El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

¿A qué conclusiones podemos llegar?

capturan dos barcos, uno francés y el otro holandés.[260] Y lo que es más, cruzan el estrecho de Gibraltar y saquean Madera en 1617, e Islandia en 1627;

tocan Inglaterra (como ya dijimos antes) en 1631,[261] y se convierten

(particularmente de 1639 a 1640) en piratas del Atlántico.[262] El corso musulmán se ha desposado con la piratería atlántica. Y según nos informan ciertas fuentes, es nada menos que Simón Danser, alias Simón Rais, quien enseña a los marinos argelinos, quizá ya desde 1601, a escurrirse al otro lado

del difícil estrecho de Gibraltar.[263]

 

¿A qué conclusiones podemos llegar? [II-312]

 

Este expediente del corso argelino, bastante incompleto, no puede llevar a conclusiones evidentes por sí mismas. Por mi parte, me inclino a inscribir esta actividad argelina en la cuenta de la situación económica general del Mediterráneo, muy lejos todavía de ser catastrófica. El libro iluminador que Godefrey Fisher ha escrito sobre los corsarios no contradice mi punto de vista, sino todo lo contrario. Pero complica el problema, y no sin justificación. Fisher considera que se ha exagerado demasiado el papel nocivo y hasta malvado que, respecto a Occidente, ha representado el corso musulmán en general y la actividad argelina en particular. En realidad, los adversarios de la cristiandad se han comportado con tan buena fe como lo pudieron hacer sus defensores y servidores. No hay juez imparcial capaz de negar esto. Pero la historia tiene la costumbre de no aceptar jueces imparciales. Otro punto digno de consideración, siempre según mi colega inglés, es que la actividad corsaria mediterránea ha sido sobreestimada. Hemos escuchado demasiadas quejas y razonamientos de los ribereños del mar cristiano, y eso ha llevado a los historiadores a sacar conclusiones que me parecen precipitadas.

El corso no fue un azote de Dios que se abatió sobre las prosperidades del mar. En apoyo de sus conclusiones, Fisher considera importante revisar las cifras de que disponemos. Y los cien veleros de Argel le parecen demasiados veleros. Ignoramos, en realidad, la cifra exacta, y más aún, las variaciones que experimenta con los años. Pero no hay duda que estos veleros eran de pequeño tonelaje y que sacrificaban bocas de fuego en beneficio de la

velocidad.[264] No pasan de ser, muchas veces, más que simples merodeadores, ladrones de unos cuantos barriles de pescado de Terranova o de cualquier otro lugar. Cuando aparecen en la costa inglesa, en 1631, llaman la atención más por ser una novelty (novedad) que por el peligro real que

representan.[265] Las heridas que aquí puedan infligir no pasarán de ser, lo mismo que en otras partes, diminutos alfilerazos.

¿Podemos aceptar esta interpretación? Sí y no. Sí, porque, en el pasado, habíamos resuelto este problema muy precipitadamente y de forma unilateral; sí, porque Argel fue un fenómeno mundial, internacional, y no simplemente islámico o norafricano. No, porque otros testimonios, diversos de los que[II-313] emplea Fisher, nos hacen ver la perspectiva desde otros ángulos. Trabajos

concienzudos, como el de Alberto Tenenti,[266] nos remiten, de nuevo, a la vieja imagen de un corso múltiple, asestando serios golpes. El estudio que nos ofrece de los barcos que entran o salen de Venecia entre 1592 y 1609 no puede valer a escala del Mediterráneo por la simple razón de que no lo cubre. Pero, puesto que Venecia goza del desagradable privilegio de ser el blanco de todos los corsos, el test trasciende lo estrictamente local. Respecto a esos 250 o 350 navíos capturados durante este breve espacio de tiempo y localizables sobre un mapa, conocemos en 90 casos, con relativa precisión, la identidad del agresor. A los corsarios musulmanes les corresponden 44 capturas; a los nórdicos (ingleses y holandeses), 24, y a los españoles, 22. Podemos decir, pues, que, en líneas generales, hay equilibrio entre número de golpes musulmanes y cristianos. Añádanse 360 naufragios a estas 250 o 300

capturas: los hombres resultan casi tan nocivos como los elementos…[267] Si aceptamos por un instante, aun sin creerlo, que el tráfico comercial veneciano constituye aproximadamente la décima parte del que se mueve por el Mediterráneo, habrá que anotar en ese periodo que va de 1598 a 1609 unas 2 500 o 3 000 capturas a cuenta del corso, es decir, una media de 138 a 166 capturas anuales (sin incluir los hombres, las mercancías y los bienes saqueados en las orillas). Cifras modestas. Ev"os, sin embargo, fiarnos

demasiado de la modicidad de estas cifras inciertas.[268] Desconfiemos también de la pretendida modestia del equipo de las naves de la flota corsaria, pues, en realidad, se encuentra capacitada para anular toda resistencia que se les pueda presentar en un mar donde abundan especialmente los barcos pequeños y en el que está muy mal organizado el servicio de policía. Además, el cañón no es elemento sustantivo del corso: en mucho mayor grado lo son el abordaje, el arma blanca y el arcabuz. Si juzgásemos las barcas de los uscoques por su armamento, nunca podríamos imaginarnos lo peligrosas que podían llegar a ser. ¡Y vaya si lo fueron!