El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

El Imperio turco visto desde dentro

verde del profeta.[53] No cabe duda de que la exaltación de Selim a la dignidad de supremo jefe de todos los creyentes, en 1517, produjo en todo el islam una conmoción parecida a la que provocó dos años más tarde, en la cristiandad, la célebre elección de Carlos, rey de España, a la corona del imperio. Aquella fecha marca, en plena primavera del siglo XVI, el advenimiento de la gran potencia otomana y (puesto que se paga) de una

oleada de intolerancia religiosa.[54] Selim muere poco después de estas victorias, en 1518, en el camino de Adrianópolis. Su hijo, Solimán, hereda al padre, sin que nadie le dispute la sucesión. Le correspondió el inmenso honor de asegurar la grandeza otomana, pese a los pesimistas pronósticos que por entonces se hacían en torno de su persona. No cabe duda de que el hombre estaba a la altura de su misión. Pero hay que reconocer que subió al trono en una hora particularmente favorable. En 1521 se apodera de Belgrado, puerta de Hungría; en julio de 1522 pone sitio a Rodas, y toma la plaza en diciembre del mismo año; habiendo caído en sus manos la terrible y potente fortaleza de los Caballeros de San Juan, todo el Mediterráneo oriental quedaba a merced de sus juveniles ambiciones. Nada se oponía ya a que el dueño de tantas costas en el Mediterráneo dispusiera también de una flota. Sus súbditos y los

griegos, incluidos los de las islas venecianas,[55] habrían de suministrarle el indispensable material humano. Pero el gran reinado de Solimán, que se abre con esa ruidosa victoria, ¿habría podido ser tan brillante como fue sin la conquista previa de Siria y de Egipto?

 

El Imperio turco visto desde dentro

 

Nosotros, los historiadores occidentales, hemos visto sólo desde fuera este Imperio turco. Y eso es verlo a medias o menos aún que a medias, y, en consecuencia, lo hemos tratado desde un punto de vista unilateral. Esta estrecha y anticuada perspectiva va cambiando gradualmente a medida que estudiamos los riquísimos archivos de Estambul y del resto de Turquía. Para comprender la potencia de esa enorme máquina; para comprender también sus

debilidades[56] —que se manifiestan muy precozmente— y sus oscilaciones, hay que observarla desde su interior. Y, para hacerlo, hay que reconsiderar una forma de gobierno que también lo era de vida, una herencia mixta y compleja, un orden religioso y un orden social y diferentes periodos económicos. La carrera imperial de los Osmanlíes cubre varios siglos de la historia y, en consecuencia, una serie de experiencias sucesivas, diferentes y contradictorias. Es un Asia Menor feudal que se abre paso hacia los Balcanes (1360) pocos años después de la batalla de Poitiers, en los primeros momentos de la que llamamos la guerra de los Cien Años; es un sistema feudal (beneficios y feudos) que se instaura en las tierras conquistadas de Europa y que crea una aristocracia terrateniente controlada con muy varia fortuna por los sultanes en los primeros tiempos, y contra la cual lucharán en adelante con perseverancia y efectividad. Pero la clase dominante en la sociedad otomana, los esclavos del sultán, se reclutará en las más variadas y cambiantes fuentes. Sus luchas por el poder puntuarán el ritmo interior de la gran historia imperial. Volveremos luego sobre el tema.