El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

El éxito de la navegación inglesa

turco, renegado italiano sin duda[151], llegó a Inglaterra. El 11 de septiembre de 1581 fue organizada por Isabel la Levant Company, en beneficio de Edward Osborne, Richard Staper, Thomas Smith, William Garret y algunos otros. Su constitución no se logró sin causar serias fricciones con los ingleses más o menos libres que se habían embarcado en la aventura del Levante, y que, asociados en lo que era casi una compañía, comerciaban con Venecia. Pero los beneficios del nuevo tráfico organizado en gran escala no se tocaron inmediatamente, pues los asuntos moscovitas se embrollaron y se paralizaron, y las naves danesas impidieron por la fuerza, en 1582, el comercio en la bahía

de San Nicolás[152]. En noviembre de 1582 la Susanna, de Londres, zarpó rumbo a Constantinopla con presentes y una carta de la reina para el

sultán[153]. La carta la llevaba el nuevo embajador que Isabel acababa de

nombrar en Turquía, William Hareborne[154], el Guillaume Harbron de los

avisos franceses[155], que resultó ser un firme pionero de la causa inglesa. En Sicilia no se enteraron del paso del navío sino hasta el 15 de marzo de

1583[156], cuando ya había llegado al Archipiélago.

El 3 de mayo, William Hareborne besó las manos del sultán, «quien le honró más que a cualquier otro embajador de rey que hubiera tenido en su

presencia», dice Maisse[157]. Ni contra él, ni contra los cónsules que nombró en el Oriente, pudieron hacer, a la postre, absolutamente nada los franceses ni los venecianos, esos «malicious and dissembling peoples», de quienes, según

Hareborne, había que desconfiar[158].

 

El éxito de la navegación inglesa

 

La Levant Company hizo desde un principio abundantes y magníficos negocios. Bajo su primera forma, es decir, según el régimen de la patente del

11 de septiembre de 1581, realizó beneficios hasta de 300 [159] %. Los progresos fueron aún superiores a partir de 1592, bajo la segunda forma que adoptó la compañía, después de su fusión en enero con la pseudo-Venice

Company [160] , fundada en 1583. Desde 1595 la Levant Company disponía de

15 navíos y de 790 marinos[161]. Frecuentaba especialmente las plazas de Alejandreta, Chipre, Quíos y Zante, y con menos frecuencia las de Venecia y

Argel[162]. En 1599 contaba solamente en aguas italianas con 20 navíos. En

1600 añadió a su flota ordinaria 16 navíos suplementarios[163]. Estos éxitos no eran obstáculo para que se lamentara de su pobreza y de innúmeras dificultades, como las que le ocurrieron casualmente en vísperas de la

renovación de sus privilegios, el 31 de diciembre de 1600[164], cuando aún

vivía Isabel, y el 14 de diciembre de 1605[165], a comienzos del reinado de su sucesor, Jaime I. Algunas dificultades existían en realidad: la longitud de los viajes, la hostilidad de España hasta 1604, los peligros del corso berberisco, la violenta defensa de venecianos y marselleses, que no abandonaron sus posiciones sin lucha, amén de las extorsiones de los turcos y la pesada carga que significaba para la compañía tener un embajador en Constantinopla y una serie de cónsules en Berbería y en Levante. Sin embargo, el éxito recompensó el tesón de los mercaderes ingleses, la excelencia de sus navíos, los bajos precios de sus telas y su buena organización. Unas cuantas decenas de navíos de esta empresa lograron en Levante y en el Mediterráneo lo que difícilmente

podían conseguir los marselleses con sus cientos de cascarones de nuez[166]. Entre las causas de su éxito hay que destacar el ingenioso sistema de convoyes que los ingleses pusieron en práctica en 1591, el dinero que les procuraba la balanza favorable de sus compras en Constantinopla y la mayor honestidad de sus mercaderes (con relación a venecianos y franceses, siempre dispuestos a engañar sobre la calidad o sobre la cantidad de sus tejidos). Todos estos argumentos, que ya aparecen en Hakluyt y que repiten historiadores posteriores, merecen ser tenidos en cuenta. Pero también debe señalarse que a los ingleses se debió la renovación del comercio con Levante, ya iniciado con motivo de las especias, y que el viejo mercado del Mediterráneo se aprovechó una vez más de las terribles luchas en el

Atlántico[167]. No fue pura casualidad el que, de 1583 a 1591, los agentes ingleses se abrieran paso por las rutas de Siria hasta el océano Índico, Persia, la India y Sumatra. Debemos a estos aventureros admirables descripciones de todas las rutas del Cercano y del Lejano Oriente. En Egipto, país cálido, los ingleses, comerciantes en paños gruesos, no pudieron lograr beneficios en dinero contante; además, tropezaban allí con la tenaz y hábil competencia

francesa[168]. Era, pues, por Siria y sus rutas terrestres, por donde los ingleses pensaban organizar un comercio de trueque de mercancías, que se impuso, sin que lo destruyera de golpe el segundo descubrimiento del cabo de Buena Esperanza por los holandeses. Señalemos, de paso, que la East India

Company [169] , fundada en 1600, era hija o hermana de la Levant Company.

En pleno Mediterráneo, en Liorna, las cifras nos hablan del creciente éxito de los marinos del norte; por ejemplo, el registro de las portate de naves venidas del Ponant (el texto no da detalles más precisos, y mezcla los barcos

ingleses con los holandeses)[170]: en el periodo comprendido entre octubre y diciembre de 1598 llegaron más de 5000 barriles de plomo, 5613 barriles de arenque ahumado, 268 645 pesei merluzzi, y 513 fardi de pesci stockfiss.