El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

1597-1600: sin novedad en el frente

[229]»

En realidad, Juan Andrea Doria se contenta con lanzar algunas bandas de galeras sobre Levante para distraer al enemigo. Después, tranquilamente, pacíficamente, espera en Mesina el curso de los acontecimientos. El 13 de

agosto[230] anuncia a Felipe II que, “si no era necesario dar cara al enemigo”, emprenderá con toda su flota el camino de España, como lo hizo, aunque con

alguna demora, en septiembre.[231] El mismo mes llegaban a Navarino las galeras turcas. En mal estado, como había afirmado el papa. No pasaron, por

lo demás, de esta escala,[232] para dar la vuelta en seguida, a los primeros

embates del mal tiempo.[233]

 

1597-1600: sin novedad en el frente

 

La cristiandad vuelve a sentir algunos sobresaltos a comienzos del año

1597, ante el anuncio de la próxima salida de 35 a 40 galeras turcas.[234] Por una vez, la amenaza se confirma casi al pie de la letra, pero tal vez por pura casualidad, ya que otros informes —los optimistas— anunciaban que no

habría tal flota.[235] A comienzos de agosto sabíase en Venecia que ya una flota había zarpado de Constantinopla, flota reducida, destinada a maniobrar contra las galeras de Malta, cuyas incursiones en las aguas de Oriente “han

despertado al dormido”, escribe el embajador español en Venecia.[236] No cabe duda de que los españoles, en esta época, preferirían que el turco siguiese durmiendo. Aunque poco numerosa, esta flota podía tener gran movilidad y eficacia, a la manera de una flotilla de corsarios, y causar tanto o más daño que una verdadera armada. Pronto se supo que estaba formada por 30 galeras y cuatro galeones, a las órdenes de Mami Pachá, y que había zarpado de Constantinopla el 2 de julio. Su fin: luchar contra los corsarios ponentinos, pero también, si la ocasión se presentaba, piratear por su cuenta.[II-779] De este modo, la guerra entre grandes Estados degenera en simple piratería. Íñigo de Mendoza comienza a inquietarse y se pregunta si no será la inercia

española, su espíritu de no resistencia, lo que empuja al turco a armarse.[237]

No obstante, la flota de Mami Pachá, a juzgar por los hechos, no podía compararse con las verdaderas flotas de los corsarios argelinos, ni había sido convenientemente armada, a su partida. El caso es que, pese a sus intenciones iniciales, se volvió rápidamente a su base, no sin haberse visto en grandes