El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
Capítulo III. Los confines: el Mediterráneo mayor
CAPÍTULO III [I-221]
LOS CONFINES: EL MEDITERRÁNEO MAYOR
EL PRESENTE capítulo presenta varias dificultades. Es posible, sin embargo, que el lector no se aperciba inmediatamente de ellas. Se le invita a viajes que le llevarán muy lejos de las orillas mediterráneas; y es posible que desee emprenderlos. Pero al hacerlo acepta inmediatamente un agigantamiento en apariencia excesivo del campo de estudio. Pretender que en el siglo XVI existe un Mediterráneo global que abarca las Azores y el Nuevo Mundo, el Mar Rojo y el golfo Pérsico, el Báltico y el gran meandro del Níger, puede parecer como un intento de exagerar en exceso sus confines.
Se rebasan los límites convencionales. Los trazados por los geógrafos son los más familiares y restrictivos: para ellos, la región mediterránea se extiende desde el límite norte del olivo al límite norte de los grandes palmerales del
sur. Con el primer olivo que encontramos[1] viniendo del norte, entramos ya en el espacio del mar interior; y lo abandonamos en cuanto encontramos, siguiendo hacia el sur, el primer palmeral compacto. La definición geográfica concede una gran importancia al clima, que, indudablemente, es un factor decisivo en la vida del hombre. Pero si aceptamos esos límites nos quedamos sin nuestro Mediterráneo máximo. Tampoco podemos aceptar los límites establecidos por geólogos y biogeógrafos: unos y otros lo definen como una larga zona filiforme, simple línea sin importancia, considerada a la vasta escala de la corteza terrestre; para los geólogos es un interminable cinturón que va del Atlántico al océano Índico, y en el que se asocian fracturas tectónicas y plegamientos recientes; para los biogeógrafos es esa estrecha zona que se extiende en el sentido de los paralelos, lugar natural de ciertas plantas y animales característicos, desde las Azores hasta el remoto valle de Cachemira.
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FIGURA 12. El Mediterráneo a escala del mundo. Según orientemos esta carta, que podemos hacer girar sobre sí misma, se acentuarán sucesivamente los diferentes horizontes mundiales del Mediterráneo: el Sahara, el Atlántico, el océano Índico y Europa. Hemos preferido dar a este mapa una orientación nada frecuente, porque así se hace más patente la inmensidad desértica del Sahara agobiando este mar. Se extiende desde sus orillas hasta las selvas tropicales de África. El Mediterráneo funciona como frontera de estas tierras ingratas, las separa de la Europa Meridional (que llega hasta los bosques del norte) y, por medio del Mar Rojo, el océano Índico y el golfo Pérsico, rompe su unidad. Las áreas punteadas corresponden a las zonas en que el hombre se ha establecido en tiempos muy tempranos (aprovechemos la ocasión para hacer notar, como contraste, los vacíos de las zonas montañosas de las penínsulas mediterráneas). Comunicaciones terrestres y marítimas, cuyas rutas y escalas se extienden en todas las direcciones que el lector pueda suponer, crearon el espacio-movimiento del Mediterráneo Máximo. Mapa dibujado por Jacques Bertin.