El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Cambio a largo plazo: Las vicisitudes de la campiña romana

investigación![278]

 

Cambio a largo plazo: Las vicisitudes de la campiña romana

 

Los cambios a largo plazo nos resultan, evidentemente, más fáciles de observar. La campiña romana es un excelente ejemplo de continuas

vicisitudes que producen cambios[279]. El campesino tomó posesión de ella muy temprano, ya en la época neolítica. Es natural que, milenios más tarde, bajo el imperio, el agro romano haya estado ocupado en toda su extensión. Contaba con importantes acueductos y la malaria causaba allí pocos estragos. La catástrofe llegó con los ostrogodos, en el siglo V, al cegarse los acueductos. La conquista del suelo no pudo emprenderse de nuevo sino uno o dos siglos después: Ostia renació entonces de las ruinas. Pero nuevas catástrofes sobrevinieron en el siglo XI, después de las cuales volvió a florecer la vida agrícola, a principios del siglo XIV y en el siglo XV. Ostia resurgió de nuevo, esta vez gracias al celo del cardenal de Estouteville. En los siglos XV y XVI surge también la gran propiedad señorial, y se forman grandes fincas con murallas como de fortaleza: los Casali, que todavía se distinguen hoy al borde de las grandes carreteras y cuya sólida construcción pone bien de manifiesto la inseguridad de la planicie, siempre amenazada por bandidos prontos a bajar de la montaña. Estas grandes fincas de tipo «colonial» practicaban la rotación de los cultivos (el trigo era la principal razón de su existencia) y la crianza de ganado vacuno en gran escala. Los Abruzos suministraban la mano de obra. Pero ¿hasta dónde era sólida esta toma de posesión?

La situación en el siglo XVI no era en modo alguno floreciente. Los cardenales tenían sus «viñedos» en la Campagna, pero estaban plantados en colinas bien aireadas, como el Casino de los Borghese, en el Palatino. Benvenuto Cellini, a quien le gustaba salir de caza por los alrededores de Roma, refiere detalladamente cómo se salvó por milagro, según asegura, de

una larga enfermedad que bien pudo ser un ataque agudo de paludismo[280]. Imaginémonos la campiña romana de antes, con muchos espacios vacíos, marismas y terrenos baldíos que, en realidad, solo sirven para cotos de caza. Tenemos, por otra parte, la impresión de que una vida pastoril activa e invasora que desciende de diversas partes de los Apeninos viene a llamar un día y otro a los muros de la ciudad como en las lejanas épocas de su vida primitiva. Actas notariales suscritas en Roma hacia 1550 nos indican la presencia allí de numerosos mercaderes de ganado, entre ellos algunos