El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
Normandos y bretones
1549 llegan a Venecia dos navíos portugueses[69]. Pero no dejemos que estos episodios y otros semejantes nos confundan. La aventura portuguesa estaba indudablemente en sus últimos instantes a mediados del siglo XVI. Otros barcos y otros marinos han llegado a ofrecer sus servicios, y yo creo que los transportes portugueses comienzan a resultar más lucrativos al oeste de las Columnas de Hércules que lo son al este. A no ser que hayan disminuido las oportunidades que ofrece el Mediterráneo.
Normandos y bretones
Los normandos y los bretones no tomarán inmediatamente el relevo; tardarán en entrar en escena, aunque unos y otros habían aparecido muy temprano en las costas atlánticas de España y Portugal. Es muy posible que
desde 1466 haya existido un barrio bretón en Sanlúcar de Barrameda[70] (con la salvedad de que la palabra berton, en español, lo mismo que bertone en italiano, se usa durante todo el siglo XVI para designar a las personas del norte en general). Sin embargo, si la piratería es síntoma de reciente arribada, no hay duda que se han presentado siguiendo la estela de las guerras de Italia, en
1496-1497, por ejemplo, o en 1502[71]. En enero de 1497, ciertas nave
bertone [72] piratean activamente en torno de Mallorca. Pero por lo que parece, el comercio no vino a continuación, sobre todo en el caso de los bretones que, preguntados acerca de Venecia, en 1500, responden que «ellos apenas habían
navegado por aquellas aguas»[73]. Habrán de pasar todavía 40 años hasta
encontrar una referencia a dos de sus navíos en Gibraltar, en 1540[74]; un golpe de viento los había empujado dentro del Mediterráneo, pero no entrarían en él hasta poco antes de iniciarse la segunda invasión de naves atlánticas, y, por los datos que poseemos, no pasarán más allá de los puertos
del Levante español. En 1567 hay un barco bretón en Alicante[75]; en noviembre de 1570 o 1571 hay otro en Málaga: se llama el Baron, y lleva a bordo al maestro Guillaume Potier y los mercaderes Étienne Chaton y François Pin, además de un cargamento de telas de lona y unos pocos miles de quintales de pescado. Una vez vendido todo, compran uvas secas y otras mercancías por un valor total de 4000 escudos, y están apresurando los preparativos para volver a Bretaña, cuando el proveedor de Málaga embarga la nave, mete en prisión a uno de los mercaderes y decide que el barco, puesto ahora al servicio del rey, irá a Orán o al peñón de Vélez. Nos encontramos ante un caso de flagrante contravención del tratado firmado por ambos países, explica el embajador francés; y añade: «y no es la primera vez que un navío
francés de la especie ha sido requisado en Málaga»[76]. Y hasta 1571 no
llegará a Civitavecchia el primer navío de Saint-Malo[77].
Entre estos humildes y discretos visitantes, los más mencionados son los normandos. En 1499, uno de sus grandes navíos, el Magdeleine, fue
capturado en Almería por un corsario portugués[78]. Diez años más tarde, los veleros normandos van a cargar regularmente en el Mediterráneo los alumbres necesarios para la industria textil de Ruán; este mineral viene de España, en cuyo caso procede de Mazarrón, o de los Estados pontificios, y entonces se carga en Civitavecchia. De sus visitas al Mediterráneo en 1522,
1523, 1527, 1531, 1532, 1534, 1535, 1536 y 1539[79] estamos muy bien informados: decenas de estos pequeños veleros figuran en los registros de los tabellions (funcionarios públicos que hacían el papel de notario) normandos y en las listas del puerto de Civitavecchia. No faltan los incidentes en los puertos: por ejemplo, el 3 de febrero de 1535 se requisan en Cartagena tres pequeñas naves normandas cargadas de arenques, pescado salado et otras muchas mercaderías, en el mismo momento que van a levar anclas con rumbo a Liorna y Civitavecchia. Dos de ellas se llaman María, y una es de Dieppe y la otra de Saint-Valéry-en-Caux; la tercera, también de Dieppe, es La
Louve[80] [81] . La ruta más usual es la que toma La Fleur de Lys de Dieppe (80
toneladas, 22 de mayo de 1536), que va a Ligorne et Civitegie (Liorna y Civitavecchia), y que descarga alumbre en Havre de Grâce, Londres, Amberes o Ruán; o también la seguida por La Françoise de Ruán (2 de octubre de 1535), que toca en Marsella, Villefranche, Liorna, Nápoles,
Mesina y Palermo[82].
Inevitablemente, los navíos normandos acaban, a la larga, integrándose en otros tráficos, unas veces por contrato y otras por accidente: por ejemplo, en los de África del Norte, donde cargarán coral en las cercanías de cabo Negro, y finalmente, aunque no antes de 1535 o 1536, alcanzan el Mediterráneo Oriental, última etapa que más tarde o más temprano habrán de cubrir, en su
normal progresión, todos los navíos. En 1539[83], La Grande Martine de Dieppe hacía el trayecto de Marsella, Chipre, Constantinopla y Salónica.
Llegados comparativamente tarde, los normandos prolongan su presencia en el Mediterráneo. Civitavecchia les proporciona abundancia de cargamentos en el periodo comprendido entre 1545 y 1552. Y viajes de mayor envergadura los llevan hacia el este y hacia el sur. En 1560 una nave de Dieppe cayó en
poder de Euldj Alí[84]; reapareció luego en el Mar Negro, indudablemente al servicio de los turcos, y allí se hundió. En 1561, otra desventurada nave de Dieppe fue devorada por el ogro, esta vez el español, cerca de las Baleares; había zarpado del puerto nórdico hacia Berbería con un piloto enganchado en Tolón, quien, a la vista de todo el mundo —esta era, por lo menos, la versión francesa—, cargó remos, mercancía que en los países del islam se consideraba como contrabando; a bordo de la nave iban también plomo y balas, según el almirante de Francia, destinadas a Dieppe y no al África, lo que le pareció inverosímil al maldicente y áspero Chantonnay, aunque parece que esta vez