El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

De Génova a Amberes, y de Venecia a Hamburgo: las condiciones de la circulación

De Génova a Amberes, y de Venecia a Hamburgo: las

condiciones de la circulación

 

Como hemos visto, la vida mediterránea se lanza, prolongándose, hacia el norte, por medio de una circulación terrestre excepcional, si consideramos los medios con que contaba la época. Aunque no todo es modernidad y actividad bulliciosa al norte de los Alpes, en el espacio comprendido entre Lyon y Viena, sí podemos afirmar que estaba animado por una vitalidad superior quizá a la de Francia, particularmente si incluimos en dicha zona a Lyon, ciudad de los Alpes y del valle del Ródano. Evidentemente, es una zona que presenta múltiples rasgos modernos. Crecen allí numerosas firmas, cuyas raíces se hallan a la vez en las ciudades de Italia y en las de los Países Bajos y de la península ibérica. Las grandes firmas familiares, de proporciones colosales, inclinadas siempre a encerrarse en sí mismas (los Fugger, los Hochstetter, los Welser, los Affaitati), han dado paso a firmas más pequeñas, pero más numerosas y, sobre todo, más activas de lo que se puede imaginar leyendo nuestras historias generales: los Della Faille, en los Países Bajos —

sobre los cuales ha aparecido un libro recientemente—[190]; los Torrigiani, Bartolomeo Viatis (y su socio, Fürst), en Núremberg y Breslau; los

Pestalozzi, Bartolomeo Castello, en Viena; los Montelupi, en Cracovia[191], por citar solamente algunas firmas italianas de las establecidas a final de siglo en países extranjeros. Pero se podrían añadir a estos nombres varias decenas

de otros[192].

Aparece una nueva práctica: estas firmas trabajan por comisión, apoyándose en otros mercaderes conformes en representarlas y actuar en su nombre. Esto reduce notablemente los gastos operativos. «El notable aumento

del número de mercaderes a menor escala [escribe un historiador][193] constituye el nuevo e importante elemento de la evolución comercial del siglo XVI». Esta tendencia se hace general en toda la Europa Central. Contemporáneamente, ciertas casas se especializan en el transporte, que se convierte en una actividad en sí. Sabemos de importantes casas de

transportistas en Amberes y Hamburgo: la de los Lederer[194], los

Cleinhaus[195] [196] , los Annoni y otras muchas, con frecuencia de origen

alpino. Lo mismo ocurre en Lyon[197] y en la propia Venecia. Así lo testimonia un documento veneciano —sin fecha— del siglo XVII: «Las

mercancías que se llevan de Venecia a Lombardía[198] y a Alemania, las confían los mercaderes a los transportistas (conduttori). Estos, una vez convenido el precio, se comprometen a entregarlas en los lugares indicados, en buenas condiciones y en el plazo de tiempo fijado por ambas partes». A su vez, estos conduttori recurren a los servicios de los spazzadori, quienes transportan los cargamentos en barcas, en vehículos o a lomos de animales, de posada en posada; el posadero les provee de los animales y vehículos que

puedan necesitar[199]. Un último detalle: estos conduttori, y seguramente estos spazzadori, no son venecianos, sino «extranjeros», gente de los Alpes y del norte. En todo caso, es evidente que existía la división de trabajo, con las consiguientes racionalización y especialización. De un modo semejante se organizan las postas del servicio de correos, y no solo por obra de la grande y célebre familia de los Tassis, que detentó el monopolio del transporte de

cartas en los dominios de los Habsburgo[200]. Como consecuencia de esto, aumentó la actividad mercantil, ahora más accesible a aquellos mercaderes que se iniciaban en el mundo del comercio y disponían de poco dinero

líquido[201]. Y se desarrolla en esta Alemania de la línea central una industria textil de tipo capitalista, en contacto con mercados lejanos, que había de ser

de importancia decisiva[202]: se trata de las ya citadas industrias de lino de

Sajonia[203] [204] , Silesia y Bohemia. Aprovechando las guerras en los Países Bajos, comienzan a progresar tanto en Alemania como en los cantones suizos

industrias productoras de artículos de seda y de semilujo[205].

El comercio a larga distancia había de limitarse necesariamente al de mercancías cuyo valor fuese capaz de compensar y amortizar los gastos de transporte: el cobre, la plata, la quincallería, la pimienta, las especias, el algodón de Levante (del que Venecia continúa siendo el principal puerto de importación y reexportación hacia el norte), la seda, las Südfrüchte, y finalmente, y en especial, los paños, siempre prioritarios. En una dirección se mueve un tráfico de piezas de carisea inglesa («una de las más importantes bases del comercio en cualquier lugar del mundo», decía ya en 1513 un

documento veneciano)[206], telas, estameñas (de Hondschoote, y más tarde, de Leyden), gorgoranes (de Lille), tejidos «mixtos» (fustanes, buratos y bombasíes) y telas de las ciudades alemanas y suizas. En la otra dirección, partiendo de Italia, terciopelos, tafetanes, paños de lana de primera, paños de seda con hilo de oro o plata y telas de gran lujo. La casa Della Faille, de Amberes, establece una filial en Venecia y otra en Verona, que se encargan de comprar sedas crudas, que a continuación hilan in situ con tal perfección que

la calidad de sus productos no conocerá rival[207]. Las cifras que aparecen en los libros de cuentas de la casa no producen, en absoluto, una impresión de decadencia, sino todo lo contrario.