El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
La guerra defensiva frente a los Balcanes
Estas interpretaciones de conjunto resultan prácticamente irrefutables, aun[II-257] cuando carezcamos de la suficiente evidencia cronológica que nos permitiría ver si las pasiones siguen o preceden —como yo creo, preceden y siguen— a estos cambios radicales, provocándolos, alimentándolos y, finalmente, consumiéndolos en el curso de la acción emprendida. Pero una explicación que sólo toma en cuenta a uno de los beligerantes es siempre insuficiente. Los occidentales tendemos a razonar de una manera bastante elemental. Y la otra mitad del Mediterráneo tenía una vida propia que vivir y una historia propia
que hacer. Un reciente estudio (tan ejemplar como conciso)[22] afirma que también en el lado turco se produjeron fases análogas, coyunturas sincrónicas. El cristiano abandona la lucha, se ha hartado del Mediterráneo, pero el turco hace exactamente lo mismo, y en el mismo momento. Es cierto que seguían interesados en la frontera húngara y la guerra marítima en el Mediterráneo, pero no lo es menos que, en idéntica medida, reclaman su atención el mar Rojo, el Indo, el Volga… Los centros de gravedad y las líneas de acción del turco se van desplazando en correlación con las modalidades de una guerra mundial (una idea sobre la que Frederic C. Lane me insistió mucho en el curso de conversaciones privadas). Es como si en esta historia bélica que abarca desde Gibraltar y los canales de Holanda hasta Siria y el Turquestán, todo estuviese en correlación. Se trata de una historia que, hablando en términos de electricidad, tiene en todas partes el mismo voltaje: sus variaciones eléctricas son idénticas. En un determinado momento, cristianos y musulmanes se enfrentan en forma de Yihad y Cruzada, pero luego se vuelven la espalda para dedicarse a descubrir conflictos internos. Pero esa álgebra de las pasiones confluyentes era también, y esto es lo que trataré de
demostrar al final de este segundo libro,[23] una consecuencia de las lentas pulsaciones de la coyuntura material, idéntica a lo largo y lo ancho de todo ese mundo conocido que, en el siglo XVI, ha inaugurado su existencia como una unidad.
La guerra defensiva frente a los Balcanes
Frente a los turcos, el Mediterráneo cristiano se eriza de fortalezas. Es una de las formas constantes de su guerra. Al tiempo que combate, inspecciona y extiende sus líneas de contención y de protección, cubre y acoraza su cuerpo, siguiendo una política instintiva y unilateral. Por su parte, los turcos fortifican poco y mal, y lo mismo los argelinos y el cherif. ¿Se trata de diferencias de[II-258] técnicas o de actitudes? ¿Es que los unos, los turcos, confian en la fuerza viva de los jenízaros, los spahis y las galeras, mientras que los otros, los cristianos, sienten la necesidad de asegurarse, y, hasta en los grandes años de la lucha, cierta preocupación por economizar elementos y recursos? Si los Estados cristianos del Mediterráneo sostienen en Levante servicios de espionaje tan complicados, no lo hacen solamente por el miedo a los movimientos de un enemigo temido, sino también muchas veces para poder pulsar con exactitud el peligro que amenaza y adaptar a él la magnitud de la defensa. ¿No hay peligro de que el turco ataque? Pues se desmoviliza a prisa y corriendo todo lo desmovilizable y se dejan sin efecto los pedidos y preparativos pendientes.