El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
España abandona el Mediterráneo
se llamará, ya en vida de Felipe II, la monarquía universal.[155]
España abandona el Mediterráneo
Todo esto nos aleja del Mediterráneo.
El día en que Felipe II se instala en Lisboa coloca el centro de su imperio mixto a los bordes del vasto océano. La ciudad de Lisboa, donde el monarca español se establece de 1580 a 1583, es, por lo demás, un lugar admirable para gobernar desde allí el mundo hispánico, mucho mejor situado y equipado, por supuesto, desde este punto de vista, que Madrid, encerrado entre las tierras castellanas, particularmente cuando se trata de la nueva lucha por el control de las aguas oceánicas. ¿Aquel movimiento agitado e incesante de los barcos, espectáculo que el monarca podía contemplar desde las ventanas de su palacio, y que describe en sus deliciosas cartas a sus hijas, las infantas, no era una lección de cosas, diariamente renovada, que hablaba al rey de las realidades económicas sobre las que se cimentaba su imperio? Si Madrid se halla mejor situado, como centro de escucha, para saber lo que se agita en el Mediterráneo, en Italia o en el espesor continental de Europa, Lisboa es una magnífica atalaya sobre el océano. ¡Cuántas lentitudes, cuántos desastres tal vez se habrían evitado si Felipe II hubiera sabido comprenderlo al preparar la Armada Invencible, si no hubiera permanecido entonces atado a Madrid, lejos de las realidades de la guerra!
El modo como la política española bascula hacia el oeste, donde se ve cogida por las poderosas corrientes del Atlántico; el asunto de las Azores en[II-716] los años de 1582 y 1583, donde se salvó el archipiélago y donde, al mismo tiempo, con el desastre de Strozzi, se disipó el sueño de un Brasil francés; la guerra de Irlanda, reanimada con paciencia desde 1579 hasta el final del siglo; la preparación de la guerra contra Inglaterra y luego la expedición de la Armada Invencible en 1588 y las acciones de guerra de Felipe II contra los ingleses en 1591 y 1597; la injerencia española en los asuntos de Francia y el gran capítulo de la ocupación parcial de la Bretaña; las medidas de defensa de los ingleses y los holandeses; la acción de los corsarios protestantes, desencadenada por todo el espacio oceánico: todos estos hechos, aunque se desarrollan fuera de las aguas del Mediterráneo, no son, sin embargo, totalmente ajenos a este mar. Si la paz se restablece en el mar interior es, en efecto, porque va a alojarse a los grandes espacios vecinos: al Atlántico por el oeste y a los confines de Persia y del océano Índico, por el este. Al movimiento bascular de Turquía hacia el este responde el desplazamiento de España hacia el oeste. Grandes oscilaciones que no puede explicar la historia de los acontecimientos, ya que se lo impide su propia naturaleza. Caben, sin duda, no lo desconocemos, otras explicaciones que las propuestas en este libro. Pero el problema, indiscutible, se delinea en toda su nitidez: el bloque de las fuerzas hispánicas y el bloque de las fuerzas turcas, que durante tanto tiempo se habían enfrentado en el Mediterráneo, se desentienden ahora el uno del otro y, de pronto, el mar interior es desalojado por la guerra de los grandes Estados, que había sido el hecho saliente de su historia desde 1550 hasta 1580. Una gran época termina así para el Mediterráneo.