El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
II. Equilibrios y crisis en el comercio del grano mediterráneo
Tengo la impresión de que la fecha exacta resultaría evidente el día que pudiésemos saber con precisión cuándo la escasez crónica de numerario en el Mediterráneo de comienzos del siglo XVI ha dado paso a la relativa
abundancia que existe durante su segunda mitad[181] (y en algunas ocasiones, por ejemplo en 1583-1584, se produce tal abundancia que no se sabe dónde invertir el dinero). Yo creo que si miramos —pongo por ejemplo— la perspectiva desde el punto de vista veneciano, se puede fijar el momento de la
transición entre 1545 y 1560: el 9 de junio de 1545[182] los obreros de la Zecca están en paro forzoso porque llegan muy poco oro y plata a la ciudad. Para remediar su grandissima povertá y darles trabajo, se hace acuñar mil
ducados en monedas muy pequeñas. En 1551[183] se ofrecen ciertas ventajas a aquellos que lleven oro a la Zecca: no tendrán que pagar el acostumbrado
3.5 [184] % de derechos de acuñación. En 1554 los que querían cechini per
navegar [185] son tan numerosos que se restablece el derecho de 3 %. En 1561
hay tanta plata (no oro) almacenada en la Zecca que es imposible acuñarla en la forma de las pequeñas monedas al uso porque ello habría requerido más de un año de trabajo. Entonces se decide hacer lo que nunca se había hecho: acuñar monedas de plata de gran tamaño, ducati d’argento. Finalmente, en 1566, cualquier persona que desee acuñar oro en la Zecca ¡se ve obligada a
someterse a toda una serie de condiciones![186] En resumen, sería preciso localizar el momento en que la plata americana, que, por ejemplo, afluye
masivamente en Amberes a partir de 1550[187], llega a la zona del Mediterráneo italiano en suficiente cantidad como para restablecer el tráfico con Levante. Las coincidencias tienen su valor: la crisis de los años de la década iniciada en 1580 por la que pasa Levante, corresponde, a mi entender, a una fluctuación a corto término de la coyuntura económica general, con una clara recesión en todo el Mediterráneo en el momento que la plata española bascula hacia el Atlántico, coincidiendo con la anexión de Portugal y la gran crisis de cereales que sufre entonces la Península.
II. EQUILIBRIOS Y CRISIS EN EL COMERCIO DEL
GRANO MEDITERRÁNEO
El Mediterráneo no ha vivido jamás bajo el signo de la superabundancia de granos: su escasez y la constante búsqueda del modo de remediarla le han obligado a desarrollar ciertas habilidades. Estudiar los problemas del trigo, por ejemplo, equivale a fijarse en una de las debilidades permanentes de la vida del Mediterráneo y, al mismo tiempo, a abarcar esa vida en todo su espesor. La pimienta y las especias dieron vida e impulso a un comercio de lujo, y al pensar en él acuden a nuestra mente los nombres de los grandes mercaderes del siglo XVI: los Affaitati, los Ximenes, los Malvenda, los Welser y los Fugger. El trigo, por su parte, no está rodeado de un nimbo tan brillante, pero fue objeto de un inmenso comercio: junto con algunos grandes intercambios, alimentaba toda una circulación de arterias y de arteriolas secundarias, que sería un error no tomar en cuenta.