El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
La resistencia de los Caballeros
La resistencia de los Caballeros [II-489]
Pero el gran maestre, Juan de La Valette Parisot, y sus Caballeros se defendieron admirablemente. Su valor salvó la situación.
La flota turca, que había llegado frente a la isla el 18 de mayo, utilizó inmediatamente, en el litoral sureste, la amplia bahía de Marsa Sciraco, uno de los mejores puertos de Malta, después de la bahía de Marsa Muset, que serviría de puerto a La Valette. En la noche del 18 desembarcaron 4 000 hombres, y el 19, 20 000. La isla fue fácilmente ocupada por esta enorme fuerza. Sólo quedaba en poder de los Caballeros el pequeño fuerte de San Telmo —dominando el acceso a Marsa Muset y la Ciudad Antigua—, el Burgo (vasto campo atrincherado) y los poderosos fuertes de San Miguel y San Ángel. Razones de orden marítimo hicieron que los turcos no comenzaran el sitio hasta el 24 de mayo, por el menos poderoso de los fuertes, el de San Telmo, con la esperanza de poder disponer pronto del puerto, cuya entrada dominaba. La artillería empezó a disparar el 31 de mayo, y la fortificación no cayó en manos de los atacantes hasta el 23 de junio, después de un bombardeo extraordinariamente violento para lo que entonces se usaba. Ni uno solo de los defensores se salvó del desastre. Pero su obstinada resistencia había salvado Malta, dándole el respiro necesario para prepararse a rechazar el asalto y terminar las construcciones previstas en Burgo y en San Miguel, obras que dirigió M° Evangelista, arquitecto de los Caballeros. Estos días ganados permitieron también a los españoles compensar en parte su retraso. Sólo circunstancias fortuitas impidieron a Juan de Cardona, comandante de las galeras de Sicilia, llegar con sus refuerzos a Malta antes de la caída de San Telmo. Sin embargo, el pequeño destacamento de 600 hombres desembarcó todavía oportunamente el 30 de junio y pudo llegar a la Ciudad Antigua, prueba de que los asaltantes no dominaban por completo la tierra ni el mar.
Después de tomar San Telmo, los turcos se volvieron por tierra y por mar contra la fortaleza de San Miguel, cuyas obras de defensa eran considerables, aunque en parte improvisadas. La artillería, los asaltos, las minas, los ataques por barco; no se escatimó nada para tomar la plaza. A punto de caer, fue milagrosamente salvada el 7 de agosto por la intervención del gran maestre en persona y por una salida de caballería de la Ciudad Antigua, que, lanzándose sobre la retaguardia turca, sembró el pánico entre los asaltantes. Piali Pachá reembarcó a sus marineros… Un mes más tarde, el 7 de septiembre, la[II-490] armada turca, que se aprestaba a un último asalto, no había logrado el menor progreso; sus filas estaban llenas de claros, después de los repetidos asaltos y de las epidemias que se habían desencadenado; por último, apareció el hambre. Los refuerzos de hombres y de víveres enviados desde Constantinopla no llegaban. Sitiados y sitiadores habían llegado, en realidad, al completo agotamiento de sus fuerzas. Entonces interviene don García de Toledo.