanuras: la Tierra Firme veneciana

Cambios a corto plazo en las llanuras: la Tierra Firme

veneciana

 

Existe otro ejemplo por lo menos —el de Venecia— donde podemos intentar seguir estas mutaciones a corto plazo.

En sus regiones bajas, las más ricas y también las más pobladas, la campiña veneciana es objeto de frecuentes bonificaciones, comenzadas aun antes de finales del siglo XV. Sospechamos la amplitud de tales trabajos, aunque, por desgracia, no conocemos su extensión geográfica ni su cronología exacta. Comenzadas muy pronto, estas costosas mejoras no parecen haber sido, en general, de provecho para los campesinos ni para las comunidades aldeanas.

Nada más razonable, en apariencia, que el habitual proceso de bonificación, cuyo proyecto se mantiene invariable a lo largo del siglo en los procedimientos prudentes, generalmente supeditados a los precedentes, de la administración veneciana, confiada, a partir de 1561, a los Proveditori ai beni

inculti[267].

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FIGURA 4. Los canales de regularización han salvaguardado la mitad de las lagunas venecianas.

Mapa orientado hacia el noroeste. Estas obras han protegido las tierras bajas venecianas y las lagunas que rodean la ciudad. Pero la parte norte de la laguna se ha visto generosamente repleta por los sedimientos de pequeños cursos de agua, los ríos Piave y Sile, con frecuencia torrenciales. Toda esta región está cubierta de aguas estancadas. Al sur, en cambio, se consiguió, después de sucesivos trabajos, la domesticación del río Brenta y que la laguna estuviese viva de Chioggia a Venecia, animada por los movimientos de la marea. De Arturo Uccelli, Storia della tecnica dal Medio Evo ai nostri giorni, 1945, p. 338.

Cada bonificación, cada ritratto, establece para un área definida de terrenos indudablemente pantanosos un programa de diferentes obras hidráulicas: diques construidos o por construir (argine), tomas de agua (presi), canales y regueras de distribución de las aguas de riego (scalladori). A veces, embarcaciones pequeñas utilizan estos canales y se establece el pago de derechos de peaje; con eso se compensa parte de los gastos. Pero, en principio, los propietarios de las tierras han de correr con los gastos de estos

onerosos trabajos, a razón de uno o dos ducados por [268] campo, según se trate de terreno cultivado, con viñedo, o simplemente plantado de árboles. Si un propietario no podía pagar su parte correspondiente en el momento requerido, se le tomaba como pago la mitad de su propiedad, lo que demuestra que la deuda por campo no era cosa menuda.

El ritratto estaba, a veces, bajo la responsabilidad de una de las

comunidades urbanas (por ejemplo, la [269] communità de Este, o la de

Monselice)[270]; o bien era propiedad de un auténtico sindicato de propietarios, que podían, por otra parte, recurrir a adelantos de la tesorería veneciana, con un interés muy bajo (4 %); finalmente, también la administración veneciana puede participar en la empresa, reservándose entonces, una vez finalizados los trabajos, el derecho a vender la tierra que le correspondiese; la adjudicación tenía lugar, a veces, en el mismo Rialto. Se dividía cada ritratto en 24 quilates, del mismo modo que se hacía con los barcos, adjudicándose, sucesivamente, cada quilate en subasta pública, o como diríamos nosotros, a golpe de martillo; los documentos de la época estipulan: con la bachetta in terra del su in giù.

Pero ¿qué significan realmente todas estas meticulosas reglas? La realidad se deja adivinar aquí y allá a través de ciertos contratiempos y de auténticas catástrofes. Una determinada communità no consigue el dinero necesario para completar los trabajos: venderá, entonces, la mitad del ritratto a sus ciudadanos, y la otra mitad a aquel comprador dispuesto a pagar la primera postura (pues el comisario de la subasta la inicia con una determinada postura que luego va disminuyendo). Es frecuente que se constituyan sindicatos de propietarios consorti, o caratadori (compradores de quilates), que son auténticas asociaciones mercantiles; no es extraño encontrar a su cabeza los grandes nombres del patriciado veneciano. Un documento (15 de febrero de

1557)[271] menciona a un tal Hieronimo Dolfin (de una familia de grandes banqueros), que con sus asociados dirigía las negociaciones en lo tocante al ritratto del valle de San Biasio, junto a Lendinara, entre el Bajo Adigio y el curso inferior del Po; proyecto, sin embargo, en punto muerto a la altura de

principios de 1561[272]. Dos años más tarde nos encontramos con otro patricio, Alessandro Bon, quien ha intrapreso a sue spese col permesso della

Signoria la bonifica di tutte le valle che sono tra Po e Bacchiglione[273]; su proyecto tropieza con una resistencia, «el inesperado obstáculo de la communità de Rovigo». Adivinamos, más que sabemos, que siempre se trataba de empresas ambiciosas; solo unos estudios sobre este aspecto específico nos podrían dar la respuesta. Sin embargo, sabemos que basta con que se produzca un accidente, como ocurre el 5 de noviembre de 1554, cuando se rompe un dique en las proximidades de Rovigo, para que queden inundados 30 000 campi fertilissimi, y como la rotura no fue adecuadamente reparada, hay el peligro de que en la próxima cosecha se pierdan 40 000 stara

di fermento [274] , las mismas que en la del año presente. Vemos, pues, que había en juego grandes cantidades de dinero, muchas riquezas e importantes negocios. El 11 de diciembre de 1559, el autor de un proyecto, quien, por desgracia, conserva el más riguroso anonimato, propone hacer, a expensas propias, una serie de ritratti; en compensación tomará un solo campo de cada

diez[275]. ¿Quién se esconde tras este hombre tan generoso?

Aparte de estos pequeños detalles sabemos muy poco acerca de la real situación de los campesinos y propietarios del Véneto, mientras que en estos momentos conocemos a la perfección (por un azar en la tarea de

investigación) a los rústicos del Languedoc y a sus señores[276]. Para poder juzgar con cierto conocimiento de causa haría falta un gran número de investigaciones afortunadas, que están sin hacer, y, a continuación, sopesar cuidadosamente las evidencias. ¿Cuál es el auténtico significado, en relación con las restantes y diferentes explotaciones agrícolas, de este esfuerzo de las bonificaciones, victoria a la larga de los arrozales (quizá desde 1584), que iba a asegurar el bienestar de las clases patricias y el equilibrio de la balanza de pagos de la señoría, en el siglo XVII, sumando sus beneficios a los obtenidos

entonces con el incremento de la producción de la seda?[277] En todo caso, estas vastas bonificaciones no tienen nada en común con las que realizan los canalistes del Languedoc. Por eso, terminado el siglo XVI, se abre en Venecia, para los beneficiarios de la renta sobre tierras, un periodo de prosperidad mayor aún del que disfrutaron en torno de Montpellier o Narbona los propietarios languedocianos. Cuando la riqueza de Venecia entró en acción en las campiñas de Tierra Firme, supo explotarla sabiamente. Pero todavía no conocemos con la seguridad deseable cómo se desarrollaron estos episodios de la historia de la tierra veneciana. Solo sabemos que los campesinos se llenaron de deudas, que la economía siguió siendo generalmente arcaica, y que disminuyeron las tierras comunales… ¡Qué interesante tema de