El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

El sistema resulta próspero

ocurre un pequeño incidente que nos habla con mayor claridad[150]. En este rincón perdido en el mar, los filatogi se dedican a trabajar la seda cruda que compran directamente, contraviniendo con ello una ley de 1547 que prohibía trabajar per conto suo a los hilanderos. El senado decide restablecer el orden: de ahora en adelante los filatogi hilarán las sedas de los mercaderes a fin de que estos no se vean obligados a comprar las hilaturas a los precios que les dé la gana imponer a estos filatogi demasiado independientes. La transparencia de este ejemplo es cristalina. Otras imágenes: un artesano de Génova dice,

testimoniando acerca de otro[151], en 1582: «Sí, sabe muy bien lo que dice por haber sido compañero de trabajo de Agostino Costa, filatore, y por haber visto muchas veces en el taller del dicho Agostino al dicho Battista Montorio [el mercader], que le traía la seda cruda y se llevaba las sedas terminadas». Diez años más tarde, en España, en Segovia, con ocasión de la llegada, en 1570, de la reina Ana (la última esposa de Felipe II) se organiza el desfile de los gremios; en cabeza van los obreros de la Moneda, luego los «tratantes en lana» y a continuación «los fabricantes de paños, a quienes el vulgo llaman impropiamente mercaderes —dice un historiador del siglo XVII—, cuando en realidad son unos verdaderos padres de familia que, en sus casas o fuera de ellas proporcionan a mucha gente el modo de ganarse el pan (a veces a doscientas o trescientas personas), fabricándose así por obra de tantas manos

una gran variedad de paños muy finos…»[152].

 

El sistema resulta próspero

 

No solo debemos considerar el papel predominante del mercader, sino también el éxito económico del sistema y la resistencia que será capaz de ofrecer cuando las circunstancias dejen de serle favorables. El sistema condujo a la concentración y expansión de la industria, a una división más racional del trabajo y a un incremento de la producción. Esto es lo que evidencian ciudades tan apartadas entre sí como lo son Segovia, Córdoba, Toledo, Venecia, y, naturalmente, Génova. Su vitalidad a finales de siglo contrasta con ciertos centros industriales al antiguo estilo, como es el caso de Florencia, donde el antiguo arte de los paños de lujo y de la seda da no pocas muestras de esclerosis y mezquindad. ¿Nos encontramos ante un problema de estructura? Si es así, nuestros argumentos se habrán enriquecido de golpe con la aportación de un elemento de interés excepcional, como sostiene cierto