El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

El periodo de prosperidad (1511-1534)

1535[98]; y solo a comienzos del siglo XVI las mercancías inglesas —plomo, estaño, pescado en sal, paños campesinos— penetran realmente en el

Mediterráneo, y en mayores cantidades que hasta ahora se ha supuesto[99].

 

El periodo de prosperidad (1511-1534)

 

Conocemos muy bien tanto los nombres e historia de los navíos como los incidentes de los viajes a Levante en el periodo comprendido entre el año

1511 y el 1534[100]. El Christofer Campion, el Mary Georg, el Mary Grace, el Trinidad, el Mathew of London y algunos otros navíos de Bristol y de Southampton tenían un tráfico regular con Sicilia, Candía, la isla de Quíos, y a veces con Chipre, Trípoli de Siria y Beirut. Llevaban al Mediterráneo tejidos, cariseas de todos los colores, y retornaban cargados de pimienta, especias, sedas, camelotes, malvasia, moscatel, aceites sin refinar, algodón, tapices, etc. Sus viajes eran frecuentes: por fortuna, escriben en Génova los dueños de la Mahonna de Quíos, en enero y febrero de 1531 hemos recibido algunas mercancías de Egipto y Siria, traídas por una nave inglesa (mercancías que, dicho sea de paso, no se encontraban en demasiado buenas

condiciones)[101]. Evidentemente los ingleses no se limitaban a sus propios navíos para el tráfico de Levante: todo este comercio no se hacía solo por medio de las naves inglesas; los insulares confiaban a menudo sus mercancías a las galeras venecianas y a los navíos ragusinos, candiotas, españoles o

portugueses[102].

En Quíos, su punto de reunión al otro extremo del mar, los ingleses

mantuvieron un «factor» hasta 1552[103] [104] . En 1592, Richard Hakluyt, el coleccionador de relatos de viajes y de descubrimientos, todavía escuchó de labios de John Williamson, enganchado como tonelero, en 1534, a bordo del Mathew Gonson de Londres, el relato de un viaje que hizo en dicho año a Candía y a Quíos. Su navío (300 toneladas y 100 hombres) pasaba entonces por una embarcación de importancia y viajaba en conserva con el Holy Cross, un short ship de 160 toneladas. Ambos regresaron del largo viaje al cabo de un año cargados de aceite y de vino en toneles tan descalabrados que fue necesario envasar de nuevo los líquidos antes de desembarcar. La mercancía era excelente, en especial cierta malvasía roja que (y era un viejo quien así hablaba) raramente se había visto en Inglaterra; además, la carga incluía tapices turcos, especias y algodón. El Holy Cross sufrió tales sacudidas durante su viaje de regreso, que después se le dejó pudrir en el puerto.

La abundancia de documentos y cartas que Hakluyt pudo reunir, y la habitual precisión de sus observaciones, nos garantizan que el tráfico inglés era frecuente en la época del Renacimiento en el Mediterráneo, hasta los puertos del Oriente. Prosperó entre 1511 y 1534, prosiguió hasta 1552 «and somewhat longer», añade R. Hakluyt. Mas luego se interrumpió bastante

bruscamente; fue « [105] giben over », nos dice el citado autor. El último viaje que podemos seguir en la recopilación de Hakluyt es el de la «barca» Aucher

(1551), narrado por su capitán, Roger Bodenham[106], viaje bastante accidentado, por cierto. Partió de Inglaterra en enero y hacia la primavera estaba a las puertas de Candía, adonde llegaban numerosos veleros «turcos» cargados de trigo. Acompañado de barcas que llevaban su carga a Quíos, el navío inglés llegó a la isla, que todavía era uno de los centros más activos del Oriente, con sus mercaderes genoveses, sus plantaciones de mastique, sus industrias de mantas de seda y sus múltiples navíos. Zarpó precipitadamente de la hospitalaria isla, escapando a duras penas de las galeras turcas, avanzada de la flota victoriosa que regresaba de Trípoli y de Berbería. El barco inglés prosiguió hacia Candía, donde al pasar vio «bandidos» de la montaña convertidos en soldados para defender la isla, con botas hasta las rodillas, empuñando puñales, arcos y flechas, y borrachos como cubas. Después tocó en Zante, Mesina, Cádiz y arribó a Inglaterra. En relación con este viaje es interesante mencionar que iba en él Richard Chancellor, quien dos años después, en 1553, se aventuró hasta la desembocadura del Duina, en el norte de Rusia… No hay en todo el relato una sola explicación válida sobre la suspensión de los viajes ingleses. Poco es lo que sabemos acerca del viaje del Jesus de Lúbeck y del Mary Gonson, fletados en 1552 para un viaje a

Levante [107]. El relato del viaje de John Locke a Jerusalén en 1553, de un interés apasionante, se refiere solamente a un hombre que, abandonado por un navío inglés en Cádiz, logró llegar a Venecia, donde se incorporó a una nave de peregrinos venecianos que lo condujo, en septiembre, a Tierra Santa. En el viaje de regreso hizo numerosas escalas, de las que nos traza vívidas descripciones, así como del grupo de peregrinos nórdicos, flamencos y alemanes, que soportaban mal el vino del mar interior y se peleaban de

continuo, terminando a cuchilladas[108].

Para explicar el repliegue inglés en el Mediterráneo, Richard Hakluyt cita el doble fin de Quíos en 1566 y de Chipre en 1571, explicación que adoptan

los historiadores ingleses[109]. Pero ¿cómo explicar la suspensión de ese tráfico en 1552 y en 1566? En efecto, la suspensión de los viajes ingleses coincide, en líneas generales, con el empuje de los turcos (1538-1571), pero no es necesariamente resultado de este.