El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
Los navíos flamencos
tenía razón[85]. Otra nave de Dieppe, más afortunada, arribó a Liorna el 4 de enero de 1574: Le Coq, capitaneada por Le Prieur, con cargamento de plomo, barricas de arenques, cueros, estaño, algunas cariseas y, como una evocación
de las glorias navales de Dieppe, 20 [86] 880 troncos de palo del Brasil; o la nave Saint-Paul, capitaneada por Gérard, que llegó a Liorna el 22 de febrero de 1578, llevando consignadas a varios mercaderes de Luca barricas de arenques, guisantes, salmón, lino, cáñamo, tejidos y, una vez más, palo del Brasil (4700 troncos). Pero se trata de viajes tardíos, excepcionales. No podrán resistir la segunda invasión inglesa, que como es natural no podremos comprender adecuadamente sino después de haber considerado cómo fue la
primera e impresionante entrada de los ingleses en el Mediterráneo[87].
Los navíos flamencos
Bastarán unas pocas palabras para tratar la cuestión de los navíos flamencos —que, por cierto, nueve de cada 10 veces son holandeses— que llegan en gran número al Mediterráneo en las armadas enviadas por Carlos V contra Túnez (1535) y contra Argel (1541). En 1535 se menciona en Barcelona uno de sus navíos. Se hacen raros a partir de 1550. En junio de 1560 se vende a Venecia una urca, la Santa Pietà, que se encuentra en su
puerto: no puede haber venido sola[88]. En junio de 1566 una nave flamenca
(¿u holandesa?) llegó a Cartagena con cien piezas de artillería[89]. En 1571 una nave holandesa —por lo menos el capitán, Joan Giles, era «natural de Holanda»— zarpó de Amberes para Cádiz y Liorna, llevando a bordo mercancías y negociantes italianos (la mayor parte, si no todos, florentinos); de su propia voluntad, el capitán se dirigió a La Rochela y, robándose en
definitiva a sí mismo, vendió su cargamento[90].
Los primeros veleros ingleses
Siguiendo a Richard Hakluyt, siempre se ha dado la fecha de 1511 como la de la entrada de los primeros ingleses en el Mediterráneo. De hecho, ese año ve el comienzo de una sucesión de viajes prósperos a Levante, pero antes ha habido una etapa de aprendizaje larga y no siempre brillante. El navío
inglés citado por dos documentos notariales[91] (30 de agosto y 6-7 de octubre de 1412) no tiene que significar necesariamente el inicio de una aventura que va a durar unos cuantos siglos, y lo mismo cabe decir de las dos empresas de
Robert Sturmy[92], mercader de Bristol, en 1446 la primera, y en 1456 —hay un intervalo de diez años— la segunda. En la primera ocasión, la Cog Ann, fletada por él, conduce, además de un cargamento de lana, paños y objetos de estaño, 160 peregrinos que van a Tierra Santa. Llegada la nave a Jaffa, desembarcan allí los peregrinos, quienes piensan hacer el viaje de vuelta por tierra o bien en otra nave. El 23 de diciembre, la Cog Ann, sorprendida por una tempestad, naufraga al largo de Modon y su tripulación de 37 hombres desaparece con ella. Diez años más tarde, Robert Sturmy, en persona, parte hacia Levante a bordo de la Katharine Sturmy. Su viaje iba a durar más de un año. En 1457, después de haberse detenido en «diferentes partes de Levante» (no tenemos detalles más concretos), se procura, por lo que parece, some green pepper and other spices to have set and sown in England (as the fame want). Pero la expedición termina trágicamente, esta vez no a causa de la
tempestad, sino como resultado de la envidia de los genoveses[93]. Estos esperan al inglés a la altura de Malta y asaltan su nave. El propio Sturmy desaparece durante la refriega.
En 1461, los ingleses, en común con los franceses y los alemanes, abren
un consulado en Nápoles[94]; y ese mismo año inauguran otro, esta vez por
cuenta propia, en Marsella[95]. Veinte años más tarde los encontramos instalando en Pisa el que va a ser un consulado esencial, prueba indudable de que tratan, usando Pisa, Florencia y la Toscana en general como bases, de presentar batalla al doble monopolio ejercido en Levante por Génova y Venecia. Es de notar que también Robert Sturmy había utilizado la escala de
Pisa en su viaje de 1446[96].
Con todo, los progresos ingleses fueron lentos; y, sin duda, tuvieron que ponerse al servicio de otros Estados, lo mismo que hubieron de hacer todos los recién llegados: las preciosas anotaciones de los Caratorum Maris de
Génova así parecen indicarlo[97]. Pero nos faltan pruebas suficientes para poder documentar la lenta progresión, los múltiples servicios prestados a lo largo de los dilatados recorridos transportando mercancías ponderosas y baratas. Es posible que los ingleses hayan tenido acceso más rápidamente y con menos gastos que los otros recién llegados al Levante y sus especias, y a Candía y sus preciados vinos. Pero todo esto no se logró de la noche a la mañana; en Barcelona, por ejemplo, no harán acto de presencia hasta