El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
El istmo alemán: vista de conjunto
Por istmo alemán entendemos toda la Europa Central en sentido amplio, de Francia, al oeste; hasta Hungría y Polonia, al este; del mar del Norte y del Báltico, al norte; el Adriático y el Tirreno, al sur. Nos encontramos, en total, con un notable conjunto de países, intercambios y rutas comerciales, como muy bien nos muestra en sus líneas generales el mapa tomado de F. von
Rauers[151] [152] que aquí reproducimos.
Podemos limitar este espacio por medio de dos líneas: una que va de Génova (de Marsella, si queremos ser precisos) a Londres y otra de Venecia a Danzig; líneas, evidentemente, algo arbitrarias, pero que nos consienten una imagen general. Este vasto bloque de Europa Central está limitado, tanto al norte como al sur, por sus costas: mar del Norte, Báltico y Mediterráneo. O, más exactamente, se prolonga por estos espacios marítimos esenciales. No hay duda de que podemos prolongarlo más allá de los mares septentrionales hasta incluir Suecia (tanteada con curiosidad por el comercio veneciano a
finales del siglo [153] XVI y comienzos del XVII ), Noruega y, sobre todo, Inglaterra, que, aunque empeñada en la gran aventura atlántica, siguió firmemente amarrada a Europa. Una de las actividades más importantes del comercio inglés era la de los paños, que se exportaban, según fuesen las
circunstancias, por la ruta de Emden[154] [155] , Hamburgo, Bremen, o la de
Amberes[156] (y por Ruán, en algunas ocasiones). Así Inglaterra —y el comercio de sus paños no es sino el más perfecto de los ejemplos— se asocia al continente vecino, y en particular, a esa zona de la que ahora estamos tratando. Zona activa, eso es evidente; quizá el modelo más acabado de una economía basada en los transportes por tierra, el equivalente de lo que han debido ser las ferias de Champaña en los siglos XII y XIII —formas tempranas, potencialmente explosivas, de la relación entre sur y norte—.
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FIGURA 15. Las rutas del istmo alemán. Este mapa, tomado de F. Von Rauers y reproducido aquí a escala mucho menor, nos permite ver claramente la densidad de la red de carreteras de la Alemania del siglo XV y de las grandes vías transalpinas. Aunque las carreteras que vemos al oeste, en Francia, no son tantas, se debe a que están reducidas a sus líneas esenciales, pero en realidad formaban una retícula tan espesa como la alemana. Los puntos negros representan ciudades de transportistas y carreros: resultan evidentes a lo largo de las rutas de los Alpes, y subrayan la importancia de las carreteras principales. También resalta en este mapa la conexión Praga-Linz, de la que no hablamos en el texto, pero sobre la que contamos ahora con una excelente documentación aportada por el artículo de Josef Janacek, «Die Handelsbeziehungen zwischen Prag und Linz im 16. Jahr.», en Historisches Jahrbuch der Stadt Linz, 1960.
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FIGURA 16. La barrera de los Alpes. Este mapa, deliberadamente esquemático, muestra la angostura de los espacios de Italia del norte comparados con las tierras allende los Alpes. Esta Italia del norte está cerrada por montañas al oeste, al norte y al este (los Alpes Dináricos). Las grandes rutas alpinas (Mont-Cenis, Simplon, San Gotardo, Brennero, Col de Tarvis y otros pocos más) rompen esta barrera. El mapa indica el curso de los grandes ríos solo a partir de aquellos puntos en que comienzan a resultar navegables en gran escala.