El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Psicología de la actitud defensiva

de Tremecén”.[118]

Afirmación, esta última, evidentemente exagerada. Aunque las razzias contribuyeron a complicar las dificultades y el aislamiento de los presidios, no explican, ni mucho menos, el fracaso final de España en la áspera y dura tierra africana. Como tampoco lo explican el hambre de los harapientos soldados ni los extraños sacerdotes que se ocupan de su alimento espiritual (por el estilo de aquel francés que se hace pasar por cura en Melilla, tal vez sin haber recibido jamás las órdenes, y que, por lo demás, no se separaba[II-283]

nunca de la botella),[119] ni la mala fe de los indígenas, “los mayores mentirosos del mundo”, según el juicio de un italiano… Estas razones, muy importantes a los ojos de la gente de la época, se empequeñecen a los ojos de la historia. El mal uso que España hizo de los presidios africanos no es más que uno de tantos aspectos de la política de los Habsburgo, o, por mejor decir, de la política de la catolicidad.

 

Psicología de la actitud defensiva

 

Este amplio espectáculo de un mundo, la cristiandad, erizado de defensas frente al Islam, ¿no es, acaso, un signo, un importante testimonio? El Islam, especialista en guerras ofensivas, llevadas con grandes masas de caballería, no adoptaba tales precauciones. Vive, como dice Guillaume du Vair, refiriéndose a los turcos, “siempre en el aire”, dispuesto a lanzarse sobre sus

enemigos.[120] Trátase, en suma, de dos actitudes. ¿Cómo explicarlas? Émile

Bourgeois[121]hacía notar hace tiempo con qué desembarazo la cristiandad abandonó al Islam tantos espacios, principalmente los Balcanes y Constantinopla, llevada de la obsesión a extenderse más allá del Atlántico. En estas condiciones, es lógico tratar de defenderse contra el islam de un modo científico, reduciendo los gastos, con sus cañones y sus sabias fortalezas. Un modo como otro cualquiera de volverle la espalda.