El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Los años de 1561 a 1564

 

¿La armada turca va a hacerse a la mar en 1561? Bajo la impresión todavía deprimente y angustiosa de Yerba, todos estaban persuadidos de ello[II-450]

en este sombrío invierno de 1560-1561, en que falta el trigo[118] y hace

estragos la peste.[119] He aquí a un francés que vuelve de Constantinopla, en compañía de un soldado ragusino. Conversan por el camino y, al llegar a su destino, en los primeros días de enero de 1561, el de Ragusa afirma que, según su compañero de viaje, la armada turca ha vuelto de Persia y que la

armada será, este año, [120] importantissima . Resumiendo los avisos que le llegan, el virrey de Nápoles asegura, el 5 de enero, que la armada estaba a punto de salir. Calcula que en unos 20 o 30 días podrá tomar las providencias necesarias para poner a las costas en estado de alerta defensiva. ¿Se le enviaría los españoles prometidos? ¿Se ocuparía el gobierno a tiempo de La

Goleta?[121] Un mes más tarde, según el virrey de Sicilia, estaban amenazadas

La Goleta y Orán.[122] Todo ello, sin contar con las incursiones de los argelinos, tan reales y amenazadoras, que Felipe II niega al virrey de Mallorca, el 28 de febrero, la autorización que le solicitaba para ausentarse de

la isla.[123] Los avisos de Corfú, fechados el 30 de marzo (se recibieron en Nápoles el 2 de mayo), anunciaban también una armada turca de cien galeras,

[124] y Antonio Doria, que hace un viaje a La Goleta en abril, teme encontrarse en su ruta a los corsarios enviados a bloquear el presidio, en

espera de la flota turca.[125] Que yo sepa, el primer aviso de Constantinopla señalando que sólo había una pequeña flota turca, destinada exclusivamente a la defensa de las costas de Levante, data del 9 de abril de 1561, y está fechado

en Constantinopla.[126] [127] La noticia, confirmada después ampliamente, no llegó a Nápoles sino en junio, y, hasta entonces la cristiandad no se da un momento de respiro en los preparativos de la defensa. Entre abril y junio se había atendido a toda una serie de exigencias de La Goleta en materia de

cisternas y de artillería.[128] En mayo, el virrey de Nápoles solicitaba del papa[II-451] que autorizara a Marcantonio Colonna a participar en la defensa eventual de

Nápoles contra los turcos.[129] Pero no es preciso entrar en todos los detalles de una pesada máquina política y militar, más regular en su funcionamiento de lo que dicen los historiadores.

Si seguimos los acontecimientos a través de ojos napolitanos, veremos que la calma no renace hasta agosto, con el licenciamiento de los italianos que

reforzaban la guardia de los marinos.[130] En España el estado de alarma termina a comienzos de septiembre: “ahora que la estación y el temor a la armada turca pasaron”, escribe desde Madrid el obispo de Limoges, el 5 de

septiembre.[131] La flota turca, que había salido de Constantinopla en junio con unas 50 galeras, se contentó con un rápido viaje de ida y vuelta a Modón. A comienzos de julio zarpó de este punto y el 19 de agosto se hizo a la vela

en Zante, rumbo a Constantinopla.[132] ¿Por qué este esfuerzo tan limitado? ¿Por qué este error?

Los documentos nos dan a escoger entre impresiones e hipótesis; nada más. ¿Se debió a los negocios de Persia, todavía y siempre a ellos, como lo indica la carta que Boistaillé escribió en Venecia, el 7 de junio de 1561, a

Catalina de Médicis?[133] En su carta del 11 de mayo del mes anterior le había

escrito:[134] “el rey Felipe no tiene medio más seguro para contentar al dicho Gran Señor en sus países que ese freno. Y se puede asegurar que el Gran Señor no habrá dejado pasar este año tan dulcemente como lo ha hecho, si no fuera porque en el puerto de Constantinopla tiene solamente cuarenta galeras”. Apuntemos, de paso, que desde el 9 de mayo se sabía ya en Venecia todo esto; en cambio, el virrey de Sicilia no sabía aún el 8 de junio si habría o

no peligro turco.[135] Sin embargo, Boistaillé no cree que los negocios de Persia basten para explicar la morosidad tan anormal de la armada, que ya en

julio había regresado a sus bases.[136] ¿Habría muerto Piali Pachá, como se[II-452] anunciaba, se pregunta el 11 de julio? Piali Pachá no había muerto, pero sí

Rustem, y el nombramiento del primero como gran visir[137] y las rivalidades entre los ministros del gran señor tenían quizá algo que ver en este asunto…

[138] Corrían toda suerte de rumores, incluso el de que las galeras habían

tenido necesidad de intervenir en el mar Negro.[139]

El informe del embajador español en Viena, fechado el 14 de septiembre,

[140] es más circunstanciado y, al parecer, más preciso: el turco no ha podido entenderse con el sofí; fuertemente resentido por ello, ordenó pregonar la guerra contra los persas. Decíase que iba a invernar en Alepo, para preparar desde allí la campaña del próximo verano. También se decía —y esto es lo que parece más digno de mención en el testimonio del conde de Luna— que “piensan que no lo hará ni osará salir de Constantinopla, ansi porque no asegura mucho de Celim como por temer que con el favor que Bayazet tiene en muchos de sus subditos, no causase rebelión en aquellas partes que no pudiese volver a ellas”. Se adivinan las segundas intenciones que para el futuro anuncia este documento con respecto a la guerra contra Bajazet, cuyo aspecto social no se puede pasar por alto. Esta guerra afectó y hasta paralizó a Turquía en su propio centro… Nos atreveremos a añadir, por nuestra cuenta, una hipótesis de estas explicaciones propuestas por los observadores de la cristiandad. Parece que el año de 1561 fue, para el Imperio turco, un año malo, de pobres cosechas, de disputas con los venecianos en torno al trigo, y de brotes epidémicos. Todos estos factores tienen que haber contribuido al resultado final.

En 1562, las nuevas de Constantinopla fueron ya mucho menos inquietantes para la cristiandad. Los únicos avisos un poco sensacionales que encuentro son el que representa a un embajador del rey de Túnez

desgarrándose las vestiduras ante el gran señor,[141] o aquel otro que se refiere

al viaje de Sampiero Corso a Constantinopla por la vía de Argel[142] (este último sólo interesaba a Génova). Los preparativos para la defensa, de todos[II-453] modos, no se abandonaban; pero se inician primero y terminan antes que en el

año anterior. La flota turca no intentó ninguna acción y ya en mayo[143] sonaba el fin de alerta en Nápoles, y en la primera quincena de junio, en

Madrid.[144] Cosa extraña y que sólo se explica por el exceso y la inutilidad misma de los terrores del año anterior: la tregua parecía ya cosa natural a todos, y nadie se preocupaba de averiguar sus razones. El virrey de Nápoles limitábase a escribir que el sultán no enviaría su flota contra La Goleta, bien a causa de la discordia entre sus hijos, bien “… por no dexarla alargar de la costa de sus mares o por ser avisado que la dicha Goleta esta bien proveyda”.

[145]

En todo caso, deben de haber mediado imperiosas razones, puesto que en este mismo año el turco afirma las treguas con el emperador, que estaban en

suspenso desde 1558.[146] Con este motivo, fueron puestos en libertad mediante rescate Álvaro de Sande, don Sancho de Leyva y don Berenguer de

Requeséns.[147] Lo más probable es que el sultán deseara volver deliberadamente sus esfuerzos hacia el este, puesto que la paz de facto que podía imponer a su albedrío a la cristiandad en el mar no le bastaba, y puesto que, además, quiso y obtuvo la libertad de sus ejércitos de tierra en las fronteras occidentales.

Durante el invierno siguiente, la cristiandad se habitúa a esta quietud, aunque sin descuidar sus precauciones oficiales. Seguía hablándose, desde luego, de salidas eventuales de la flota, y de amenazas sobre La Goleta y Cerdeña. Pero, desde enero, se acusan las consabidas disensiones a propósito del trigo, que, como de costumbre, Venecia trataba de sacar del Archipiélago,

señal de que los graneros turcos no estaban suficientemente llenos.[148] Súpose también que el viaje de Sampiero Corso no había tenido éxito, y es significativo que la prudente alarma sobre este asunto la haya dado Felipe II

desde El Escorial.[149] Como consecuencia de ella se reaprovisiona La Goleta,[II-454] este pequeño pozo sin fondo. Pero, en general, prevalecía la calma. Desde comienzos de junio teníase por cierto en Nápoles que no habría armada; un informador que parte de Constantinopla el 29 de abril y llega el 5 de junio a

su destino es portador de la buena nueva, que nadie pone en duda.[150] Todos los avisos posteriores confirmaban que los turcos se habían contentado con botar al agua cierto número de galeras, sin armarlas, y que sólo habían hecho salir unas cuantas, las indispensables para la vigilancia en el Archipiélago.

En 1564 se advierten pocos cambios en las relaciones entre Turquía y la cristiandad. En enero se habla de que los turcos se están armando, lo que

inquieta hasta a los venecianos;[151] pero ya el 12 de febrero se afirmaba en

Constantinopla que no habría armada.[152] Por esta misma época, el duque de Alcalá estaba a punto de disponer el envío de mil hombres, aunque, según lo dijo él mismo, a pesar de las informaciones recibidas y no a causa de ellas.

[153] Todo estaba en calma, pero nada se perdía por ser prudentes. Sampiero Corso mantiene conversaciones por interpósitas personas con el embajador

español en París, Francés de Alava.[154] Se queja del gobierno de Génova y recuerda que Córcega pertenecía a la Corona de Aragón; los corsos eran, pues, súbditos del Rey Católico. Francés de Alava concluía opinando que, en todo caso, debía tenerse presente que los dos capitanes corsos que se habían entrevistado con él en esta ocasión conocían bien los asuntos de Levante y se les podía utilizar al servicio del rey…

Es cierto que hubo todavía una alerta a comienzos de mayo, de lo que

Ruy Gómez habló al embajador de Francia;[155] pero no había terminado el

mes, cuando ya los temores se habían disipado.[156] Entre el 27 de mayo y el 6

de junio llegaron informes detallados de Constantinopla[157] explicando por qué, a pesar de las protestas de las rais, que habrían querido hacerse a la mar, se encontraba la armada en la imposibilidad de salir. Iban a botarse 60 galeras, que a la sazón estaban calafateando, pero no se vislumbraban arreglos[II-455] para conseguir remeros y provisiones, por lo que, en el mejor de los casos, los barcos no podrían quedar aparejados antes del 10 o el 15 de julio, y luego se desplazarían spahis de las guarniciones para formar la fuerza de a bordo, lo que no terminaría hasta agosto. Todo esto hacía suponer razonablemente que no habría campaña; en vista de lo cual y no menos razonablemente, Felipe